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14 de Apr de 2021

Nacional

¿Cómo no iba a querer un canal a través del Istmo?

Falta de mulas, decenas de compañeros de viaje muertos por cólera y, en general, un sinnúmero de tropiezos que padeció el capitán Grant,...

Falta de mulas, decenas de compañeros de viaje muertos por cólera y, en general, un sinnúmero de tropiezos que padeció el capitán Grant, cuando atravesó el Istmo en 1852, llevan a preguntar: ¿Cómo, después de eso, no iba a querer un Canal por el Istmo?

Años después de esa amarga experiencia, cuando alcanzó la presidencia de Estados Unidos, se propuso construirlo, sin duda, tomando en consideración la avalancha de inconvenientes que se precipitaron sobre su accidentado viaje por el Istmo.

Examinemos algo de lo que vivió (más bien sobrevivió) Grant durante la travesía que debió emprender por el Istmo. Resulta que en la primavera de 1852, se ordenó que toda la 4ª compañía de Infantería fuera trasladada desde Nueva York hasta la costa Pacífica de Estados Unidos. Para ello, la ruta más corta y menos peligrosa, parecía ser a través del Istmo de Panamá. A Grant se le encomendó la misión de dirigir la travesía. Sus experiencias en ese viaje quedaron registradas en sus memorias personales Personal Memoirs of U.S. Grant, 1885; de las que entresacamos (del capítulo XIV) un apartado que se intitula ‘Cruzando el Istmo’.

Luego de evocar cómo, desde el 5 de julio de 1852, ocho compañías navegaron desde Estados Unidos hacia Aspinwall (como los norteamericanos llamaban a Colón), Grant rememoró con nostálgico pesar lo incómodo que le resultó tal viaje. Citamos extractos: ‘En ocho días llegamos a Aspinwall. Para ese tiempo las calles del pueblo estaban en ocho o diez pulgadas bajo el agua y los pies de los pasajeros pasaban de lugar en lugar con elevados pasos. Julio está en plena temporada mojada en el Istmo. (...) Todo fue enviado a Cruces, un pueblo a pocas millas arriba del río Chagres hacia Gorgona. Allí encontré americanos sin peculio, quienes habían aceptado el contrato de transporte (...) mucho por cada mula. Pero cuando buscamos Cruces, no había una mula, ni para paquetes ni para ensillar (...). El contratista prometió que los animales debían estar disponibles en la mañana. En la mañana, él dijo que ellos estaban en camino desde un imaginario lugar y que llegarían en el curso del día. Esto fue así, hasta que vi que él no podría procurar los animales al precio que había prometido arreglarles. El inusual número de pasajeros que vinieron sobre el vapor, y la gran cantidad de carga para empacar, creó una demanda de mulas sin precedentes. Algunos de los pasajeros pagaron tan alto como cuarenta dólares por el uso de una mula para transportarse veinticinco millas, cuando la mula no sería vendida por diez dólares en ese mercado en otros tiempos. Al mismo tiempo, el cólera estalló, y los hombres estaban muriendo a toda hora. (...) El regimiento en Panamá fue también afectado con la enfermedad; (...) había un hospital tienda en tierra, en la isla de Flamingo, que está en la bahía. Fue aproximadamente una semana en Cruces, antes de que el transporte comenzara a llegar. Cerca de un tercio de las personas conmigo murieron, ya sea en Cruces o en la travesía a Panamá. (…) nosotros finalmente llegamos a Panamá. El vapor, sin embargo, no podía proceder hasta que el cólera disminuyera, y el regimiento fue detenido todavía más tiempo. En general, en el Istmo y en el lado pacífico, sufrimos un retraso de seis semanas. Cerca de uno de cada siete de quienes dejaron el puerto de Nueva York con la cuarta infantería, el cinco de julio, ahora permanecen enterrados en el Istmo de Panamá, o en la Isla de Flamingo en la Bahía de Panamá. Una divertida circunstancia ocurrió mientras estábamos tendidos con el ancla en la bahía de Panamá. En el regimiento había un teniente Slaughter que era muy propenso a enfermarse por el mar. Este casi se enferma con sólo ver la ola de un mantel cuando los sirvientes estaban expandiéndolo. Poco después de su graduación, Slaughter fue asignado a California y tomó su pasaje con una nave yendo alrededor de Cabo de Hornos. La nave estuvo siete meses haciendo el viaje, y Slaughter se enfermó a cada momento. Desembarcando en California, supo de órdenes que venían del Istmo, notificándolo de un error en su asignación; él debería haber sido asignado para los lagos del norte. Él viajó de regreso por la ruta del Istmo y estuvo enfermo todo el camino. Pero, cuando llegó al Este estaba asignado nuevamente a California, esta ocasión definitivamente, y a esta fecha estaba haciendo su tercer viaje. Él estaba tan enfermo como siempre, y estuvo así por más de un mes, mientras permanecíamos tendidos con el ancla en la bahía. Yo lo recuerdo bien, sentado con sus codos en la mesa mirando una pintura desesperado. Al final el estalló: ‘yo quisiera haber tomado el consejo de mi padre, él quería que yo fuera a la naval, si yo hubiera hecho eso, no debería tener que ir al mar mucho’. Pobre Slaughter, este fue su último viaje por mar. Él fue asesinado por los indios en Oregon. A finales de agosto, el cólera ha sido tan disminuido que consideramos comenzar a salvo. La enfermedad no estalló nuevamente camino a California y llegamos a San Francisco a inicios de septiembre’.