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09 de Aug de 2020

Nacional

Quiero ir a Panamá

PANAMÁ. Mire este caso: una familia argentina se ha pasado un mes entero viviendo en los pasillos del Aeropuerto Tom Jobim de Río de Ja...

PANAMÁ. Mire este caso: una familia argentina se ha pasado un mes entero viviendo en los pasillos del Aeropuerto Tom Jobim de Río de Janeiro, porque quieren venirse a Panamá y a ningún otro lugar en el mundo. Se trata de los Cháves: Liliana Sava (43 años), Carlos Cháves (49 años) y sus tres hijas: Elizabeth (6 años), Bianca (5 años) y Juana (2 años). Dicen que su casa está en el Istmo y que en ningún lado se puede vivir como aquí.

UN VIAJE SIN DINERO

Los Cháves se dieron a conocer ayer, cuando los medios sureños publicaron su curioso caso. La familia duerme en los sillones de la cafetería del aeropuerto de Río y vive de la caridad de los meseros. Lavan la ropa en el lavamanos y la secan en un portaequipaje mientras que las niñas toman su ducha en un baño para infantes. ¿Qué hacen allí? ¿Una nueva especie de turismo? Nada de eso. La razón es que no tienen más dinero, ni para comer. Se volvieron de Panamá hacia Argentina porque el padre de Liliana estaba muy enfermo y padecía del corazón. La agonía se volvió larguísima y se gastaron hasta el último real.

Por eso los Cháves se fueron en bus hasta Río de Janeiro, donde debían abordar un avión con los pasajes que una amiga les habría comprado. Pero los pasajes nunca aparecieron y quedaron varados allí. La Embajada de Argentina les ofreció boletos para regresar, pero ellos lo rechazaron al igual que el hospedaje en un albergue de Río. Han pasado un mes, diciendo a los cuatro vientos que Panamá es su casa y que quieren regresar aquí. Dicen que aquí pueden vivir con un dólar al día. No son los únicos: hay en la ciudad casi 100 mil panameños en las mismas condiciones. Mientras tanto viven de la caridad de los empleados: les regalan comida, alojamiento en sus casas, y hasta le celebraron el cumpleaños a Bianca, la hija mediana de los Cháves.

MALOS RECUERDOS

Sin embargo, en Panamá, nadie extraña a los Cháves. A pesar de que repiten una y otra vez que viven en Panamá no aparecen en el Sistema de Migración Nacional como residentes. Y lo que es peor, la gente que sí los conoce frunce el seño al hablar de ellos. “Recuerdo que llegaron a Panamá a finales de 2007 y vinieron a nuestra embajada en la misma situación: sin dinero”, explica Alejandro Herrero, cónsul argentino en Panamá. “Yo saqué plata de mi propio bolsillo para ayudarles porque la mujer estaba embarazada y las niñas estaban muy pequeñas”. Dijeron que venían de Perú e iban a Costa Rica porque un amigo les daría un dinero de un negocio que Carlos tenía en Estados Unidos.

Los Cháves viajaron a Costa Rica y allí nació su hija.

Herrero, sorprendido por la noticia, dice que recibió una segunda visita de los Cháves en octubre de 2008. Lo mismo, necesitaban ayuda. “En esa oportunidad el señor Carlos ni siquiera subió a mi oficina por vergüenza, pues le habíamos recomendado que volvieran a Argentina por el bien de sus hijas”, Herrero desmiente que Carlos Cháves trabaje en una empresa de fabricación de plásticos como afirmó a un medio de comunicación en Río de Janeiro. “Esas personas, no tienen casa, ni trabajo aquí, son unos irresponsables”. Sin el apoyo de la embajada, los Cháves recurrieron a la Comisión de Justicia y Paz de Panamá que se encargó de hospedarlos y darles de comer.

Incluso intercedieron ante Migración para que se les perdonara la multa por haber permanecido en el país más tiempo del que tenían como turistas y hasta les pagaron el viaje a Argentina.

Maribel Jaén, directora de la Comisión de Justicia y Paz, se alarma hasta la sorpresa. “Ellos pidieron regresar a Argentina, ¿y ahora quieren regresar?.. Ellos se la pasan viajando de país en país y se escudan en instituciones religiosas para que les den para vivir. Parece que el mundo comenzó a quedarle chico a los Cháves que no se rinden. No quieren dar ni un paso atrás. Prefieren vivir en tránsito mientras sueñan con Panamá.