28 de Sep de 2022

Nacional

‘No te recuperas de la muerte de un hijo’

La democracia panameña ha perdido la inocencia. A punta de muertos. Josué Patricio Betancourt ha dejado un gran vacío. La muerte violen...

La democracia panameña ha perdido la inocencia. A punta de muertos. Josué Patricio Betancourt ha dejado un gran vacío. La muerte violenta cortó sus gritos y su mamá aún llora cuando recuerda e l bullicio de ‘Pelón’, como le decían al niño de 10 años. Vive en llanto esta madre. Un llanto que generaron las decisiones políticas y policiales. Llora y no puede parar. Dice que se arrepiente de los regaños al pequeño porque ahora el silencio agobia. No hay nada que la calme: ‘No te recuperas nunca de la muerte de un hijo’, dice. Quisiera volver el tiempo atrás, hasta ese viernes 19 de octubre, cuando ‘Pelón’ curioseaba afuera las protestas por defender la Zona Libre de Colón de la venta que había impuesto el presidente Martinelli. Desde ese día sólo piensa en encontrarlo. Ella nunca imaginó que la policía dispararía.

Cuando la represión tomó forma y comenzaron a escucharse los disparos, ‘Pelón’ corrió. Empezó el fuego, ‘ Pelón’ intentó entrar a casa. 10 segundos más y no hubiese pasado nada. La historia sería otra. Pero no alcanzó, en la huida recibió un disparo en el costado que testigos y familiares no dudan en asegurar que salió de un arma de la policía. El niño cayó en el jardín de su casa. El ciclo de la vida-muerte acelerado por la violencia. Su muerte la lloró todo el país. Sin embargo, mientras todos, en un sentido, ya lo olvidamos para hablar de los nuevos mártires de la inundación, la madre no. Para ella la tragedia sigue y seguirá: nadie nunca —dicen— se recupera totalmente de la muerte de un hijo. La indignación crece, porque lo mató el gobierno, lo mató Panamá, nuestra democracia. El niño mártir de Colón lo llamaron todos en su despedida. Aunque era de La Chorrera.

Cuatro días después Jim Dixon Andreve salió de casa de su tía. Se había guarecido allí de las trifulcas. Esperó que las cosas se calmaran un poco para caminar las cuatro cuadras hasta su casa. Fladse, su sobrino, cierra los ojos al recordarlo. No puede ni dormir porque entre sueños lo persigue el sonido y la imagen de su tío, —‘‘tremendo tío’’— dice y ríe. Al final, llora. Su tío cayendo al suelo, el aroma fresco y perturbador de la sangre. La mirada enturbiada por las lágrimas de este joven es una postal del terror. ‘La bala lo alcanzó pasando la calle’, dice Fladse con la mirada perdida. ‘Podría haber sido yo’, culmina no sin llanto.

A pocas cuadras de su casa la misma injusta sensación de que en Panamá la vida no vale nada. La misma tarde del 23 de octubre, Yara Itzel Navarro, una vendedora de la Zona Libre, cayó en el fuego cruzado de Colón. ‘Yamileth’, como le decían de cariño, tenía tres hijas y un esposo. Antonio Castro todavía parece aturdido, no logra volver a la senda de su vida. Tiene que hacerlo por sus hijas, se dice, pero no puede dejar de pensar en su mujer. ‘¿Y qué hago yo ahora sin ella?’, le pregunta a quien lo escuche. ‘Una bala en la cabeza fren, una bala me la mató’, se lamenta el viudo. Preguntas y lamentos que retumb an en el silencio de la pequeña casa de la calle 6 con avenida Balboa. ‘Mi mami está en el cielo’, simplifica la chiquita de 4 años. Su dedito señalando las nubes da respuestas a todas las preguntas.