25 de Feb de 2020

Nacional

Estudiar y trabajar, reto a los jóvenes

PANAMÁ. Ver a un hombre trabajando duro, sudando bajo el sol implacable, cargando bloques y otros materiales de construcción, puede que...

PANAMÁ. Ver a un hombre trabajando duro, sudando bajo el sol implacable, cargando bloques y otros materiales de construcción, puede que resulte normal para cualquiera.

Pero cuando se trata de una muchacha de 18 años que desde temprano sale a realizar este difícil trabajo, entonces todo cambia y sorprende.

Este es el caso de Kathia Cruz, una chorrerana que empezó a trabajar para ayudar a sostener su hogar desde los 15 años de edad. Ella es la principal fuente de ingresos en casa, donde vive con su mamá y un hermano.

Su jornada empieza a las cinco y cuarenta de la mañana cuando emprende viaje hacia la ciudad capital. Su labor en la constructora consiste en cargar bloques para ayudar a los albañiles, algo para lo cual hasta los hombres necesitan no sólo fuerza, sino también voluntad, qué decir para las mujeres. También se ocupa de limpiar las áreas de construcción.

Y es que aquello que antes le causaba pena, ahora es su orgullo. Después de todo, se trata de un oficio en el que las damas no han incursionado en masa.

Además de que las mujeres son hoy día mayoría en muchas profesiones, también han tomado parte en el negocio de manejar taxis, buses, ser agentes de seguridad, policías y hasta han impactado ya el deporte del boxeo, y ¿en la construcción?, sólo Kathia Cruz, quien estudia periodismo.

“Cuando empecé a trabajar, mi novio me celaba, pues pensó que le sería infiel”, comenta.

Como Kathia, hay otras historias. Hace ya más de un mes Denisse Torres, una joven aguadulceña de 20 años, llegó con la idea de continuar estudiando su carrera de comunicación social. Una decisión que meditó por muchas semanas, pues no era fácil dejar la protección que da una madre y el calor del hogar, por el deseo de cumplir un sueño, el cual implicaba conseguir un trabajo y asumir todos sus gastos.

Según Denisse, su vida ha cambiado radicalmente, pues debe levantarse a tempranas horas de la mañana, preparar su almuerzo ella misma, arreglarse, salir de casa y tomar un bus en Monte Oscuro de Pueblo Nuevo, para ir a la Universidad de Panamá, es más que un reto diario. Al finalizar las clases debe tomar dos buses que la transportarán a su trabajo, un almacén en el centro comercial Multiplaza, en Paitilla donde labora hasta horas de la noche.

“Mi mamá no estuvo de acuerdo con que me fuera de casa, pero tengo deseos de cumplir mis metas”.

Andrés Franco, de 20 años, es otro de los jóvenes que decidió abandonar su pueblo, Soná, en Veraguas, en busca de nuevas oportunidades.

Según él, los primeros días fueron difíciles y con el tiempo se acostumbró a la vida en la ciudad.

“Quería devengar un salario, por eso tomé la decisión de radicarme aquí en la capital”.

Actualmente trabaja en Farmacias Arrocha. Con este empleo solventa muchos de sus gastos y los de su familia.

Al terminar su jornada laboral, a las 5:00 p.m., aún le queda otra lucha. Estudia licenciatura en inglés en la Universidad Latina espera convertirse pronto en un profesional.

TRABAJO INFANTIL

A parte de los jóvenes que combinan trabajo y estudios, también hay adolescentes de entre 15 a 17 años de edad, que representan un 46.2% de los menores de edad que enfrentan la vida con valentía, jugando un papel importante y responsable dentro de la sociedad. Esto según un estudio que realizó la Organización Internacional de Trabajo (OIT) en nuestro país.

Los adolescentes entre estas edades desempeñan diversas labores del sector terciario como: empacadores en supermercados, lavadores de auto, secretarios de bus, vendedores ambulantes y en puestos fijos, limpiabotas, limpiavidrios, estilistas y otras ocupaciones de la rama de los servicios, en la cual están preferentemente inmersos.

Estos devengan un salario aproximado de 11 dólares con 10 centavos diarios contribuyendo significativamente al sustento del hogar.

Según Yara Trujillo, jefa del Departamento de Trabajo Infantil y Protección al Adolescente Trabajador, en la Dirección Nacional de Inspección del Ministerio de Trabajo y Desarrollo Laboral (Mitradel), desde el mes de enero a la fecha se han solicitado 25 permisos laborales donde los padres autorizan legalmente a sus hijos para que puedan trabajar.

Los permisos se otorgan luego de una evaluación por parte de una trabajadora social y ser aprobado por el Director Nacional de Inspección.

El Código de Trabajo, en el artículo 122 dictamina que los adolescentes tienen un límite de horas de trabajo, que varía según la edad, pues se debe tener en consideración las necesidades escolares del menor. Las empresas que contratan a menores de edad entre los 15 a 17 años de edad, sin los respectivos permisos legales que le permiten a éste laborar, puede llegar a enfrentar una multa que oscila entre 50 a 700 dólares.

El Decreto Ejecutivo Nº 19 del 12 de junio de 2006, aprueba la lista del trabajo infantil peligroso, en el marco de las peores formas de trabajo infantil.

El trabajo infantil peligroso se clasifica de acuerdo a la exigencia física. Por ejemplo, trabajos bajo el agua, en alturas, en estanques y los que por su condición pueden afectar la salud, como la exposición a sustancias radiactivas, bajas o altas temperaturas, servicios domésticos, entre otros.

El trabajo es la forma honrada de superarse y cada vez más jóvenes de diferentes clases sociales se hacen consciente de ello. El deseo de seguir adelante con dignidad y luchar por sus ideales los motiva a esforzarse y exigirse el máximo en cada proyecto, para lograr sus metas y sueños familiares.