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27 de Nov de 2020

Nacional

El Chorrillo, la crudeza de vivir entre las polillas

PANAMÁ. Un angelito se pasea entre maderas retorcidas, clavos y viejas latas que alguna vez fueron paredes y techos.

PANAMÁ. Un angelito se pasea entre maderas retorcidas, clavos y viejas latas que alguna vez fueron paredes y techos.

Esa niña y sus padres son inquilinos de los deteriorados inmuebles de Barraza, en el corregimiento de El Chorrillo, en la ciudad capital.

Aunque en la ciudad de Panamá se vive un crecimiento vertiginoso, las maderas que ella pisa —podridas en su mayoría o llenas de polillas— podrían ceder y provocar un accidente que muchos lamentarían.

Solo es cuestión de tiempo, una mirada a las escaleras del inmueble y a sus vecinos alertan de una tragedia que podría correr como pólvora.

No es para menos. El Chorrillo es el corregimiento que encabeza la lista en la ciudad de inmuebles condenados, luego siguen Santa Ana y San Felipe.

Por añadidura, El Chorrillo registra un 3% de infestación por dengue y ayer el Ministerio de Salud encontró larvas de mosquitos que transmiten la enfermedad en las inmediaciones de varios edificios.

RESISTENCIA

La dirigente comunitaria Olga Cárdenas tiene conocimiento de un desalojo por Plaza Amador, que comunicó el corregidor a los residentes. La incomodó enseguida. ‘No han pagado, pero tienen más de 20 años de vivir allí’, aduce.

La chorrillera anuncia que en los primeros días de enero se reunirán las fuerzas vivas para defender sus moradas, ya que considera que deben proporcionarles todo en una zona donde no quieren darles más cupos de taxis y el Ministerio de Obras Públicas no repara las vías.

No obstante, las autoridades indican que las personas tienen muchos años de residir en esos barrios y no quieren salir a otros puntos de la ciudad.

Al final, esto complica la situación, ya que abandonan los inmuebles con incendios, desplomes o grandes accidentes.

El ingeniero Francisco García, director de Coordinación Nacional de Proyectos (Conapro) del Ministerio de Vivienda y Ordenamiento Territorial (Miviot), expresa que otro factor es que las pandillas de los inmuebles persuaden a las personas para que no salgan de las viejas estructuras. Es así como no aceptan lo subsidios de 150 dólares mensuales por el periodo de la reconstrucción del inmueble o una vivienda digna.

‘Logramos que acepten el subsidio cuando parte del edificio ya colapsa’.

De esa forma, las autoridades del Miviot llegan, hablan con ellos, les dicen que están en peligro y aceptan deshabitar la estructura.

Hay informes de dueños que tienen hasta 30 años que no cobran alquiler y no presionan al gobierno para que se desocupen.

PELIGRO DE INCENDIO

El Cuerpo de Bomberos de Panamá reconoce que los caserones son ‘un problema muy grave’, tanto para las personas que los habitan como para los camisas rojas cuando atienden casos de llamadas de emergencias por siniestros.

El coronel Pablo Tuñón expresa que se les pide a las personas que hagan un esfuerzo por buscar otro lugar donde vivir, pero la precaria situación se lo impide. Eso obliga a las personas a vivir en el peligro.

Según el coronel, esperando que el gobierno les responda, porque se quedan mucho tiempo en los albergues esperando una solución de vivienda.

No obstante, recomienda que si se condena una casa, hay que deshabitarla sacando a las personas, y derribarla enseguida.

Precisamente, este año la ministra de Vivienda, Yasmina Pimentel, anunció que en la provincia de Panamá se eliminarán aproximadamente 451 inmuebles con la ‘Operación Mazo’, y que de igual forma en Colón se tiene previsto limpiar la ciudad de al menos unos 355 edificios condenados.

Desde julio de 2009 hasta la fecha se han demolido 52 caserones: 28 en la provincia de Panamá y 24 en la de Colón, con una inversión estimada de $1 millón.