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26 de Nov de 2020

Nacional

El ingeniero del Santuario

PANAMÁ. José Demetrio Barrera dice ser ingeniero. Un ingeniero que forma parte del Santuario Sagrado Corazón de María, en el área banc...

PANAMÁ. José Demetrio Barrera dice ser ingeniero. Un ingeniero que forma parte del Santuario Sagrado Corazón de María, en el área bancaria. Allí aparece a las nueve de la mañana, con sus herramientas de trabajo: un balde con botellas de agua para el día, un paraguas y flores para vender. A un lado deja la silla plegable de metal donde descansa por ratos.

No trabaja solo. Lo acompaña un primo, al que le prohíbe hablar con los transeúntes. “El que trabaja conmigo está bien entrenado y no pierde el tiempo hablando, la enfermedad de la gente es la pereza, nadie quiere trabajar, yo tengo varias carretillas para alquilar y nadie quiere este trabajo”, manifestó refunfuñón.

Desde hace seis años lucha contra un cáncer que le afecta la cabeza y el cuello. “Él me tira una derecha y yo le tiro una izquierda”, bromeó ante la adversidad. Ya ha perdido una oreja, un ojo y parte de la piel del cráneo.

La gente lo mira asombrada. “Cuando me preguntan les dijo que un tigre me arañó la cara”. Se volvió al “trabajo” enseguida, moviendo —cual si fuese una maraca— el envase plástico con el dinero de la limosna.

De su familia, Barrera habló sin mucho apego. Tiene dos hijos ingenieros en Estados Unidos, que no ve hace años. El resto de su familia vive en Calobre, Veraguas, donde una vez trabajó descargando maderas de camiones, hasta que llegó a la capital. En los días buenos logra hacer hasta $40.00. En los malos, 20. Como todo trabajador tiene sus egresos: ida y vuelta en taxis y la comida por esa área es cara, “no menos de $4.00”. Fue su única queja, buscó su botella de agua, se empinó un trago y al calor de la calle.