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01 de Jun de 2020

Nacional

¡Hasta luego, Tío Diógenes!

PANAMÁ. Hoy nuevamente tengo collareja; aquello que te oprime el alma y primero te adormece el tun-tun-tun del corazón, para de repente ...

PANAMÁ. Hoy nuevamente tengo collareja; aquello que te oprime el alma y primero te adormece el tun-tun-tun del corazón, para de repente acelerarlo cuando tu mente vuela hacia la nostalgia de los recuerdos.

Así es que funciona la collareja cuando te abraza, oprime y aprieta el espíritu, hasta comprimirlo y doblegarlo por el peso del dolor que te aqueja.

Muchos se preguntarán ¿qué es la collareja y de dónde sale esa palabra?

La escuché por primera vez a finales de la década del ochenta, en una oscura noche en lo profundo de la selva darienita, mucho más allá de Boca de Cupe.

EL NEGRO CACHACO

Un negro pizpireto descendiente de aquellos afrocoloniales que llegaron en 1502, conocido como Cachaco, de piel tan oscura como aquella noche, me contó que la collareja llega cuando nos agobia la melancolía, por el alejamiento de un amor, una amistad o la pérdida de un ser querido.

Eso es la collareja, como me lo definió Cachaco en 1988; tristeza, sentimiento puro, dolor golpeando el alma. Como seguro estoy que también aprieta el alma de todos los que fuimos tocados por él, su esposa Nena, sus hijos Diogenín, Vielka, y Clara, y a sus nietos. La collareja habrá posado su melancolía sobre sus hermanos Toño, Temi, Toti y Nidia.

Hoy la collareja también debe estar consumiendo a Ángela Cedeño, por la partida de su tío padrino Diógenes. Pero hoy no voy a llorar por la partida de Diógenes, ¡voy a brindar por lo que fue su vida y su obra!

Y es que Diógenes es, (y lo digo en presente porque así debe ser el sentimiento y el recuerdo íntimo) esposo de su señora esposa, padre de sus hijos, abuelo de sus nietos, hermano de sus familiares y verdadero y profundo amigo de sus amigos; ese es Diógenes Francisco Cedeño Cenci, Panchito, como lo llamaban su madre Maxilia Gregoria y sus hermanos...

CON AROMA A CAFÉ EN CASA DE INQUILINATO

Quiero empezar recordando que Diógenes es un calidoniero del barrio de Calidonia con sus viejas caseronas y el café negro bien caliente, de aquellas madrugadas cuando tío Toño se convirtió en el eterno soldado protector de aquel negrito medio cegatón, que años mas tarde se convertiría por esfuerzo propio y por el poder de sus obras, en uno de los más grandes intelectuales de nuestro país.

Ese mismo café con aroma y sabor a cuarto de inquilinato, administrado bajo el amor y el rigor de Doña Maxilia, una joven viuda que supo educar a sus hijos con el tino, el rejo parejo y la suficiente fuerza y guía moral para convertirlos en hombres y mujeres de bien.

Del barrio de Calidonia hacia las aulas escolares, Diógenes templó su espíritu en los claustros del Instituto Nacional, y luego la Universidad de Panamá, donde obtuvo su diploma de Profesor de Español.

Luego estudió en la Complutense de Madrid, se doctoró con el grado de sobresaliente cum laude en Filología Románica.

DIÓGENES TOCÓ A MUCHOS

Como educador, Diógenes tocó y cambió la vida de muchas personas, sobre todo de origen humilde que vieron en la educación la herramienta eficaz para avanzar hacia mejores destinos.

Desde Chiriquí y Bocas del Toro, pasando por la comunidad indígena de Soloy, Veraguas, Aguadulce, Colón, hasta Darién, donde sentó las bases de la universidad popular darienita.

En el aspecto profesional, equilibró sus tareas docentes con el ejercicio de cargos públicos de responsabilidad, tales como los de director del Instituto Nacional de Cultura, director del Departamento de Español de la Universidad de Panamá, rector de la Universidad de Panamá, asesor cultural del Ministerio de Educación, ministro de Educación, director de los centros Regionales de Chiriquí y Veraguas y director del Instituto Centroamericano de Administración y Supervisión de la Educación.

EL QUIBIÁN Y CRISTÓBAL COLÓN

Dos últimas obras sobre Cristóbal Colón, y sobre el orgulloso guerrero indígena veragüense conocido como El Quibián, fueron sus favoritas. Descubre que por allá por 1503, el poderoso Quibián hizo huir de tierras veragüenses al propio Cristóbal Colón, a quien afiebrado y todo lloroso no le quedó más remedio que admitir su inferioridad ante la fuerza y poderío de la raza indígena panameña.

Pero no solo eso, el ataque a Cristóbal Colón se convirtió en la primera derrota en tierra firme (América) que sufriera el imperio español. Fue tanta la impresión y el miedo que el Quibián causó en Cristóbal Colón, que este lo llamaba el señor de la tierra. Y todo este rescate de la historia profunda panameña lo hizo Diógenes Cedeño Cenci.

Por esa razón, hoy quiero vencer a la collareja, para brindar por la vida y obra de Diógenes Cedeño Cenci.

Hoy la collareja tendrá que esperar, porque brindaré y cantaré al recordarte siempre.

No me queda más que decirte hasta luego amigo; hasta pronto tío Diógenes; hasta más tarde mi friend como nos dijimos hace una semana; hasta pronto, mi friend Diógenes.