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16 de Jan de 2021

Nacional

Faltan muchas manos para cuidar al cocobolo

Según la Autoridad Nacional del Ambiente, la especie está en vía de extinción, pero la norma permite la comercialización controlada

Faltan muchas manos para cuidar al cocobolo
La madera tiene alta demanda en el Oriente para elaborar tableros de carros, muebles y piezas de ajedrez.

Cinco años atrás, la madera de cocobolo no tenía gran interés comercial. Su dureza le restaba valor y los compradores optaban por especies más suaves, como el espavé o el cedro.

De aquella fecha para acá, el panorama es muy distinto. Con la demanda de esta madera para elaborar tableros de autos lujosos, muebles y piezas de ajedrez en China, se ha disparado la tala del árbol, a tal punto que la especie está en lista de vía de extinción.

En 2011, esta situación se llevó a la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres. La especie se ubicó en el Acápite III de este organismo, donde se listan las especies en vía de extinción.

Este intento para proteger el árbol no ha frenado la tala del árbol. A finales de abril de este año, el director del Servicio Nacional de Fronteras, Frank Ábrego, declaró que mantenía un cargamento de cocobolo ilegal valorado en $9 millones. La madera había sido incautada en seis meses.

El Senafront, por convenio con la ANAM, se encarga de custodiar la madera ilegal hasta que terminen los procesos legales que se levantan tras los decomisos. Esto puede tardar años, cuenta Gerardo González, director de Gestión Integrada de Cuencas de ANAM.

Concluidos los procesos legales, la madera se subasta. González recalca que la ley los faculta para este proceso de venta, aunque se trate de madera talada sin los permisos correspondientes.

‘Cuando se nos avisa de decomisos, enviamos los inspectores para que levanten el reporte. Ellos (Senafront) guardan la madera o la trasladan a fincas privadas para la custodia’, relató González.

Semanas atrás, camiones que transportaban cocobolos cerraron la vía en Darién como medida de protesta por un cargamento de cocobolo hurtado de las instalaciones de la ANAM.

González tiene su versión de esta historia. Cuenta que en 2013, el Senafront decomisó un cargamento de esta madera valiosa. No recuerda la cantidad de piezas. Una parte de esta madera se trasladó a las instalaciones del Senafront, en Santa Fe, y el resto a una finca privada.

Doce meses después, la madera que estaba en la finca privada desapareció. ‘Nosotros no sabíamos cuánta madera se tenía allí, es falso que se perdió de las oficinas de la ANAM’, se defiende el funcionario.

González tampoco sabe en qué han quedado los procesos legales que realiza el Ministerio Público a los taladores ilegales.

‘En 2011, yo trabajaba en Los Santos y presenté seis casos de estos al Ministerio Público. Se comenzaron las investigaciones, pero no se ha condenado a nadie por eso’, cuestionó.

Los procesos judiciales y las multas de entre $6 mil y $50 mil no son barreras suficientes para contener a los taladores ilegales.

‘En abril de este año se decomisaron (4 mil 575 pies) de cocobolo por primera vez en Coclé, lo que nos hace pensar que hay mucha gente que quiere cruzar la línea de la legalidad’, sostiene.

Días antes de este reporte, la jefa del Ministerio Público, Ana Belfon, expresaba su preocupación por la tala ilegal del cocobolo y propuso reformar las sanciones administrativas que se imponen por la comisión de este delito, y sancionarlas a nivel penal. Aún así, la ANAM tiene otros mecanismos para intentar disminuir el comercio al margen de la norma.

La entidad espera que contabilizando la población de cocobolo que cuenta con planes de manejo sostenible se bajará el tráfico ilegal. La fórmula, según González, es sencilla: ‘En cuatro semanas sabremos cuántas plantaciones cuentan con planes aprobados. Los que tienen plantaciones ilegales no se dejarán censar y desistirán de la venta de estos árboles’.

Luego del conteo, la entidad procederá a la aprobación de los permisos de tala. Para este procedimiento, fue necesaria la publicación de una resolución en ‘Gaceta de Panamá’. Pese a las normas, el árbol está amenazado por otros caminos. Madereros de Chepo han alertado a las autoridades de que se están falsificando permisos de tala.

NEGOCIO DE PACIENCIA

Quien tenga tierras puede optar por la siembra de este árbol, como una fuente de negocios. González recomienda que se cultiven 1,133 plantones por hectárea. Entre 300 y 400 árboles podrían vender al cabo de 40 años. Los terrenos más fértiles para las plantaciones están en Darién, Panamá Este y Los Santos.