01 de Oct de 2022

Nacional

Panameños vivaces, capaces y de ingenio profundo

uenta un sacerdote panameño que mientras leía lo descrito por un extranjero del siglo XVIII, acerca de las extraordinarias cualidades qu...

uenta un sacerdote panameño que mientras leía lo descrito por un extranjero del siglo XVIII, acerca de las extraordinarias cualidades que adornaban a los panameños de entonces, le traía a su recuerdo algunos funerales en los que se hablaba del muerto en términos que lo llevaban a preguntarse: ¿Esta es la misma persona que conocí?

¿Cómo era el panameño en el siglo XVIII? Un aporte que auxilia a quien quiera responder es el manuscrito (de 1771, pero descubierto en 1959 y traducido al español en 1994) de un sacerdote llamado Mario Cicala, quien describió una impresionante semblanza de los ‘vivaces, muy capaces, de ingenio muy perspicaz, agudo, pronto y profundo’, que caracterizaba a los panameños.

El padre jesuita Rosendo Torres, de nacionalidad panameña, divulgó parte del contenido del manuscrito de Cicala. Reveló que Cicala ‘permaneció aquí más de un año’. Citamos parte del manuscrito de Cicala, en lo correspondiente a las descripciones del panameño del siglo XVIII.

‘Los habitantes de Panamá (se puede decir lo mismo de todo su distrito y territorio) son todos de una manera vivaces, muy capaces, de ingenio muy perspicaz, agudo, pronto y profundo. Tanto los hombres como las mujeres, quizás con mayor eminencia en éstas que aquellos, tanto la gente noble como en la plebeya. Todos confiesan que el clima de Panamá produce prodigiosos ingenios, con una aptitud universal para todas las ciencias. En la ciudad de Lima los jóvenes panameños trasladados allá por los Colegios y Seminarios no eran llamados de otra manera que con singular vocablo de preciosísimas perlas de Panamá. Tuve 42 discípulos en la escuela de Gramática y de ellos solamente dos jovencitos fueron de ingenio lento y obtuso, todos los demás eran de sorprendente capacidad. En menos de dos años habían ya acabado toda la Gramática, hablaban latín con expedición, no había libro latino que no lo explicaran con la más clara exactitud y rapidez. Componían en latín, dándoles un tema con argumento clarísimo y usando todas las más selectas elegancias. En resumen, componían versos exámetros y pentámetros y lo que era más admirable, que no recuerdo haberles explicado regla alguna dos veces. En las principales ciudades y más famosas, los únicos que destacan maravillosamente entre todos los grupos de hombres doctos y eruditos son los panameños.

En Quito, Lima y otras partes los panameños son los que brillan entre los abogados. Entre los catedráticos y lectores, los más célebres son los panameños entre las Audiencias y Cancillerías regias, es decir, entre los togados, los panameños son los más científicos y famosos. Entre los Capítulos eclesiásticos, los panameños sobresalen como los más eruditos. Para predicar resultan excelentísimos.

En resumen hasta en la Corte de Madrid han sido admirados con extraordinario estupor tres jóvenes panameños nobles, pero pobres, sin otro capital que el de su capacidad e inteligencia. Uno de ellos, a la edad de 24 años fue admitido por el Rey como abogado de los Reales Consejos, y un Consejo nobilísimo y de los más principales de apellido Pliego y Valdés, se empeñó en querer casar a su hija con dicho joven, por su extraordinaria capacidad admirada en toda España con un gran estupor de todos. El otro por su vasto ingenio y gran erudición, joven de 20 años mereció la dignidad de Bibliotecario del Rey, hace menos de dos años; otro fue hecho Obispo todavía muy joven, por su prodigiosa inteligencia. Conocí de Panamá muchos abogados, un Vahos, un Paz, un Luscando, etc. de talento tan eminente, vasto y portentoso que llenaron de admiración a toda la ciudad de Lima, cada escrito que dictaba era digno de imprenta. El tercero de los citados, don Fermín Buscando, primeramente casado, luego muerta su esposa, sacerdote ¿qué ciencia no la poseía en grado eminente? Eximio en Filosofía, Teología, Jurisprudencia, Cánones, Moral y en toda clase de erudición. A la edad de 18 años comenzó a alegar y defender litigios en la Real Audiencia de la ciudad de Lima con la admiración de todos los oidores y jueces más ancianos y versados en las leyes durante 40, 30 y aún con 50 años no hubo jamás uno de ellos, ni de aquel gran número de abogados, que los hay en aquella ciudad a centenares, que pudiera responder y contradecir sus alegatos y escritos. Al presente ¿quién es el abogado más célebre en todo el Perú y en la capital de Lima? Un panameño. ¿Quién en la ciudad de Guayaquil? Un joven panameño, también jesuita expulso. ¿Quién en Popayán? Un Boniche panameño, hijo de un maltés que se casó en Panamá. Pero ¿quién puede contar uno por uno los panameños de gran inteligencia, clara y profunda, cuando hablando en general todos están dotados de tales prendas naturales? Las señoras también son de las más capaces. Los mulatos y negros criollos, es decir, nacidos en Panamá, libres y esclavos, todos salen de ingenio altísimo, claro y perspicaz (…)’.