Gaza y Ucrania, puntos clave de la política internacional en 2024

  • 02/01/2024 00:00
Dos focos de conflicto que están cruzados por intereses geopolíticos y que tendrán impacto en las próximas elecciones en los Estados Unidos

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Si algo dejó claro el 2023 es que avanzamos hacía un mundo más violento y con menos mecanismo de maniobra de los organismos internacionales, para la solución de conflictos armados. Desde Palestina a Ucrania, pasando por el Cáucaso, hasta la península arábiga, distintas regiones de África y el sudeste de Asia tienen zonas de guerra.

El mundo registra a la fecha el mayor número de conflictos activos desde la Segunda Guerra Mundial, de acuerdo a un análisis publicado por el Barcelona Centre for International Affairs (Cidob). En este ahonda en la relación entre las guerras en curso y los procesos electorales que tendrán lugar en 2024. Al menos unos 70 países irán elecciones, incluyendo Estados Unidos, este último con una enorme intereses en los teatros de guerra y que podría ser determinante en puntos “calientes” del globo como la crisis en Palestina y Ucrania.

En el caso Ucrania el conflicto permanece estancado en lo militar tras la anunciada ofensiva de Kiev que terminó siendo un fiasco y puso en cuestión la estrategia de la Organización del Atlántico Norte (Otan) bajo el liderazgo estadounidenses, y en la que los países europeos han terminado como furgón de cola de la política exterior de Washington.

De allí que las elecciones norteamericanas son una pieza clave en el posible devenir de la guerra, en caso de que el próximo 5 de noviembre el presidente Donald Trump regrese a la Casa Blanca y le dé un giro a la estrategia de la Otan que profundicen las grietas en la unidad transatlántica.

Desde el Kremlin, donde también fracasó la apuesta inicial de liquidar al gobierno ucraniano en los primeros meses de la contienda, han logrado mantener el estatus quo –con avances mínimos en el terreno- pero éxitos importantes en sortear las sanciones occidentales que pretendían “quebrar” la economía rusa. Por el contrario, Moscú ha fortalecido sus lazos con China y otros países de la periferia global, lo que le permite mantener un conflicto a largo plazo sin que por ahora esté a la vista un escenario similar al desgaste que sufrió la antigua Unión Soviética con la Guerra de Afganistán (1978-1992).

El gran perdedor sin duda es Ucrania, atrapado en una dinámica de Guerra Fría y cuyo gobierno ha sido incapaz de encontrar una salida que no implique estar subordinada a la política exterior de EEUU en medios de denuncias de corrupción en el gobierno de Volodymyr Zelenskyy y dudas de su capacidad de gestionar al ejército. Por el momento, Washington no tendría problemas alargar el conflicto para “desangrar” la economía rusa con más inyección de dinero a Ucrania. Desde la Casa Blanca espera entregar un paquete de 61 mil millones de dólares para la guerra, fondos que siguen hasta ahora bloqueados por los republicanos en el Congreso. Mientras, la población ucraniana sufre lo peor de la guerra dentro del rejuego geopolítico, en medio de denuncias de crímenes cometidos por tropas rusas y ucranianas en el terreno.

La Oficina de Derechos Humanos de las Naciones Unidas registró hasta noviembre al menos unos 9,900 muertos civiles desde que inició la invasión rusa, unas 18 mil personas requieren ayuda humanitaria y más de 6.5 millones han sido desplazados.

Al tiempo que el mundo mira con preocupación el posible incremento de tensiones en Europa Oriental, en el Medio Oriente la situación se ha vuelto insostenible con el recrudecimiento de la crisis Palestina-Israel.

La ocupación de Israel sobre la Franja de Gaza tras los ataques del grupo Hamas el pasado 7 de octubre, donde perdieron la vida 1,400 israelíes y cerca de 240 fueron secuestrados, disparó las alarmas en la zona, desatando una verdadera catástrofe humanitaria.

“La guerra en Gaza ha marcado el final de 2023, con sus más de 17,000 –a inicios de diciembre- víctimas mortales contabilizadas hasta el momento, las advertencias por parte de Naciones Unidas del riesgo de colapso humanitario y de genocidio de la población palestina atrapada en la Franja, así como el pulso entre el primer ministro Benyamín Netanyahu y el secretario general de la Naciones Unidas, António Guterres, para intentar lograr un alto el fuego. En esta crisis continuada del orden liberal y en plena discusión sobre la validez del derecho internacional, Israel ha asestado un golpe profundo a la credibilidad de Naciones Unidas. El Consejo de Seguridad se ha convertido en un instrumento para la parálisis”, reflexiona el Cidob, sobre la incapacidad evidente de la arquitectura internacional actual para encontrar una salida a la crisis y aún peor, de frenar una limpieza étnica contra la población de Gaza como han denunciado organismos de derechos humanos.

Según las autoridades palestinas han fallecido al menos 21,300 personas –cifra actualizada a finales de 2023-, de los cuales por los menos 3,700 son niños. En tanto que organizaciones como Human Right Watch (HRW) han hecho un llamado sobre la devastación de gran parte de la estructura civil en Gaza, incluyendo hospitales, escuelas y centro de refugiados que han sido bombardeados por Tel Aviv; una práctica contraria al derecho internacional.

“Por más de dos meses, Israel ha estado privando a la población de Gaza de alimentos y agua, una política que impulsan o respaldan altos funcionarios israelíes y que refleja la intención de someter a hambruna a la población civil como método de guerra”, subrayó Omar Shakir, director para Israel y Palestina de HRW.

Sobre este conflicto y sus consecuencias, también puede tener impacto en los resultados de las elecciones de los Estados Unidos, al ser este país el principal soporte económico y político de Israel en el mundo. De manera que, el devenir de la catástrofe humanitaria en Gaza también podría incidir en esos comicios, el debate del gasto militar de Washington y su política exterior, que ya resonó más luego de aislamiento de EEUU por su apoyo a Israel. Esto quedó evidenciado en la votación de la Asamblea General de Naciones Unidas del 13 de diciembre, donde abrumadoramente unos 153 Estados miembros votaron a favor de un cese al fuego, mientras solo 10 lo rechazaron – incluidos EEUU e Israel- y hubo 23 abstenciones –entre ellas la de Panamá-.

Tanto con Ucrania como en Palestina también ha sido puesto en entredicho -una vez más- los mecanismos de la justicia internacional. Donde ni las autoridades ucranianas, rusas, israelíes o estadounidenses, han rendido cuentas por delitos de guerra cometidos directa o directamente en las últimas décadas.

A finales de diciembre el fiscal de la Corte Penal Internacional, Karim Khan, hizo una visita formal a Cisjordania e Israel donde señaló que los posibles crímenes cometidos por el Ejército israelí y el grupo Hamas son una “prioridad” para su despacho.

“Los conflictos en zonas densamente pobladas en las que los combatientes están presuntamente incrustados de forma ilegal entre la población civil son intrínsecamente complejos, pero aun así debe aplicarse el derecho internacional humanitario y el Ejército israelí conoce el derecho que debe aplicarse”, remarcó Khan y agregó “En Gaza, no es aceptable, no se justifica, que los médicos realicen cirugías sin luz, que los niños sean operados sin anestesia (...) imagina el dolor de las operaciones para los niños, para cualquiera, para cualquiera de nosotros, sin anestesia”, dijo sobre el sufrimiento de la población palestina tras los bombardeos israelíes.

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