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20 de Jan de 2021

Nacional

Bomba de tiempo a punto de estallar

PANAMÁ. OESTE. Inaugurada el 11 de junio del año 1937, la Cárcel Pública de La Chorrera, fue construida para albergar a un máximo de s...

PANAMÁ. OESTE. Inaugurada el 11 de junio del año 1937, la Cárcel Pública de La Chorrera, fue construida para albergar a un máximo de sesenta personas, quienes eran detenidas preventivamente mientras estaban a órdenes del corregidor correspondiente.

En la actualidad esta institución carcelaria, mantiene entre sus paredes un total de 456 reclusos, de los cuales la gran mayoría está a la espera de ser sentenciados.

Con casi ocho décadas de estar en funcionamiento, las condiciones del penal no son las mismas que cuando se inauguró: paredes deterioradas algunas de las cuales se mueven ante la presión de los detenidos, condiciones sanitarias inhumanas, pues un solo sanitario es utilizado por todos los alojados en una celda donde deben atender sus necesidades sin privacidad alguna.

El sistema eléctrico que ha colapsado deja a oscuras a todos cuando hay un apagón, al no haber una planta de emergencia, situación que incrementa las condiciones de peligrosidad que imperan en el recinto.

El actual penal está dividido en seis galerías con veintisiete celdas, entre ellas la denominada “

La vigilancia está en manos de la Policía Nacional, tarea que ocupa a más de doce unidades policiales por turno (más de treinta al día), las que podrían estar de servicio en las calles. Esto se debe a que no existen custodios civiles en el centro.

Durante el gobierno del presidente Guillermo Endara, se asignó para el traslado de esta institución, en un terreno ubicado en Potrero Grande, corregimiento de El Coco. Pero a pesar de que se llegó a colocar la primera piedra, jamás se construyó y se desconoce el destino del presupuesto asignado para este proyecto.

“Las deficiencias dentro de la cárcel son insoportables”, insistió un interno que sólo se identificó como “Roberto”, quien reveló que el hacinamiento es algo siniestro y las galerías A, B y C, cada una cuenta con ocho celdas, están abarrotadas. Usar el sanitario es casi un lujo, por lo que muchos de ellos tienen que hacer sus necesidades en cartuchos y lanzarlas al patio por las ventanas.

“Roberto” agregó que por años padecieron la falta de agua, pero recientemente fue colocado un nuevo tanque de reserva y al menos la reciben con mayor frecuencia.

Indicó la fuente, que los presos no están clasificados por delito, por lo que es “un mundo en que están todos contra todos”. Ni qué decir de quienes padecen alguna enfermedad, pues debido al hacinamiento, el riesgo de contagio es grande.

Esa situación lleva a que constantemente se registren peleas entre los internos, y para protegerse, confeccionan armas con cepillos de dientes, hierros de las camas y hasta pedazos del sanitario.

Más de uno ha logrado fugarse con ayuda externa tras cortar los barrotes de las celdas. “Otros no lo han logrado”, sostuvo el entrevistado.

Para los familiares también es difícil, pues para llevarles alimentos o visitarlos, deben pasar un filtro en la parte trasera de la sede policial de La Chorrera, las medidas son extremas ya que están en el centro de la ciudad.