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16 de Apr de 2021

Nacional

Siria merece una atención mundial radical

A través de este artículo pretendo, desde mi punto de vista, dar luces de aspectos relevantes a conocer del conflicto en Siria, y la po...

A través de este artículo pretendo, desde mi punto de vista, dar luces de aspectos relevantes a conocer del conflicto en Siria, y la posible intervención militar internacional.

Siria es un Estado ubicado en el Medio Oriente, con una población de aproximadamente 23 millones de habitantes, que se encuentra sumida en una guerra civil desde hace tres años.

Para entender el resentimiento existente de gran parte de la población siria hoy por hoy, es menester hacer una reflexión sobre los orígenes de este Estado y su gobierno. Para los años 1920s, las potencias coloniales europeas delimitaron las fronteras artificiales de Siria y promovieron a la minoría Alawite (otro tipo de Islam), para que gobernara y así poder seguir ejerciendo influencia en el país. Siria es un Estado con una vasta historia, que posee diversidad étnica y religiosa, pero con una población islámica mayoritariamente Suní. Por lo tanto, la existencia de un gobierno secular manejado por una minoría Alawite (a la que pertenece Bashar al-Assad), genera animadversión por la falta de identidad, aflorando significativamente esas pasiones en este conflicto.

A mitad del 2011, una vez inspirado el pueblo sirio por el exitoso efecto dominó de la Primavera Árabe, deciden manifestarse pacíficamente, lo que generó una reacción extralimitada de represión a las protestas por parte del gobierno de Assad, torturando, secuestrando, violando y asesinando a activistas y sus familias, incluyendo niños. Assad sigue el modelo de su padre, el ex dictador Hafez al-Assad quien asumió el poder tras un golpe de Estado en 1970, y durante su gobierno igualmente asesinó a miles de civiles.

Los países miembros del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas se han reunido para buscar solución a la vorágine del sangriento conflicto, intentando pasar una resolución que condene la violencia en Siria. No obstante, el constante bloqueo de la delegación rusa (Rusia tiene derecho al veto), no permite llegar a un consenso dentro del Consejo de Seguridad. Hay que resaltar que Rusia mantiene grandes nexos con el gobierno de Assad que van más allá de sus intereses económicos. Por ejemplo, la única instalación militar rusa fuera de lo que fue la Unión Soviética se encuentra en la ciudad de Tartus, Siria.

La situación se agrava cuando se presume el uso de armas químicas que acabaron con la vida de más de 1000 personas, incluyendo niños. Ante esta amenaza a la dignidad humana, el presidente Obama reaccionó el sábado 31 del año en curso, anunciando que por su parte está listo para ordenar un ataque militar en Siria sin contar con el visto bueno del Consejo de Seguridad. El presidente Obama está facultado en el Artículo II, Sección 2 de la Constitución estadounidense, para actuar por sí mismo al ser el Comandante Jefe (Commander in Chief), del ejército y de la marina; no obstante, él buscará la aprobación del Congreso para ejercer el uso de la fuerza.

La decisión de intervención de los Estados Unidos se basa en la prevención del uso de armas químicas, como lo establece la legislación internacional, específicamente la Convención sobre la Prohibición del Desarrollo, Producción, Almacenaje y Uso de Armas Químicas y sobre su destrucción (Ginebra - 1997), ratificada por el 80% de los países a nivel mundial.

Además, el presidente Obama asegura que el estado actual del conflicto en Siria no sólo pone en juego la seguridad estadounidense, sino la de sus aliados en la región: Israel, Jordania, Turquía, Líbano e Irak.

Si bien es cierto, el gobierno Assad ha matado 100 veces más el número de civiles con armas que fuego (100 mil), que con armas químicas (1429 según el Secretario de Estado John Kerry). La decisión del presidente Obama va más allá del cese del conflicto, más bien es una respuesta contundente ante el uso de armas químicas y un mensaje implícito a futuros líderes militares que pretendan utilizar armas químicas en alguna guerra futura. La guerra también tiene sus reglas.

La decisión del presidente Obama ha desencadenado reacciones a favor y en contra dentro de los Estados Unidos e internacionalmente. Entre éstas, Gran Bretaña afirma que no actuará con un ataque militar similar al que podría emprender los Estados Unidos a pesar de la petición del Primer Ministro David Cameron, sino que colaborará a través de la inteligencia. El gobierno alemán tampoco está considerando unirse a la operación militar. Sin embargo, el presidente francés François Hollande ha expresado abiertamente la colaboración con Estados Unidos; Arabia Saudita también se pronunció, señalando que ‘llegó la hora de que la comunidad mundial haga todo para detener la agresión contra el pueblo sirio.’ Irán manifiesta que la intervención foránea encenderá todo el Medio Oriente (fuentes estadounidenses aseguran que Irán se escuda con Siria y utiliza dicho país para enviar armas a los grupos Hezbollah y Hamas). Por otra parte, el Papa Francisco pide que ‘no hayan más guerras’ y convoca a una jornada de oración por Siria.

Los ataques militares contra Siria también incluirán operaciones estratégicas de inteligencia y ciberataques severos. Según fuentes estadounidenses, actualmente hay cinco destructores de la marina de los Estados Unidos ubicados en el océano Mediterráneo esperando la orden para actuar, armados con decenas de misiles cruceros Tomahawk. También cuentan con dos portaaviones en el mar Arábigo que se cargan con los aviones de combate.

Finalmente, deseo concluir afirmando que el verdadero resultado del conflicto en Siria va más allá de las más de 100 mil muertes, los 1.5 millones de refugiados (cifra de Naciones Unidas); esta guerra civil se traducirá en una sociedad completamente quebrada, con traumas de guerra significativos y su recuperación tardará muchos años.

La esperanza que muchos guardamos, es que este pueblo logre la libertad y emerja la democracia para construcción de una Siria más humana.

*Autor es Presidente de la Federación de Estudiantes de la USMA