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- 06/10/2015 19:33
Aun cuando América Latina se encuentra mirando hacia el norte para tomar como referente a un centro neurálgico de la innovación e industria tecnológica como Silicon Valley, lo hace porque todo es un símbolo.
Silicon Valley es una manera de hacer las cosas, con un modelo particular y único de generar oportunidades de negocios. Esta región se encuentra llena de cultura californiana, que se diferencia por tomar riesgos, enfrentar el fracaso y aprender de sus errores.
Sin embargo, no se debe mirar solamente hacia Norteamérica, sino también se le debe dar un vistazo a otros ejemplos, como Corea del Sur, que a lo largo de 50 años pasó de ser un país de bajos recursos a convertirse en un desarrollo económico extraordinario, con el progreso de la tecnología. En efecto Corea ha alcanzado grandes logros, sin grandes recursos naturales e invirtiendo en capital humano.
Otro ejemplo que podemos mencionar es Israel, que ha tomado elementos positivos de Silicon Valley, sin embargo, poco a poco ha ido triunfando gracias a generación de un ecosistema de innovación, que este país condicionalmente pequeño enfrente retos globales con compañías globales.
Según un estudio realizado por Booz & Company el 20 % de las empresas globales refuerzan en si una estrategia de negocios con una estrategia de innovación.
¿Puede América Latina aprender de estos ejemplos?
Hasta el presente de hoy no hay una barita mágica, para poder mencionar a algunos elementos clave de los modelos extranjeros que la región deba adoptar. Invertir en educación e igualmente invertir en capital humano son una de las principales claves del éxito.
Mientras tanto, Silicon Valley, Israel y Corea han hecho muy bien; es decir, han generado un entorno amigable tanto en inversión como en emprendimiento.
Por tal efecto los mecanismos legales deben aceitarse para que puedan formar empresas de forma ágil. Se sugiere además que se permita financiar las start-ups y el desarrollo de las pymes.
Resulta asimismo interesante, que Silicon Valley sea un modelo abierto y colaborativo, el cual funciona como un sistema de diferentes agentes que se entrecruzan (expertos, técnicos, inversiones, aceleradores de inversión y creativos).
En un documento que publicó Harvard Businness School en el año 2014, hace énfasis que la inversión de capital de riesgo en la ALC ha incrementado en 574% en comparación con el 2010 que alcanzaba US$63 millones, pasando a US$425 millones en 2013.
No obstante, no se debe olvidar el factor cultural: ¿a qué se debe tanta inversión e ingenio, caso de, Israel? Se dice que se debe porque es una cultura de innovación. Donde el pueblo ha sido responsable de estar alerta y ha estado afrontando situaciones complejas y sin duda esto lo fuerza a buscar soluciones.
Llama la atención que Silicon Valley ha triunfando por su cultura californiana de hacerle frente a riesgos y al error, mientras que Israel por su cultura de constante cambio; en América Latina y el Caribe se debe generar una cultura emprendedora, ya que la inversión solo sirve cuando tiene una cultura que se sustenta.
Por último, se ha hablado de educación, apoyo a la inversión, generar un ecosistema favorable para el emprendedurismo, y de la importancia de la propiedad intelectual y los factores culturales. Nos queda, entonces, dar un salto y pensar en los modos concretos en que la región puede adoptar paulatinamente estas características.