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28 de Feb de 2020

Nacional

El destino de un rebelde

El día en que lo desaparecieron, jueves 14 de mayo 1970, Heliodoro Portugal estaba en el Café Coca-Cola en Santa Ana. Le acompañaba Migu...

El día en que lo desaparecieron, jueves 14 de mayo 1970, Heliodoro Portugal estaba en el Café Coca-Cola en Santa Ana. Le acompañaba Miguelito Femenías, un arnulfista, y no sé quien más. Femenías ha muerto, pero hace unos años él le dijo a mi esposa que estaba con Portugal aquel día, y que Portugal acababa de comer un raspado de limón. Llegó un taxi, una camioneta roja. Bajaron dos hombres vestidos de civil y obligaron a Portugal a ir con ellos. Eran las tres de la tarde más o menos.

¿Por qué se lo llevaron? Era marxista, pero esto en sí no era problema. Omar Torrijos tenía varios marxistas entre sus mascotas, comenzando con Rómulo Escobar, pero eran marxistas mansos que se dejarían comprar con un puesto o el mero olor del poder. Portugal, en cambio, era marxista serio, como los que hacían en aquel momento guerrilla urbana contra la Guardia. Torrijos les tenía envidia y miedo. El era revolucionario fingido, ellos auténticos. Además, su único contacto con guerrilleros, en Cerro Tute en 1959, le dejó algunos perdigones en la nalga.

No llevaron a Portugal a la Cárcel Modelo. El pasó un año allí después del golpe de octubre del 1968. El también luchador sindicalista, José Tuñón, murió allí asesinado, golpeado repetida mente y sin atención médica. La Modelo, sin embargo, no tenía dónde esconder un preso, y en 1970 Torrijos prefería ocultar la persecución de los marxistas serios. Hubiera chocado con la imagen de izquierdista anti-yanqui que él, guiado por Escobar, confeccionaba.

En realidad, Torrijos no tenía ideología. Cuenta ‘Chu-Chu’ Martínez que en un viaje por avión al interior, el novelista inglés Graham Greene le preguntó sobre su filosofía política, y Torrijos le contestó, “La misma del piloto, no caer”. Este oportunismo le permitía pedir y aceptar ayuda militar de la Zona del Canal —helicópteros y tripulaciones sobre todo— con que matar panameños, guerrilleros arnulfistas en Chiriquí y guerrilleros marxistas en Panamá. En noviembre de 1969, sacó a los marxistas de la Modelo. Soltó a Portugal. Mandó a los jefes del Partido del Pueblo al exilio en Chile y a los duros de la línea maoísta a Coiba.

El más importante de ellos, Floyd Britton, amigo cercano de Heliodoro Portugal, murió allí asesinado el 29 del mismo mes, repleto de golpes y sin atención médica. La noticia llegó pronto a Panamá y causó, no sólo protestas, sino la formación del Movimiento 29 de Noviembre, la unión de los maoístas con un grupo fundado por un dirigente campesino, Encarnación González Gómez. Junto con Federico Britton, el hermano menor de Floyd, los cinco hermanos González Santizo eran las figuras principales de la guerrilla urbana.

González Gómez era oriundo de Tocumen. Él y Torrijos se conocieron antes del golpe cuando el último comandó el cuartel de allí. Torrijos le decía “paisano”, pero mandó tirarlo de un helicóptero por haber animado a sus hijos a resistir.

Tal vez llevaron a Portugal a la Charquita, uno de varios lugares donde Omar Torrijos hizo torturar a los que se resistían a su dictadura. Era un chalet en Bella Vista a lado del Colegio de María Inmaculada, donde ahora está la Universidad del Istmo. El dueño, Gilberto De Arco, brindaba asilo allí a resistentes, cosa que supo la Guardia al matar a Félix González Santizo afuera de la casa. De Arco fue despojado de ella y de sus otros bienes.

En febrero de 1970, cuando Torrijos trajo a Manuel Noriega a Panamá como jefe del G-2, la casa fue su jefatura secreta. La bautizó “Charquita” porque allí reportaban los sapos. Allí él torturó personalmente a Juan de Dios De Arco, el hermano de Gilberto, poniéndole una picada eléctrica en la punta de su lengua. De Arco perdió el sentido del gusto, ya que no podía distinguir entre la sal y el azúcar. Otro que fue torturado en “La Charquita” recuerda que se oían las voces inocentes de las alumnas jugando durante su recreo.

En septiembre del 1970, cuatro meses después de ser desaparecido, Heliodoro Portugal se encontró en un sitio de torturas en el barrio de Miraflores. Otro infortunado, amarrado al resorte de una cama en un cuarto contiguo, escuchó mientras interrogaban a Portugal a golpes sobre su amistad con Floyd Britton. Gritaron su apellido, llamándole subversivo, pero no fue él quien derrocó el gobierno constitucional.

La casa de Miraflores se quedó bien aparte de otras viviendas en la cima de una colina alta. “El Perro” Hurtado, compañero de tragos de Omar Torrijos y entonces un mayor de la Guardia Nacional, la alquiló en abril del 1970, manifestando a su dueño, Ernesto De Diego, que el lugar era ideal para “ejercicios de entrenamiento”. Hablaba de torturas, y lo ideal era que nadie podía oír las quejas de las víctimas.

El alquiler era $350 por mes, y Hurtado pagó tres meses por adelantado. Luego, para cobrar el alquiler moroso, De Diego trató directamente con Omar Torrijos. En 2001 investigadores de la Comisión de la Verdad encontraron restos humanos en el perímetro de la casa y manchas de sangre en pisos y paredes.

La última parada de Heliodoro Portugal fue el cuartel de Tocumen, un sitio de horrores. Allí cada cambio de centinela traía rosarios de golpes paro los desaparecidos. Allí torturaron a Encarnación González Santizo, hijo y tocayo de González Gómez, con corriente eléctrica en el pene y en los oídos. A punta de pistola le obligaron a comer su propio excremento. En Tocumen los desaparecidos comían una vez al día, solo suficiente para mantenerlos vivos. Cuando traían la comida los guardias escupían en ella antes de entregarla a los prisioneros. Omar Torrijos visitaba el cuartel a menudo.

Otro detenido vio a Portugal en Tocumen en octubre del 1970, muy flaco como todos los presos. Un amigo llamado Galindo, quien no he podido localizar, dijo a la esposa de Portugal que lo había visto en el pabellón militar del Hospital Santo Tomás en 1971, inconsciente y con la cabeza vendada. Según la autopsia de sus restos, Portugal recibió un golpe severo en el cráneo antes de morir. Lo enterraron en el cuartel, debajo de donde guardaban los vehículos.

Heliodoro Portugal nunca fue acusado ni procesado. No hay récord de su detención. El Estado panameño, dirigido por el dictador Omar Torrijos, lo secuestró, torturó, y asesinó. Los que aprovecharon la dictadura comparten la culpa. Los que se llaman “torrijistas” comparten la vergüenza.