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03 de Feb de 2023

Nacional

¿Qué hay detrás de la pelea?

La vida política en Panamá implosionó con furia en agosto de 2011. La causa tal vez sea la metáfora más perfecta de lo que sucede al in...

La vida política en Panamá implosionó con furia en agosto de 2011. La causa tal vez sea la metáfora más perfecta de lo que sucede al interior de un Gobierno ajeno a los planes y proyectos, a los debates a largo plazo y a la consolidación de una democracia que después de 21 años no termina de afianzase: un supuesto negociado con tierras de un parque en Paitilla.

El Estado cedía más de una hectárea a un florista. La primicia de La Estrella conmocionó a la opinión pública y empujó al vicepresidente y entonces Canciller, Juan Carlos Varela, a distanciarse del presidente Ricardo Martinelli: ‘Le pedí al Presidente que escogiera entre mi persona y los empresarios que promovieron la inscripción del terreno’, dijo Varela. Martinelli le pidió la renuncia y el panameñismo se fue en bloque del Gobierno.

Ahora, en una versión remixada, volvieron a enfrentarse. Otra vez por un supuesto negociado. Otra vez la metáfora perfecta, el grano de arena que muestra un mundo: la preocupación por los negocios y el imperio de la lógica del rédito—ganancia—lucro en la política.

‘Esta es una lucha de poderes económicos’, acepta Alfredo Prieto, exsecretario de Comunicación. ‘Estamos presenciando una radicalización de la posición de la política para los negocios. Esto pone en peligro no solo la estabilidad del Gobierno, sino también la del país’, amplía el sociólogo Marcos Gandasegui .

¿Por qué están enojados, realmente, Varela y Martinelli? ¿Están realmente enojados? Una máxima del manual del buen político reza que el que se enoja miente o pierde. Y el sentido común indica que los enojos casi siempre son por plata.

Están también quienes solo ven aquí una lucha de poder, una confrontación anticipada para definir quién será el próximo Presidente. Si fuera así: el poder, ¿para qué se usa hoy en Panamá? ES LA ECONOMÍA

‘Mira tú, ahora es el más santo’, fue el comentario de Joel Pérez, mientras miraba la televisión de la fonda donde almorzaba. ‘Él apareció en mi pueblo Membrillo Arriba, voté por él y hasta ahora es que lo vuelvo a ver. No se apareció más…’. Tenía ante sus ojos a Aurelio Alonso, representante de El Pajonal de Penonomé que denunció un supuesto chantaje de parte de Gabriel De Janón, para que se cambiara del Panameñista a Cambio Democrático.

Es una postal que se sucede en otros pueblos y ciudades del país. Un ejemplo de la distorsión de la política panameña. Electores desconformes con sus representantes y referentes que aparecen solo a la hora del voto. ¿Para qué están hoy los políticos? ¿Para qué un Presidente y un vice? ‘Tenemos una crisis de la institucionalidad política: corrupción, concentración de poderes y violación del Estado de Dere cho’, analiza la historiadora y antropóloga Ana Elena Porras. Y arriesga que si bien la cultura del ‘nuevo rico’, materializada en dar prioridad al rédito inmediato, mucho dinero y poca solvencia intelectual, ha impregnado todos los ámbitos, Martinelli parece que ‘hubiese llegado únicamente con la intención de hacer negocios, él y sus allegados’.

Porras no es la única sorprendida. Los niveles de corrupción y de negociados en el Estado asombraron hasta el propio exdictador Manuel Antonio Noriega. También a un funcionario de la Embajada de Estados Unidos en Panamá: ‘No sé quién es más corrupto, los actuales o los que le precedieron’, comentó.

‘Todos sabemos que los grupos económicos del país se han aprovechado de los Gobiernos para enriquecerse más. Ninguno lo ha hecho por el engrandecimiento de la patria’, concuerda Mario Rognoni.

‘ Tanto Varela como Martinelli ven el poder como un negocio. La irracionalidad los lleva a este tipo de escenarios porque el país no es un negocio’, acota Miguel Antonio Bernal.

Luis H. Moreno, reconocido ex banquero y hoy presidente de la Fundación Panameña de Ética y Civismo, piensa igual: ‘¡Se desvirtuó la política a causa de intereses que no tienen nada que ver con el verdadero sentido político real. No cabe la menor duda que detrás hay vanidad, intereses y control’.

No es algo nuevo ni sor prendente para Mauro Zúñiga: ‘En Panamá desde que nos separamos de Colombia las pugnas políticas han sido dentro del sector económico. Siempre, sin ninguna transcendencia para la comunidad’.

José Blandón no coincide: cree que hay un núcleo político en el centro del enfrentamiento: ‘El Gobierno tiene la intención de mantener la segunda vuelta y de polarizar con el PRD. Esa estrategia, Cambio Democrático la consigue con la eliminación del panameñismo. Pero hoy la polarización política se está dando entre el PRD y el panameñismo, y es muy difícil que este Gobierno se reelija. La intención del gobierno siempre ha sido política’.

—¿No es una batalla de grupos económicos? —Es que no representan poderes económicos antagónicos, se mueven en sectores diferentes.

Es la voz discordante del conjunto de todos los que hablaron con La Estrella para este informe. En pocas palabras, pareciera que una vez más los grupos económicos han penetrado los partidos políticos para acceder a las riquezas nacionales. Lo que vemos hoy es la lucha de poderes entre grupos económicos por el usufructo de los negocios que se obtienen a través del manejo del Gobierno.

¿EL FIN DE LA POLÍTICA?

Hoy magistrados piden cordura y responsabilidad. La Iglesia Católica llama a un diálogo y a un pacto ético. La sociedad civil muestra preocupación y políticos temen que no haya elecciones transparentes.

Algunos creen que ni siquiera habrá campaña política: ‘El Gobierno pretende destruir la posibilidad de que en el país tengamos campaña electoral. No vamos a discutir un proyecto sino la honorabilidad y ética de quienes nos gobiernan. Ahora el problema no es si roba o no roba, es quién roba más’, vaticina Gandasegui.

Históricamente la política fue la herramienta para transformar las sociedades. Así, los partidos discutían hacia el interior el modelo social que querían llevar adelante, lo presentaban y, si los ciudadanos los elegían, lo ejecutaban. A nivel global la crisis de los partidos políticos, que comenzó en los 70, hizo que se abandonaran los grandes debates y no se promoviera el intercambio de ideas.

Panamá no escapa y va más allá, incluso muchos ven que está en un momento bisagra: ‘La justicia se ha deteriorado y hoy la impunidad es lo que prima’, sostiene Moreno. Y agrega que vicios que se crearon durante la dictadura se consolidaron los 21 años posteriores.

‘Hay una creciente irracionalidad que se da por parte del ejercicio del poder político ante una ausencia de control ciudadano’, vislumbra Bernal. En la lucha por el poder, continúa, se producen ‘estas disputas que pueden traer más violencia y resentimiento dentro de la población’.

Hoy no hay debate: hay peleas de vestuario por querer tocar más la pelota. Tampoco hay tolerancia a la diferencia de ideas o perspectivas. O apertura a la contraposición para analizar posibles escenarios futuros. ‘Pareciera que los intereses del CD se han adueñado de la agenda gubernamental’, lamenta Gandasegui. Es un problema muy serio, acota, en un país que debería ‘estar planificando el superávit. No puede resolver los problemas de educación de su juventud y los hospitales están cerrando por condiciones de salud que dan vergüenza’.

No hay confrontación para llegar a síntesis superadoras. ¿Será Martinelli seguido oculto del realista político alemán Carl Smith, que sostenía que si bien el pluralismo político es la base misma de cualquier democracia, no puede instalarse dentro de una y la misma unidad política, pues destruiría a la vez su politicidad y su unidad? ¿O será que no es la política la cuestión que le interesa o preocupa? Para Martinelli, el vicepresidente Juan Carlos Varela fue desleal y por eso debe renunciar. La lealtad política está emparentada, en la visión de muchos, con la obligación política de mantener el poder. Ahora, ¿el poder se destruye sólo cuando se desobedece o, también, cuando se crean razones de desobediencia? ¿En qué habrá desobedecido Varela?