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28 de Nov de 2020

Nacional

Jóvenes comprometidos, más allá de la indignación

El 15-M, el movimiento estudiantil en Chile, indignados que salieron a las calles del mundo para exigir un cambio en la forma de entende...

El 15-M, el movimiento estudiantil en Chile, indignados que salieron a las calles del mundo para exigir un cambio en la forma de entender la política. Como nunca antes, en el 2011 los jóvenes asumieron un papel protagónico en la visibilización de los problemas de una sociedad que siente que llegó el momento de generar nuevas ideas y enfoques.

Ese es el diagnóstico, uno que nadie discute. Ahora, ¿cómo hacer que de esa emoción colectiva surjan ideas y reflexión aplicables a la realidad? ¿Cómo canalizar los sentimientos a la acción organizada? ¿Cómo integrar esas necesidades a la política real? Esos son los interrogantes sobre los que 64 jóvenes iberoamericanos debatieron en el IV Encuentro Iberoamericano de Juventud Carta Joven, en Antigua, Guatemala.

Pertenecen a gobiernos, militan en partidos políticos o en organizaciones de la sociedad civil. Todos comparten la misma inquietud: hacer de este rincón del mundo un lugar mejor.

Un ciclo organizado por la Organización Iberoamericana de Juventud (OIJ), propiciado también por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y el Instituto para la Juventud Española (INJUVE).

Durante cinco días, analizaron la situación de las juventudes, los gobiernos, los medios y las minorías en la región. Todo eso con un foco: cómo, desde la juventud, pueden promover valores en el manejo de la cosa pública y cómo, a su vez, pueden conseguir lugares y participación real para esa generación.

LA DISCUSIÓN

Este fue el año en el que el mundo entero, tal vez motivado por el colapso de la crisis económica, se indignó. Y esa indignación la canalizó en movimientos, marchas, actos.

Ahora ¿qué? ¿Qué sigue? Esa fue parte de la discusión que incentivó la OIJ entre los jóvenes que participaron en Carta Abierta. Luis Salaya, un español que vivió de cerca el fenómeno de marzo, no duda: ‘Ha sido un movimiento con un gran potencial, como punto de partida es algo positivo: salimos y mostramos que somos muchos, que somos fuerza’. El problema, acepta, es ver cómo se canalizará, ya que ‘no puede hacerse un movimiento de cambios reales rechazando liderazgo, rechazando ideologías, rechazando posiciones políticas’.

Si estos eventos sociales masivos aparecieron por ciudadanos que no se veían reflejados en la política, lo que Carta Joven propuso indagar es cómo lograr que en la democracia esté dada la representación.

Con ese tema marco, hubo paneles y talleres en torno a redes sociales, visibilidad de las reivindicaciones sociales, aprender a entender lo social y el desarrollo de la inteligencia emocional en las organizaciones. También ‘expresiones artísticas y culturales, otra forma de participar’. A ellos llegaron voceros del movimiento de indignados de España y activistas en la lucha estudiantil chilena, además de especialistas que compartieron las herramientas para entender el tema.

Como Carta Joven es una red que pretende fomentar el intercambio y propiciar la capacitación en líderes de la región, compartieron buenas experiencias de OIJ: que lo que funcionó en un país pueda ser aplicado a otro. Buenas ideas y metodologías para implentar.

Y, con una mesa de periodistas, la representación en los medios de comunicación de Latinoamérica.

SITUADOS EN LA REGIÓN

‘Aquí hay una juventud participativa, que quiere crecer, con ganas de salir adelante y de generar justicia social’, dice Pablo Liber, un uruguayo que milita en el Frente Amplio de su país. Ahora, agrega, hay que aceptar la responsabilidad de un rol: ‘Los jóvenes no estamos tan bien, no tenemos las oportunidades para desarrollarnos y para salir adelante. Entonces necesitamos involucrarnos para ganar espacios y que el poder nos tenga en cuenta’. Eso se logra, para Pablo, participando en ONGs, partidos e instituciones.

En la misma sintonía, la colombiana Andrea Verdugo analiza que en los países de la región es difícil para el grupo conseguir ‘meter temas en la agenda política y en la agenda pública, porque enfrentamos un status quo’. Por eso festeja que haya espacios como Carta Joven: ‘Este tipo de escenarios nos permite ver que no somos solo nosotros y que tenemos una solidaridad regional, jóvenes de Latinoamérica que estamos buscando reconocer unas mismas causas y con esto lograríamos tener una fuerza y un brazo que nos impulse mucho más en el activismo’.

En el intercambio de los cinco días, muchos sintieron que la pelea por la participación en sus países está en los últimos lugares de la región. Tal es el caso de Panamá: ‘En Panamá se nota bastante la diferencia, puesto que el joven no tiene espacio y no hay renovación generacional’. Eso, acota Edgar González, a pesar de que componen más del 50% del padrón electoral. Por eso llega con la idea de ‘participar más’.

LOS COMPROMISOS

Al momento de las conclusiones, Carta Abierta asumió compromisos y elaboró una serie de exigencias para la clase política de Iberoamérica.

En el documento conjunto, el colectivo reclama, como condiciones necesarias para la gobernabilidad, que los gobiernos trabajen de la mano con la sociedad civil y los sectores sociales, para involucrar a todas y todos en el accionar público.

También proponen promover escenarios de encuentro y diálogos entre las diferentes organizaciones, con agendas comunes que apunten al bien común.

Y, entre otros puntos, avisan que velarán para que los Estados avancen hacia la efectiva realización de la justicia social, independencia económica y la soberanía.

Todo ello es necesario, acotan, por la crisis de representatividad, en razón a que la sociedad no siente que se evidencie una voluntad política que permita atender a sus demandas sociales, como por ejemplo, la ausencia de políticas de Estado a largo plazo, la falta de soberanía de algunos Gobiernos en materia económica y política, que hace que mantengan modelos que replican la desigualdad social y la falta de oportunidades.

Aquí están estos jóvenes líderes que se comprometen a pelear por eso. Porque, como afirmaron todos: ‘Las juventudes iberoamericanas están llenas de grandes retos en cuanto a la transformación positiva y propositiva de sus realidades y, también, en cuanto al reconocimiento como sujetos de derechos y protagonistas de desarrollo en el presente’.