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07 de May de 2021

Nacional

La gran hazaña panameña

El 10 de octubre del año pasado, los diarios del mundo dedicaron su nota principal al proyecto que ofrecía entonces la Casa Blanca para ...

El 10 de octubre del año pasado, los diarios del mundo dedicaron su nota principal al proyecto que ofrecía entonces la Casa Blanca para enfrentar la crisis financiera global: comprar acciones de entidades financieras en apuros. Pero en Panamá no. Ni siquiera el ganador del Premio Nobel de Literatura, la otra gran noticia del día, tuvo mayor resonancia en los medios locales, aunque el galardón recayó sobre Jean-Marie Gustave Lé Clezio, el novelista francés, quien vivió cuatro años rodeado de indígenas panameños y escribió sobre ellos.

En el país la información saltaba a otro ritmo, musical y festivo. La noche del 9 de octubre la panameña Margarita Henríquez había ganado la tercera edición del concurso de canto Latin American Idol (LAI), venciendo por mayoría de votos a la joven María José Castillo, de Costa Rica. Y esa era la noticia del día. Los periódicos más importantes le dedicaron la portada a la emisión final del programa de televisión, y los tabloides sensacionalistas siguieron la línea editorial reinante. El desenlace del reality show mantuvo en vilo a la sociedad panameña. Esa noche los fanáticos más entusiastas se congregaron en bares y discotecas para seguir el programa. El resto lo hizo en casa de amigos y familiares. Millones de televisores encendidos en pos de una ilusión, como si Panamá y Costa Rica disputasen el Mundial de Fútbol. Y ni bien se anunció que la panameña era la ganadora, el país estalló en fiesta. En la ciudad capital, las huestes enardecidas se lanzaron a la calle. El bocinazo fue el grito alegre por excelencia hasta la madrugada. Lo mismo ocurrió en las cabeceras de provincias. La patria alegre, toda, vibró unida. Fue un Carnaval en pleno octubre. El entusiasmo nacionalista fue comparado con el fervor que provocaban las peleas del gran boxeador panameño Roberto “Mano de Piedra” Durán, o la recuperación del Canal de Panamá, tras la firma de los Tratados Torrijos-Carter con Estados Unidos, en el año 1977.

ASÍ NACIÓ LA “MARGARITAMANÍA”

Margarita Henríquez nació en la provincia de Los Santos, Panamá, el 17 de abril de 1991, y es la ganadora más joven que ha tenido el concurso. Canta desde que era niña. Se inició en el conjunto de música folclórica de su papá, el acordeonista Juancín Henríquez. Con su corta edad ha conquistado varias competencias de canto e incluso fue conductora de TV. Se describe como dulce y sentimental, y viste siempre de colores vivos.

Desde que entró a LAI sus compatriotas siguieron con fervor sus peripecias en las distintas pruebas. Hubo otros dos panameños participando junto a ella, Manuel Araúz y Ann Loraine Lanier, pero no despertaron igual simpatía. El talento y carisma de la jovencita la ayudaron a echarse al jurado al bolsillo y ganar el afecto de los otros concursantes. Orgullosos y henchidos de emoción, los panas se entregaron poco a poco a un entusiasmo que en Panamá es extrañamente desconocido: el que se siente por las estrellas de la televisión. Así, de pronto, los panameños se convirtieron en fervientes fans embelesados por Margarita. Sufrían de tristeza con el final del show y contaban las horas que faltaban para el próximo capítulo. Llenaron el vacío hablando de su heroína hasta el cansancio, y luego quisieron llevarla consigo a todos lados: en una camiseta con su rostro estampado o en un llaverito plástico que contuviera, al menos, la gracia de su nombre. O, mejor aún, colocando una foto suya en la mesita de noche, a ver si su imagen dulce y sonriente se colaba entre los sueños de toda una nación. Sin saber muy bien por qué, un buen día los panameños descubrieron que no podrían ya vivir sin ella. Y a ese nuevo amor farandulero le llamaron “Margaritamanía”. Cuando clasificó a la final, el jueves 2 de octubre, en el país ya no se hablaba de otra cosa: había que ganar a toda costa. Para lograrlo había que votar, porque en la televisión del siglo XXI las victorias se consiguen por sufragio popular vía mensaje de texto desde un teléfono móvil. Entre amigos, familiares, vecinos y compañeros de trabajo, los panameños se estimularon los unos a los otros con promesas espontáneas a favor de la causa. Pero la consumación de la victoria se instaló como un objetivo nacional cuando el entonces presidente de la República, Martín Torrijos Espino, convirtió el asunto en un tema de Estado. En un acto gubernamental en la provincia de Chiriquí, que limita con Costa Rica, el sábado 4 de octubre el mandatario pidió respaldo: “Margarita ha demostrado una gran capacidad, talento y ha crecido durante el desarrollo del concurso y todos debemos estar orgullosos de ser panameños y de la demostración que ella hace internacionalmente; espero que todos la apoyemos, incluso a nivel personal haré un aporte”. Cumplió su palabra y entregó capital a la familia Henríquez, de la mano de su esposa Vivian Fernández de Torrijos. Pero la pareja presidencial fue más allá de la donación y cabildeó sin descansar. “Llamando a que la gente chateara para ella, haciendo alusión a su nombre cada vez que lo pudiera hacer. Impulsábamos a que la gente pudiera seguir comprando tarjetitas, para hacer que esta chica fuera un ídolo”, cuenta la ex primera dama.

No fue lo único que hicieron por ella. En agosto de 2008, casi dos meses antes de la final, la primera dama se presentó al estudio donde se grababa el show en Buenos Aires. “Vivian estuvo aquí en un viaje oficial, y en ese viaje oficial ella me pidió a mí que quería visitar a los chicos”, dice, refiriéndose a los tres concursantes panameños (Manuel Araúz, Ann Loraine Lanier y Margarita Henríquez), Olga Golcher, que por entonces era embajadora de Panamá en Argentina. Y una tarde, almorzando juntas en un restaurante porteño, se cruzaron sin previo aviso con uno de los jurados del concurso: Gustavo Sánchez. El se acercó a la mesa al reconocer a la diplomática, que lo presentó a la primera dama, y, naturalmente, las invitó a ser parte del show de esa noche. Como la señora Vivian Fernández de Torrijos es fanática de Latin American Idol, y siguió las tres temporadas, dijo, encantada, que sí. “También veo la versión americana, veo los dos programas. ¡Me encantan! Y si me lo perdía, lo buscaba en YouTube”, confiesa.

Esa noche, su presencia en el estudio generó algarabía. Los chicos panameños no podían creer lo que veían. Entre ellos estaba, claro, Margarita Henríquez, que poco después de la llegada de la primera dama empezó a llorar. La primera dama, preocupada, le pidió a su fiel escudera, la embajadora de Panamá, que investigara. “Margarita dice que el vernos a nosotras le trae recuerdos de su mamá”, fue el reporte de la embajadora. La esposa del presidente resolvió tranquilizar a la promesa panameña. “Tenía mucho estrés. Ella estaba con su papá y ella quería ver a su mamá. Entonces le dije: ‘No te preocupes. Cuando llegue a Panamá, te voy a conseguir uno de los pasajes que nosotros tenemos aquí en el gobierno para situaciones como estas”, recuerda Vivian Fernández de Torrijos. Pero quién dice uno, dice dos: el gobierno patrocinó el viaje de la madre y el hermanito de Margarita, desde Panamá hasta la Argentina. Y la familia Henríquez se reunió. Los adversarios políticos no criticaron, sino todo lo contrario. Los candidatos a la Presidencia panameña para las elecciones de mayo del 2009, incluyendo al hoy presidente Ricardo Martinelli, entregaron sus donaciones donde todos los pudieran ver: en una emisión de la versión local del programa “Bailando por un sueño”.

Mientras tanto, representantes de las compañías telefónicas de Panamá, Cable & Wireless y Movistar junto a las cabezas de las televisoras TVN y Corporación Medcom , así como empresarios y figuras de varias radioemisoras, idearon un calendario de actividades para recaudar fondos. El lunes 6 y martes 7 de octubre se realizó la gran colecta nacional. También se vendieron souvenires. Se abrieron cuentas de banco para que los seguidores pudiesen depositar su cuota de simpatía desde cualquier punto del país. Al margen de estas grandes iniciativas empresariales, tanto en la capital como en el interior la gente se organizó voluntariamente en comités de ayuda. Sin distinciones políticas o de clase social, religión, sexo o raza, la nación panameña cooperó. Y con ese dinero se compró la victoria.

AL FILO DEL CHAT

La final de Latin American Idol 2008 se decidió por el voto de la gente. Había que mandar mensajes de texto por celular, y ganaba la que más recibiese. En el caso de la panameña debían ser enviados al teléfono 43657 con la palabra “Margarita”. La votación arrancó el miércoles 8 de octubre a la noche, durante la emisión del programa y al finalizar la última presentación de ambas contrincantes. En ese concierto a María José Castillo, la otra finalista, la voz no la acompañó. Estando afónica, la chica de Costa Rica cantó tres temas inéditos: “Vuela”, “Abre tu corazón” y “Sobreviviré”, canción con la que su problema de garganta quedó en evidencia. Al terminar, lloró. Margarita Henríquez —quien interpretó “Vuela” y “Abre tu corazón”, además de “El mundo que soñé”— se emocionó también y se hizo una con su compañera en lágrimas. “Ella canta muy lindo, pero ahora está sufriendo un quebranto de salud”, dijo, al tiempo que pidió un aplauso de apoyo. Entonces arrancó el sufragio que duró 24 horas. El jueves 9, desde Buenos Aires, se reveló el resultado.

Pero antes de que dieran la señal de largada para votar, en Panamá estaban armados hasta los dientes y con los dedos ansiosos. La plata que se había recaudado había sido invertida en miles de tarjetas de telefonía celular prepaga. Muchas fueron repartidas en forma particular, pero la gran mayoría se administró y utilizó estratégicamente. La operación de avanzada fue diseñada por la coalición formada por las compañías telefónicas, televisoras y radioemisoras. Durante la colecta se hizo el reclutamiento. El martes 7 se publicó un aviso en los medios de comunicación, firmado por “Voceros de la Unión por Margarita Henríquez”. Pedían voluntarios para gastar las tarjetas: “Tendremos que hacer turnos en la madrugada para consumir toda la inversión. En Panamá, hay 2.5 millones de personas con celulares y en Costa Rica hay 1.5 millón de habitantes con celulares. Tenemos ventaja y hay que sacarle provecho”. Las masas respondieron con un fuerte “Sí”, y esa voluntad sin límites provocó el más grande invento jamás creado por un panameño dentro de la tecnología bélica: el Chatódromo. Término que en castizo elemental significa “lugar para acometer el chat”, entendiendo chat como un sinónimo o variante de “mensaje de texto”, de uso común en el arrabal panameño. Y como la final del show se decidía por mensajito de celular, en Panamá germinaron por doquier estos centros oficiales de chateo: en las estaciones de radio y TV, oficinas de diarios, universidades, almacenes, restaurantes y bares. Hubo otros en casas de familiares y amistades de Margarita. Según reportes, sólo en la provincia capital hubo 80 de estos lugares. Cada uno de ellos era un bunker del Ejército Margaritiano desde donde los soldados, atrincherados, disparaban mensajes de apoyo. Los voluntarios se apersonaban con el arma reglamentaria: su teléfono celular. Allí eran provistos de balas: tantas tarjetas como pudieran gastar. Los turnos tenían duración abierta o libre: la gente trabajó tanto como quiso. Sin embargo, cada aparato tenía capacidad para mandar hasta 200 chats. Cuando el límite era superado, al caudillo se le alcanzaba otro teléfono. Sobraban, pues quién no había podido donar su tiempo, había dejado su celular para que otro lo usase. Durante las 24 horas que duró la votación, las televisoras transmitieron todo lo que ocurría, incluso en la madrugada, período en el que era importante tener gente despierta y chateando. Los presentadores mantuvieron los ánimos arriba. Otros se dispusieron a crear puntos de chateo donde no los había. La conductora del noticiero matutino de TVN , Lucy Molinar, solicitó desde su espacio a los directores de escuelas que permitiesen que los periodistas del canal entrasen a los centros educativos y les llevasen tarjetas a los estudiantes, para que ellos también pudieran ser parte de la causa. Y lo logró. Curiosamente, ella hoy es la flamante ministra de Educación, y meses antes de saber siquiera que Ricardo Martinelli le ofrecería el puesto, ejecutó inconscientemente su primera y más célebre acción como jefa de la cartera.

Olga Golcher, ex embajadora de Panamá en Argentina y ex ministra y de Gobierno y Justicia, armó su propio “chatódromo” para la final y lo instaló en las oficinas de la embajada, en Buenos Aires. Dice que no usó fondos del Estado. Sacó mil dólares de su bolsillo y con eso ordenó comprar todas las tarjetas posibles. “Les sacamos copias, las tenemos aquí para, el día de mañana, cualquier cosa?”, aclara. Convocó a la comunidad panameña. Hubo pizza, coca cola y chateo. Arrancó la noche del 8 de octubre y terminó con la madrugada, pasadas las tres de la mañana. Horas antes de la victoria. “La verdad es que la pasamos muy bien. Y una vez más se demostró la nobleza del panameño”, dice.

Mientras tanto, en el ardiente trópico, ejecutivos de las telefónicas guiaban el proceso de votación. En los medio anunciaron la cantidad máxima de personas que podían estar chateando en un mismo grupo o espacio, para evitar la saturación del perímetro y problemas con la señal; qué puntos de la ciudad capital —de donde se esperaba el mayor aluvión— eran ideales para el envío, por su poca concentración de residencias; y anunciaron que la madrugada era el período más cómodo para votar. Así mismo, aclararon que lo que estaba ocurriendo era histórico —“Sin duda el mayor consumo hasta ahora”— y que ellos estaban también con las botas puestas. “Hemos adecuado el equipo y tendremos más personas trabajando. Hay que evitar que se den congestionamientos como ha ocurrido con varios realitys locales”, dijo Abdiel Antonio Gutiérrez, vicepresidente de Asuntos Corporativos de Cable & Wireless Panamá, en una cita publicada en varios periódicos.

El esfuerzo titánico produjo una victoria sin precedentes que, por más que el tiempo pase, los panameños nunca olvidarán. Glorias han tenido, pero ninguna costó tanto como ésta, y muy pocas veces —o nunca— habían derrotado al país vecino, Costa Rica, de forma tan contundente. Por eso, la noche del 9 de octubre, cuando el presentador de Latin American Idol dijo “Margarita es la ganadora”, sanaron instantáneamente los dedos gastados de tanto teclear mensajes de apoyo, y el cansancio que dejó la lucha se convirtió en una necesidad de festejo incendiaria que desbordó las calles de Panamá.

Los panameños están orgullosos. No sólo porque ganaron el reality show internacional que tanto deseaban, sino porque el pequeño país de 3.2 millones de habitantes y 78 mil Km2, en el que el 37% de la población vive en la pobreza, por un momento supo ser la concreción de aquel ideal que reza “Cuando se quiere, se puede”.

¿ DÓNDE ESTÁN LAS CIFRAS?

En esta historia también se rompieron récords. El dato se confirmó durante la transmisión del último capítulo de Latin American Idol, poco antes de anunciar a la ganadora: en las tres ediciones nunca habían llegado tantos chats. Los panameños se sienten honrosamente responsables de la hazaña, pero nadie sabe cuántos votos metieron. Se habla de millones, pero no hay cifras exactas. Los creadores del programa dicen que se trata de información clasificada y los voceros de las telefónicas confirmaron que, por contrato, estaba prohibido dar la data. Pero ahí donde se esconde la verdad florece la especulación. En Panamá se rumora que Margarita Henríquez marcó el 75.3% de los mensajes de texto y María José Castillo, la contrincante de Costa Rica de 18 años, pelo corto y sonrisa tímida, logró un 24.7%. También que el gran total de votos fue cuatro millones, y en tres millones de ellos se leía “Margarita”.

Posiblemente el rumor sea cierto. Un reportaje del diario La Prensa destacó que entre las 8pm del 8 de octubre y las 6pm del jueves 9, la telefónica Cable & Wireless Panamá procesó más de 2 millones de mensajitos. Gracias a ese dato se puede calcular que se mandaban más de 90 mil novecientos cada 60 minutos, aproximadamente, y que hasta las 8:00 p.m., cuando arrancó la transmisión de la final, entraron unos 180 mil más. Si fue así, solo por celulares de esta compañía pasaron dos millones 180 mil votos para Margarita.

La otra telefónica, MoviStar, tenía entonces un millón 400 mil abonados. Si cada uno de esos clientes mandó un chat, y si se suman las cifras de ambas empresas, se infiere que salieron de Panamá unos 3.6 millones de mensajitos; más de lo que los panameños creen haber aportado.

Pero pudieron ser muchos más, porque ningún panameño que se precie de patriota afirmará haber enviado menos de cinco. Jamás. Zoila Muñoz envió 10 votos, pagados con su dinero. “Yo soy bien tacaña, pero Margarita me ablandó. La niña merecía ganar”, dice. También preparó unos dulces e hizo una tarde de postres en el salón de belleza en el que trabaja como aseadora. De la actividad recaudó 60 dólares y con eso metió 80 mensajes más.

Con varias compañías involucradas en la votación de LAI —FremantleMedia Limited, productora del programa; Net People, encargada del conteo; y las telefónicas locales— el chat costaba 75 centavos de dólar. Con lo cual, si es cierto que fueron tres millones de votos panameños, el país gastó en 24 horas dos millones 250 mil dólares. Ese fue el precio de alcanzar la victoria. Y si fue más, nadie lo sabe, nadie lo sabrá.