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21 de Jan de 2020

Nacional

El brazo policial golpea a deportistas

Un día sin número, en una hora cualquiera de un año que podría ser el actual, jóvenes deportistas, rostros que aquí no tendrán nombre, v...

Un día sin número, en una hora cualquiera de un año que podría ser el actual, jóvenes deportistas, rostros que aquí no tendrán nombre, vivieron una historia que narran sin ningún atisbo de tragedia: saben que los enfrentamientos con la policía son moneda corriente en los suburbios de la ciudad. La anécdota llega con todas las precisiones que se evitarán consignar, para no exponerlos más, pero que están documentadas en la denuncia que interpusieron los padres en la estación de policía y que se replicó, con diferencias, en la Secretaría de Niñez y Adolescencia.

Llega con el relato de Quintín y el ‘El Pancero’, que rememoran la experiencia así: ‘Como todos los días, después de entrenar fuimos a tomar algo y esperar el bus. Allí se armó el alboroto. El man (por el policía) primero nos sacó de la tienda, nosotros salimos, íbamos para el restaurante y el man nos siguió, entonces nos sentamos en el andén pa’ que no nos molestara. Ya estaba anocheciendo. El man empezó a decir: ‘no los educan, por eso son unos bandidos’. ¡Áyala vida! Y el bus no llegaba y el man no se callaba y el bus no llegaba. Quince minutos después ¡por fin llegó! Nos montamos, Quintín fue el último. El bus ya iba arrancando cuando a Quintín se le da por gritarle al man ‘qué va, si vos lo que estás es parrandeado ¡policía corrupto!’, relata.

Quintín, que había estado atento al relato de su compañero, reflexiona en voz alta: ‘Esa canción que dice ‘la policía te está extorsionando, pero ellos viven de lo que tú estás pagando y si te tratan como a un delincuente, no es tu culpa, dale gracias al regente... Yo por eso me quejo’, dice la verdad ¿no?’. ‘El Pancero’ empieza a cantar la canción de Molotov, la historia mexicana que sienten como propia en Panamá: ‘Gente que vive en la pobreza y nadie hace nada porque a nadie le interesa’, corean.

MALOS MUCHACHOS

Ellos son los hijos no deseados de Panamá. Muchachos que nacieron en el lado oscuro de la ciudad y se criaron con las lógicas de la supervivencia del más fuerte. ‘No son ningunos angelitos’, dice su entrenador, y con toda razón. Vienen de familias violentas, acostumbrados a responder al menor ataque. Pero el deseo de ser jugadores profesionales y tener una opción de vida diferente, los llevó a cambiar el delito por el deporte, las armas por el sudor y así, entre estrategias de equipo y partidos, retan día a día su realidad barrial.

Cuentan que no imaginaban que aquella tarde, lejos de la violencia de sus barrios, se toparían con uno de los comandos de la fuerza policial de Panamá, originando otra lucha urbana que retardaría su regreso a casa.

Hubo miradas feas, palabras subidas de tono y respuestas a un ataque verbal del oficial: ‘Cuando un guardia me habla bien le contesto bien, pero si me habla mal, le contesto mal; y si me golpea, lo golpeo’, cuenta Quintín.

Para Maribel Jaén, directora de la de la Comisión de Justicia y Paz, es importante entender que ‘si los muchachos son maleducados, esto no justifica al policía que los agrede’. En estos casos, dice, ‘el principal exponente de buenos modales debe ser el policía. La autoridad debe respetar para hacerse respetar, no agredir para hacerse respetar’.

EL VIAJE QUE NO FUE

Adentro del bus, los compañeros de Quintín se reían. El alboroto de los muchachos incomodaba a los otros pasajeros y cuando el policía los alcanzó, agarró del pantalón a Quintín y lo tiró a la calle, zarandeándolo de un lado a otro. Los muchachos se bajaron del carro para separarlos. El bus arrancó la marcha. Policía y futbolistas jugaron sus roles.

Los refuerzos policiales, dos motorizados y dos patrullas, llegaron, según consta en la denuncia. La secuencia que siguió los muchachos la recuerdan así: co rrieron detrás del bus para escapar y los policías detrás de ellos. No los dejaron ir. De repente sonó un disparo. ‘Algunos se tiraron al piso, otros corrimos más rápido’, recuerda ‘El Pancero’. Las versiones encontradas hablan de ‘disparos directos a los pelados’ y ‘disparos al aire’.

Los muchachos saben que la relación con la policía nunca fue buena en el lugar donde viven. Una realidad que Celia Moreno, coordinadora de la Asamblea Pro Ciudadana, explica así: ‘Esto ocurre porque en este país aún se cree que hay ciudadanos de primera y de segunda categoría, a estos últimos es válido tratarlos fuertemente y nadie va a protestar’.

EPISODIOS DE VIOLENCIA

—Ustedes tienen que r espetarnos porque no somos delincuentes—, les dijo ‘El Pancero’ a los policías cuando lo subieron a la patrulla.

—¿Ah sí?— respondieron..

‘¡Áyala vida! Fue peor. Como que al policía no le gustó que lo cuestionaran y de repente... la picazón, el ardor en la garganta, las ganas de escupir, de vomitar, qué vaina tan fea. ¡Nos echaron gas pimienta!’, recuerda Quintín. De la provocación verbal a los jalonazos, de la persecución a los disparos, del gas pimienta en la patrulla a la estación de policía, no hubo muertos, sí apaleados.

‘En menos de dos horas habíamos vivido una historia violenta sin buscarla. ¡Brutal!’, concluye ‘El Pancero’, recordando la frase de Quintín al entrar a la estación. ‘El policía parrandeado nos dijo que nos calláramos para ayudarnos. ¿Ayudarnos a qué?’, le respondió bravo Quintín.

Pasado todo eso, después de elaborar el informe policial, de la llamada del entrenador y la llegada de los padres al cuartel, empezaron a salir los muchachos.

Pasado todo eso, el entrenador les dijo: ‘Acá los policías cuando lo quieren joder a uno lo joden, por eso compórtense. Nadie habla más de esto y a concentrarnos en el juego’. Decidió olvidar el caso y no permitió tomar fotos para proteger al equipo de las represalias.

La Estrella intentó hablar con Gustavo Pérez sobre este caso, y otros, pero él no está dando declaraciones. Jairo Polo, funcionario de la oficina de comunicaciones, info rmó: ‘No hay ninguna crisis de violación de derechos humanos por parte de la institución. Los policías simplemente están haciendo su tra bajo y no pueden permitir el irrespeto al uniforme, por eso están entrenados para defenderse ante las actitudes violentas’. El funcionario contó que 2,400 miembros ya han sido destituidos por abuso y coima, pero advirtió que no van a ‘dirimir sobre casos particulares’. Además, invitó a la ciudadanía a interponer sus denuncias en la DRP. Los padres de Quintín, ‘El Pancero’ y sus compañeros, no lo van a hacer.

Según el informe judicial, que descansa en la Secretaría de Niñez y Adolescencia, en este caso ‘no hubo tiros ni agresión policial. Entre relajo y groserías, los jóvenes agredieron a un miembro de la Fuerza Pública y por eso fueron detenidos’. La versión de los muchachos no se tomó en cuenta al hacer el informe. Por eso los padres decidieron callar: ‘Al fin y al cabo nadie va a hacer nada. Es mejor protegerlos así, en silencio’, dice uno.