El día en que en media India todo fue oscuridad

INDIA. Desperté y vi el abanico inmóvil. Recordaba vagamente el momento de la madrugada en que se apagó. Había pasado las últimas semana...

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INDIA. Desperté y vi el abanico inmóvil. Recordaba vagamente el momento de la madrugada en que se apagó. Había pasado las últimas semanas recorriendo las inmensas llanuras gangéticas, desde Calcuta hasta Delhi, maldiciendo su sofocante calor y ahogándome en sus olores. Sobreviviendo en un ambiente que Rudyard Kipling describió como ‘una casa de tormentos’, capaz de poner ‘el corazón del hombre más vigoroso a la altura de sus pies’.

Para cuando Kipling escribió sobre los tormentos del verano indio, sus compatriotas llevaban más de 25 años usando la ciudad de Shimla —en las faldas del Himalaya— como la capital de verano del Raj. Aunque por motivos distintos, terminé haciendo ese mismo recorrido, de Bengala a los Himalayas. Sin embargo, mi capital de verano no fue Shimla, sino McLeod Ganj, un pueblito del mismo estado (Himachal Pradesh), pero más barato y con la peculiaridad de ser la sede del gobierno tibetano en exilio. O sea, el lugar donde vive el Dalai Lama. Allí me encontraba el 30 de julio.

En mis diez semanas recorriendo el país había experimentado cortes de luz constantes en todos los lugares que había visitado, de Ahmedabad a Calcuta y de Madurai a McLeod Ganj. Cuando me dijeron que todo el norte de la India estaba sin luz, sonreí mientras me llevaba la taza de café a los labios en el desayuno.

APAGONES GEMELOS

El repaso matinal a las redes sociales empezó a darme el contexto de la situación. Más de 300 millones de personas estaban sin luz. Siete horas antes, cuando ocurrió el apagón, varios estados de la red eléctrica del norte —una de las cinco— estaban consumiendo más electricidad de lo permitido por sus respectivos entes reguladores estatales. La red colapsó, y lo peor estaba por venir.

Esa misma tarde, el 90% del servicio eléctrico había sido restablecido. Sin embargo, el abuso siguió. Veinticuatro horas después del restablecimiento energético, nueve estados norteños seguían violando sus cuotas energéticas en un promedio de 28%. En una decisión desafortunada y puramente política, los oficiales del ministerio de energía autorizaron la toma de electricidad de otras dos redes, la oriental y la nororiental. Y como la ciencia no entiende de política, alrededor de las 2:30 p.m. del 31 de julio las tres redes colapsaron, dejando a 20 estados sin electricidad. Las proporciones son casi inimaginables: unos 3,000 kilómetros de este a oeste, y 1,750 de norte a sur afectados. Casi 700 millones de personas, o una décima parte de la humanidad.

Los porqués de los apagones son varios. El más inmediato ya es conocido: la violación descarada de los límites de las SEBs por los gobiernos de varios estados del norte. Pero hay más.

Entre los principales motivos del abuso eléctrico está el monzón, que este año ha sido decepcionante. La calidad del monzón es fundamental por dos motivos. Primero, la agricultura depende directamente de lluvias. Menos lluvia significa más campesinos sacando más agua de las reservas. Segundo, y más importante, el sector energético en sí es el mayor consumidor de agua del país. La mayor parte de la electricidad es producida por plantas de carbón que consumen una cantidad enorme de agua. Menos monzón es menos agua para los cultivos, las represas y las plantas generadoras.

Por sí sólos, esos factores no explican el porqué de la escandalosa indisciplina de los estados norteños. La clave en este sentido reside en factores políticos: muchos están gobernados por partidos de oposición, que a su vez han llegado al poder prometiendo electricidad barata o gratis a los campesinos. En una situación de sequía como la actual, prefieren violar las regulaciones antes que comprar electricidad y responsabilizarse por una suba de precios.

REACCIÓN POLÍTICA

Desde la capital, la primera reacción fue acusar a los estados. Pero estos presentaron sus propias quejas, se lavaron las manos y le pasaron la papa caliente al de al lado. Y en el colmo del ridículo, con 20 de sus 28 estados sin electricidad, el ministro de energía Sushil Kumar Shinde fue ascendido al cargo de ministro del Interior. En su despedida, Shinde sacó pecho por la restauración del servicio luego del primer apagón y, faltaría más, valoró su gestión como ‘excelente’. El nuevo ministro, Veerappa Moily, nombró un comité para investigar a fondo los incidentes. El informe con los resultados se entregará el próximo miércoles 15.

Las conclusiones han sido prácticamente unánimes. El motivo fundamental de los apagones, y de la preocupante situación energética, ha sido la actitud de la clase política india. Por diversos motivos, la élite lleva dos décadas esquivando los dilemas energéticos del país, incapaces de combatir los intereses creados o tomar decisiones difíciles.

HOY POR HOY

Quizá lo peor de todo ha sido la cruel exposición al mundo de las vergüenzas infraestructurales, y el balde de agua fría para las proyecciones socioeconómicas.

En los últimos diez años, la India ha doblado su consumo de carbón, y aumentado su consumo de petróleo y gas natural en 52 y 131%, respectivamente, posicionándose cuarta en el ránking de mayores consumidores energéticos del mundo. Y no sólo la industria ha contribuido al aumento. La creciente clase media vive cada vez mejor, y utiliza toda clase de electrodomésticos que simplemente no existían hace 30 años. Oficialmente, se estima que la diferencia entre demanda y oferta de electricidad es de un 10%.

Lo realmente grave es el estado de la infraestructura. A pesar de haber invertido $130,000 millones en los últimos cinco años, la cadena entera de suministro está podrida. Más del 66% de la electricidad del país proviene del carbón, cuya producción está monopolizada por la empresa estatal Coal India. Sin embargo, ha sido incapaz de expandir la minería y de satisfacer la demanda, y las compañías generadoras tuvieron que importar carbón.

El sistema nacional de transmisión está en ruinas, y de acuerdo a un estudio necesita unos 110,000 millones de dólares en inversión. Luego están las compañías locales que distribuyen a hogares y negocios, en completa bancarrota. En palabras de un oficial del banco Credit Suisse, hay un sistema que tiene ‘unos 40 o 50 años de abandono’, con un 38% de pérdidas entre ineficiencias del sistema y el robo de electricidad. Pérdidas que, según la Comisión Planificadora, reducen el crecimiento de la economía en un 1.5%.

EN LA EDAD DE PIEDRA

Increíblemente, la India tiene uno de los promedios de consumo per cápita más bajos del mundo, con 734 kWh por persona al año (la media mundial es 2,429). Esto se debe a que hasta un tercio de la población del país no está conectado a la red eléctrica.

Mientras los periódicos y analistas del mundo chillaban porque el 10% de la humanidad se había quedado sin electricidad, nadie parecía reparar en que la mitad de los ‘afectados’, o el 5% de la humanidad, ni siquiera tiene suministro eléctrico. Y la conclusión más trágica es que el apagón sólo se convirtió en un evento mundial cuando afectó a los ricos, sobre todo en Delhi.

Naturalmente, entonces, el mejoramiento de la situación social traerá un agravamiento de la situación energética. Se espera que la demanda se duplique en los próximos diez años. El dramático proceso de urbanización que vive el país obligará al gobierno a invertir $1.2 millones de millones sólo para mantener la infraestructura urbana.

A pesar de esto, la situación no es imposible. Otros países, como China, Brasil o Sudáfrica lograron elevar sus niveles de electrificación en 2009. Se calcula que India tendría que aumentar su capacidad en un 15% para dar un servicio básico a todos los que aún no lo tiene.

¿Podrá la India estar a la altura del desafío? La respuesta no es alentadora. El sistema eléctrico indio no ha cumplido ni una sola de sus metas de aumento de capacidad desde 1951.

ENCONTRAR SOLUCIONES

Con el apagón ha llegado un aluvión de análisis y propuestas. Para empezar, se deben tomar medidas contra el abuso del estado. Luego la capacidad generadora del país. Muchos analistas coinciden en que es necesario abrir la generación, transmisión y distribución a la libre competencia, que traería consigo una muy necesitada eficiencia. Y acabar con el uso de la electricidad como arma electoral.

La India necesita empezar a implementar soluciones basadas en energías renovables. Y capitalizar el potencial de la energía solar.

El gran apagón indio ha afectado directa o indirectamente a casi todo el planeta. Aquí, el golpe más duro ha sido a la autoestima de quienes confiaban en ver al país convertido en superpotencia.

Hubo un detalle que pocos tuvieron en cuenta. El periodista Raja Murthy dio en el clavo en el Asia Times Online: ‘el apagón es otra advertencia de que países como India o China no pueden simplemente seguir los absurdos patrones de consumismo que han arruinado a algunas economías occidentales. La presión incesante para que la India ‘liberalice’ sectores críticos de su economía empujará a las economías en desarrollo a una situación en la que el planeta Tierra necesitará de dos planetas Tierras más para sostenerse’.

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