En río revuelto

HAITÍ. Como si no tuviera suficiente con su turbulento presente, los fantasmas de su sangriento pasado atormentan a Haití, cuando sorpre...

HAITÍ. Como si no tuviera suficiente con su turbulento presente, los fantasmas de su sangriento pasado atormentan a Haití, cuando sorpresivamente regresó Jean-Claude Duvalier, mejor conocido como ‘Baby Doc’. Envejecido y canoso, el otrora joven y regordete dictador pisó 25 años después el mismo aeropuerto por el que había huido en medio de una revuelta popular que acabó con el nefasto régimen que los Duvalier, padre e hijo, instalaron durante tres décadas a sangre y fuego.

Su llegada no podía ser más inoportuna. Cuando se supo que las autoridades le permitieron entrar con un pasaporte vencido e incluso lo escoltaron a su hotel, las organizaciones de derechos humanos no tardaron en poner el grito en el cielo y urgir que lo juzguen.

‘El regreso de Duvalier debe ser con un único propósito: enfrentar a la justicia’, dijo José Miguel Vivanco, el director para el continente americano de Human Rights Watch. A fin de cuentas, el saldo de la ‘dinastía’ Duvalier es, en los cálculos más conservadores, de unos 40.000 muertos, muchos a manos de la temida milicia de los Tonton Macoutes. Aunque permanece en libertad, tendrá que enfrentar varios cargos relacionados con corrupción.

La ex vocera de la ONU Michelle Montas y otros tres haitianos lo hayan demandado por torturas y delitos relacionados.

Como resumió a SEMANA la historiadora Elizabeth Abbot, autora de Haiti: The Duvaliers and Their Legacy, padre e hijo dejaron ‘un sistema en el cual los opositores eran sistemáticamente torturados, encarcelados, asesinados o forzados al exilio; el Estado era corrupto y dirigido para el beneficio de la familia, sus compinches y seguidores; la estructura paramilitar de los Tonton Macoutes fue institucionalizada; se degradó el medio ambiente y no se hizo ningún esfuerzo para mejorar el nivel de vida de la población.

SIN DEMOCRACIA

La saga comenzó cuando el médico François Duvalier, ‘Papa Doc’, fue elegido presidente en 1957. Se convirtió en un dictador adicto al trabajo, que supervisaba cada pequeño detalle. Como desconfiaba del Ejército, creó otros cuerpos más leales, y los Tonton Macoutes, que solo le rendían cuentas a él, se convirtieron en la columna vertebral de ese reino que poco a poco se fue adentrando en el terror. El nombre de esos paramilitares es el equivalente del ‘Coco’, un hombre que se roba a los niños que se portan mal. Se trataba en su mayoría de fanáticos iletrados que se distinguían por sus sombreros de paja y camisas de jean. Luckner Cambronne, una de las cabezas de los Tonton Macoutes durante los sesenta, dijo en su momento que ‘un buen duvalierista está preparado para matar a sus hijos y espera que sus hijos maten a sus padres por Duvalier’. Algunos miembros eran líderes vudú y se tejieron todo tipo de leyendas alrededor de esos paramilitares, al punto que algunos los creían un ejército de zombis que había regresado de la muerte. La represión llegó a tal extremo que algunos despachos se refieren a la prisión de Fort Dimanche, donde murieron miles de opositores, como el Auschwitz haitiano. Duvalier, sin embargo, se vio beneficiado por la lógica de la Guerra Fría, pues Washington, temeroso por la influencia comunista de Cuba en el vecindario, prefería obviar sus abusos. Papa Doc se proclamó presidente vitalicio en 1964 y, en efecto, ejerció el poder absoluto hasta el día de su muerte, en 1971, cuando heredó la Presidencia a Baby Doc. A los 19 años, Jean-Claude Duvalier se convirtió en el jefe de Estado más joven de su época y promocionó su régimen como ‘duvalierismo revisado, corregido y ampliado’. Al heredero le gustaban la vida de playboy y los carros y motos de lujo. Durante su gobierno pavimentó carreteras y la economía tuvo una oleada de inversión que se tradujo en fábricas de ropa y de artefactos electrónicos.

En 1980 se casó con una mujer mestiza de clase alta, Michelle Bennet Pasquet, lo que algunos consideraron una traición a la masa negra, que era la base popular de su padre. La descomunal fiesta costó tres millones de dólares y fue en su momento la boda más cara del mundo, según el Guinness Records.

Pero Jean-Claude no logró cumplir su ‘mandato’ vitalicio. Cuando las fuerzas del régimen ya no pudieron contener el descontento, se vio obligado a huir del país en 1986, tras dos meses de revueltas y 15 años en el poder. Los haitianos bailaron en las calles. No sabían que les esperaban décadas de caos, inestabilidad política y desastres naturales, coronados el año pasado por el devastador terremoto de enero, una epidemia de cólera que lleva 4.000 muertos y unas elecciones fallidas.

‘Papá Doc era infinitamente brutal y salvajemente destructivo. Tenía enemigos, con ’e’ mayúscula. Baby Doc era más tonto y un objetivo menos perseguido, pero seguía siendo un peligroso enemigo con instintos de asesino’, dijo a SEMANA Amy Wilentz, autora de The Rainy Season: Haiti sinceDuvalier.

Baby Doc disfrutó un exilio dorado en la Riviera francesa, manejaba un Ferrari y compraba en tiendas de diseñadores. Pero después de años de derroche desenfrenado, el dinero se agotó tras un costoso divorcio. Aunque muchos despachos hablaban de un Duvalier arruinado, nunca se le conoció trabajo alguno. En 1997 rompió años de silencio al grabar un mensaje para el pueblo haitiano en el que se disculpó por los errores de su régimen. Desde su regreso no ha dado mayores declaraciones. A duras penas ha dicho que llegó para ‘ayudar, pero sus asesores y abogados han manifestado que aspira a volver al poder, precisamente cuando reina la incertidumbre. La segunda vuelta presidencial, programada para el 16 de enero, ha sido postergada indefinidamente, pues aún no es claro quiénes la disputarán. © Publicaciones Semana

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