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29 de Oct de 2020

Nacional

Una noche en la sala de urgencias

Al ‘elefante blanco’ de la avenida Balboa llegan cientos de casos de emergencia

Una noche en la sala de urgencias
Hospital Santo Tomás.

Esta madrugada de sábado, al parecer, no ha sido tan movida como otras en el Hospital Santo Tomás (HST). A pesar de eso, en la sala hay, por lo menos, unas siete personas que están siendo atendidas por algún problema médico. Los otros, los que están en el cuarto de al lado, son las urgencias quirúrgicas; por ejemplo, los accidentados o los baleados, de los que hay unos 5 o 6.

Durante el 2013, el HST recibió a unos 48 mil 955 pacientes en Urgencias. En enero y febrero de este año, se atendieron 8 mil 908 casos de emergencia.

Entre los pacientes de urgencia médica, se encuentra una anciana guna que lleva varios días con vómito y diarrea. Ni ella ni su acompañante hablan castellano con fluidez. Los doctores, para lograr entenderse con la paciente, deben llamar a un funcionario que está en la sala de guardia y que habla el dialecto, para que haga de intérprete.

Según el informe ‘Situación de Salud de Panamá’, del Ministerio de Salud, las mayores tasas de mortalidad en el país son las de las comarcas Ngäbe Buglé y Emberá, con 7.7 por cada cien mil habitantes; y la de la comarca Guna Yala, con 7.4 por cada cien mil.

MUCHA GENTE, POCAS CAMAS

Junto a la anciana guna, hay un joven con ropa de hospital y cubierto con una sábana. Él ha adaptado las bancas de la sala como una improvisada cama. Lleva ya varias horas ahí, y debe pasar la noche en el nosocomio; sin embargo, no terminan de ingresarlo porque no hay cama disponible.

El HST tiene entre 616 y 624 camas disponibles, 183 de las cuales corresponden al departamento de cirugía, 217 a medicina general y 182 a gineco-obstetricia. Tanto la anciana como el muchacho, finalmente serían admitidos en el hospital.

Otro señor, en silla de ruedas, también está esperando una cama para poder ser ingresado. Tiene una bolsa a un costado, al parecer, por un problema hepático. ‘Llegué aquí a las 5 de la tarde de ayer, mira la hora que es y sigo aquí’, se queja. Lo que no sabe es que, 12 horas después, a las 5 de la tarde del sábado, seguiría sentado en el mismo lugar por falta de camas.

Las estadísticas finales del 2013 del Santo Tomás indican que el hospital tuvo 28 mil 694 admisiones y 28 mil 605 egresos. En promedio, son 94. 4 ingresos y 94.1 salidas por día.

En los primeros dos meses de este año, la estadística disminuyó y se registraron 76.7 admisiones diarias y 74.5 egresos y un porcentaje de ocupación de 82.5. El 10% de los egresos del llamado ‘elefante blanco’ corresponde a pacientes asegurados, el otro 90% son pacientes que no cotizan en la Caja del Seguro Social.

CIRUGÍAS

Al lado, también en silla de ruedas, un señor entre 55 y 65 años de edad, que también está esperando. Al parecer, lo van a operar, pero primero necesita que el cirujano lo evalúe.

Esperando como él, está un joven, ubicado en la esquina del salón, que se queja del dolor. No se mueve mucho, porque está esposado. Le dijeron que tiene apendicitis, pero deben confirmar el diagnóstico.

En la puerta del cuarto, apostado, está un agente de la Policía Nacional. Hay varios en todo el hospital. La responsabilidad no es exclusiva del Santo Tomás; sin embargo, ahí llegan muchos de los privados de libertad del sistema penitenciario panameño.

Tan solo entre enero y febrero de 2014, el hospital ha realizado mil 549 cirugías de urgencia. Eso equivale al 51% de las cirugías realizadas en el nosocomio en los primeros dos meses de este año que, en total, fueron 3 mil 41.

Las estadísticas indican que, durante el 2013, la ocupación de los salones de cirugía fue de 90.2%. En general, hubo 19 mil 682 operaciones, que se le efectuaron a 15 mil 807 pacientes distintos.

Con la luz del día, llegaría el cirujano. Al ver al privado de libertad, doblado como estaba, no tuvo ni que tocarlo, inmediatamente lanzó el diagnóstico: ‘Es apendicitis, preparen el quirófano que a éste hay que operarlo ya’. Con el otro señor tendría que conversar un poco más; sin embargo, también se decidió que pasaría por el bisturí.

DIABETES

Los otros tres pacientes que están en el cuarto son diabéticos. Los tres llegaron ahí por haberse descompensado. La diabetes mellitus fue la quinta causal de muerte en Panamá durante el 2010. La tasa de fallecimientos relacionados a esta enfermedad es de 24.9 personas por cada 100 mil habitantes.

De los tres diabéticos, uno se acaba de enterar de que tiene la enfermedad. Los otros dos; sin embargo, fueron diagnosticados desde tiempo atrás. La Federación Internacional de Diabetes (FID) contabiliza que en Panamá hay 184 mil personas entre 20 y 79 años con diabetes; empero, solo el 55% ha sido diagnosticado. El otro 45% desconoce su situación.

La enfermera le pregunta al más veterano, un señor de unos 70 años, si ha estado tomando sus medicamentos y si ha seguido su dieta. El señor le comenta que no, que la dieta no la ha estado cumpliendo. Según el FID, ya sea por su propio bolsillo o a través del Seguro Social o algún seguro privado, un diabético gasta $732 en medicamentos y tratamiento al año.

Aunque es el quinto a nivel general, en el grupo de edad entre 65 y 74 años, la diabetes es la tercera causal de muerte en Panamá. En el rango de 75 a 84 años, es la cuarta.

Al final, luego de un poco de solución salina y una inyección de insulina, los tres diabéticos serían enviados para su casa. En el caso de la paciente más joven, que no conocía su condición, con todas las advertencias y las referencias a un médico internista; en el caso de los otros dos, que hacía mucho conocían su enfermedad, no sin antes darles un severo regaño por no atender las indicaciones de los médicos.

MUCHAS NECESIDADES, POCO DINERO

De repente, entra a la sala un señor que tiene conectada una venoclisis. Le están aplicando solución salina. Si el paciente se va a movilizar, la regla es que debe detener el flujo de la venoclisis para que la ‘vía’ (el tubo que transporta la medicina), no se llene de sangre.

El señor no cumplió la regla y tanto la vía como la propia bolsa donde estaba la solución salina están totalmente rojas.

La miss (llamar así a las enfermeras es parte de la herencia que la ocupación estadounidense dejó en el patrimonio cultural panameño), reprende al paciente y, mientras le cambia la bolsa de solución salina y la venoclisis, le dice: ‘Ya tú sabes que si te vas a mover debes cerrar la válvula, no es la primera vez que estás aquí’. El paciente solo asiente y ve cómo el líquido va de la bolsa directo a sus venas.

A simple vista, pareciera que el procedimiento en Urgencias es que, a cada paciente que llega, le sacan una muestra de sangre para un examen de laboratorio; se les canaliza, se les da solución salina y cualquier medicamento que necesiten según su cuadro clínico y entonces se determina qué tienen y si tiene que quedarse o no.

Esto, aunque no pareciera, representa un gasto inmenso de suministros. Solo hay que ver la rapidez con la que los botes de basura se llenan, a pesar de que constantemente el personal de aseo está vaciando los recipientes.

Con 25 millones 310 mil dólares con 23 centavos, destinados en insumos, el rubro ‘materiales y suministros’ representa el 28% del presupuesto total del Santo Tomás. El hospital, que había solicitado 109 millones de dólares en fondos, para la vigencia fiscal 2014, recibió, solamente, 88 millones 396 mil 811 dólares.

UN CICLO SIN FIN

Si no se tiene reloj, solo hay dos formas de saber que el tiempo transcurre en Urgencias del Santo Tomás: Asomándose por la puerta principal para ver si afuera es de día o de noche, o con los cambios de turno del personal médico. Cada seis horas, hay cambio de médicos, enfermeras y técnicos en enfermería. La planilla indica que en Urgencias hay 30 doctores (entre generales y especialistas en emergencias médico quirúrgicas), 12 internos, 37 enfermeras y 18 técnicos en enfermería.

Uno se da cuenta de que el turno ha cambiado porque, de repente, llega un técnico con un legajo de papeles y empieza a anotar el nombre, cédula y padecimiento de cada una de las personas que están en el salón.

A estas alturas del día, cuando el sol ya ha salido, de los siete pacientes que había al principio, solo quedan tres. Pero eso no quiere decir que la sala esté vacía, al contrario, han llegado varios más que llenan nuevamente el cuarto. Y es que las cosas aquí, en la Sala de urgencias del Santo Tomás, nunca se detienen.