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05 de Ago de 2021

Nacional

Indigencia: Cuando se vive con el suelo por cama y el cielo por techo

No importa que Panamá registre excelentes números en su economía, hay una parte de la población a la que no permea nada de la bonanza

Río Abajo. Martes, 9:30 a.m. Sentado, al borde de una alcantarilla sin tapa, con las piernas dentro del orificio, está un señor de unos 45 a 50 años. No le importa la suciedad ni mojarse el cuerpo con aguas negras, él se siente como si estuviera en un jacuzzi , quizás por eso no lleva pantalones ni ropa interior, solo lo cubre una camiseta.

Las reacciones de la gente son muy diversas: Una señora que va con una niña la aleja y le tapa los ojos para que no vea la desnudez del hombre; un taxista que lo ve, se detiene, baja la ventana y le grita: ‘ ¡Mansa piscina, loco!’. Luego de escuchar el pito de los carros que van detrás, arranca mientras sube el vidrio y se carcajea de su ‘puntada’; los pasajeros de un Metrobús que va en el tranque, pegan sus rostros a la ventana y lo señalan; un peatón, sin recato, saca su celular y comienza a filmar al ‘loco’ . A él no le importa, está en su mundo. Grita y ríe, solo, pues ninguna de las personas a las que él se dirige le responde. Es uno de los tantos indigentes que hay en la ciudad.

¿EN DESCENSO?

A pesar de que pareciera que hay más y más mendigos en nuestra ciudad, en marzo de 2012, el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) publicó un informe titulado ‘Indigencia y Pobreza’, en el que se destaca que ‘de acuerdo con la Encuesta de Propósitos Múltiples correspondientes a marzo de 2012 del Instituto Nacional de Estadística y Censo, la proporción de personas indigentes continuó disminuyendo. Este año ( 2012, cuando se elaboró el documento ) fue la condición del 10.4% de la población, cuando en agosto de 2011, el año pasado, del 11.5%, lo que equivale a reconocer que 34 mil 58 personas aproximadamente dejaron de estar en la indigencia este año’. Si el informe es acertado, el 10.4% de la población en 2012 equivaldría a 395 mil 408 indigentes en las calles de Panamá.

El sociólogo y criminólogo Fernando Murray no está muy de acuerdo con el estudio del MEF, ya que, desde su perspectiva, ‘en Panamá, parecieran existir diferencias conceptuales frente a este tema, porque el Ministerio de Economía y Finanzas ubica esta problemática vinculada al tema de pobreza extrema, y este enfoque apunta a la situación de las personas que no logran satisfacer sus necesidades alimentarias, pero no focaliza el análisis a los desprotegidos de vivienda que, supongo, son los que caracterizan o expresan más lo que se entiende por indigente (sin techo, transeúnte, vago, mendigo)’.

El profesor de la Universidad de Panamá comenta también que ‘en el año 2000 la Alcaldía realizó un censo de la población de indigentes que está en nuestras calles (en donde hay orates, drogadictos y otros ambulantes), y se hablaba de 1,500 en la capital. Pero, en realidad, hace falta precisar este detalle, y atender este problema social que, de manera perceptible, va en aumento y que no se asocia al concepto de indigente que manejan las autoridades’.

VIVIR DE LA CARIDAD

Calidonia. Miércoles, 12:30 p.m. ‘En quincena todo el mundo sale a comer’, dice una señora que no disimula su molestia por llevar casi 20 minutos esperando para ordenar su pedido. A su comentario se une el de otra persona que critica la lentitud con la que se atiende en los restaurantes de comida rápida. De repente, algo llama la atención de la clientela: Un anciano, o así se deduce por el hecho de que está completamente canoso, sin gran parte de la dentadura y completamente sucio, comienza a golpear el vidrio de la vitrina que está a un lado de una de las cajas registradoras. A pesar de la sorpresa de los comensales, los empleados del restaurante reaccionan de lo más natural, pues, al parecer, la escena es común.

–Jorge ya quiere comer– le dice una cajera al gerente de turno, y con la cabeza hace un gesto para que se asome a la vidriera y vea al pordiosero, quien al notar que el gerente lo mira, hace un gesto con la mano para que entienda que tiene hambre.

–¡Ahora no! Mira la hora que es, dile que más tarde, que vea la cantidad de clientes, que más tarde– ordena el gerente, quien se da la vuelta y regresa a freír y servir papas a la francesa.

Uno de los colaboradores acata la orden y sale un momento del local. Mantiene una breve conversación con el anciano, quien da la vuelta y se esconde en su improvisada habitación: Unas tablas cubiertas por una lona y un colchón recargado sobre la pared del restaurante que le sirven como techo y paredes y que, de paso, le dan algo de privacidad.

Rato después, a eso de las 2:45 p.m., al pasar nuevamente por el lugar, se observaba que afuera de la ‘casa’ había una bolsa del papel del restaurante y, al lado, un vaso con soda.

¿QUÉ TE LLEVA A LA CALLE?

La directora del Instituto Nacional de Salud Mental, la doctora Juana Herrera, explica que son varias las razones que pueden arrojar a una persona a la calle: ‘Pueden haber muchas causas: Dificultades dentro de la familia que no se puede manejar; consumo de alcohol o de drogas (a lo mejor la familia se cansó y le cambian la cerradura y le dicen ‘tú aquí no entras más’); también se puede deber a condiciones socioeconómicas.

A lo mejor ya no pueden pagar casa ni para alimentarse, en esos casos la indigencia se vuelve un modo de vida. Por eso piden dinero, piden comida, van a los basureros...’.

Con Herrera coincide el sociólogo Murray, quien comenta que ‘las causas de la indigencia son múltiples’. El también criminalista explica que hablar del tema es hablar de un ‘problema social, complejo y dinámico’. Murray resalta que Panamá ‘ha evidenciado un desarrollo económico, urbano, una solidez en sus compromisos con la banca y organismos financieros; por el otro lado, un número cada vez más significativo de personas se alejan y son excluidas del goce y beneficio que esto significa’.

UN CASO EXCEPCIONAL

Vista Hermosa. Martes, 7:30 p.m. Pablo es taxista. Es un oficio al que se dedica desde hace poco más de un año. Antes de eso, vivió en la indigencia por varios meses. El hoy transportista cuenta que si quedó en la calle no fue por vicios ni por ninguna enfermedad mental. Dice que se debió a que ‘la vaina se puso dura y me fue muy mal’.

Pablo era jefe de bodega de una empresa que vende productos agrícolas y que tiene sus depósitos en Aguadulce, provincia de Coclé. Un día se quedó sin trabajo y decidió venir a la ciudad de Panamá. Al parecer, Pablo no tiene familia, porque nunca la menciona. ‘Yo llegué a Panamá con 11 dólares y una muda de ropa. La verdad es que no sabía ni qué hacer, no tenía un plan. Me vine así a lo pendejo’, confiesa. Los once dólares se le esfumaron y, al verse sin dinero, empezó a mendigar. ‘Como nunca había vivido en la calle, no sabía a dónde podía ir, además de que tenía miedo. Entonces, lo primero que se me ocurrió fue irme a la sala de urgencias del Hospital Santo Tomás. Ahí siempre hay gente esperando a sus familiares o que los atiendan, ahí siempre hay movimiento y seguridad. Durante un tiempo me ‘hospedé’ ahí. Cuando salía el sol, me iba y salía a la calle a buscar alguna forma de hacer dinero. A veces pasaba uno o dos días seguidos sin comer’.

Cuenta Pablo que un día conoció al dueño de un taller y que éste le ofreció vivir en el local a cambio de que lo cuidara. Pablo empezó a hacerle algunos ‘camarones’ en el taller y se fue asegurando algo de dinero. ‘Al tiempo, conocí a un señor que tenía varios taxis y me puso a manejar uno, me consiguió un cuarto y así fue como dejé la calle’.

¿QUIÉN SE ENCARGA?

El Ministerio de Desarrollo Social (Mides) no atiende a los indigentes. Al consultar a funcionarios del Mides, estos explican que ellos no tienen, ni nunca han tenido, algún programa para sacar a indigentes de las calles o para resocializarlos. Esa tarea corresponde a los municipios, aclaran.

La Alcaldía de Panamá, el municipio más grande del país, realiza eventualmente operativos para sacar a los indigentes de las calles. Una parte de las personas que son encontradas viviendo a la intemperie quedan a cargo de la fundación Remar (Centro de Ayuda y Rehabilitación de Marginados). El Municipio de Panamá otorga un subsidio mensual a Remar por el cuidado y atención de los indigentes. Al consultar a miembros de Remar por algunos detalles del convenio con el gobierno municipal, estos solo respondieron: ‘Nosotros tenemos respuestas para todas las preguntas, pero la primera instancia para responderles es la Alcaldía de Panamá’.

Se intentó obtener información por parte de funcionarios del municipio sobre si hay un estimado de cuántos indigentes habitan nuestras calles o si se ha analizado cuántos mendigos que son sacados de la calle no logran reintegrarse a la sociedad; sin embargo, al cierre de esta edición no se había obtenido respuesta alguna.

Explica la psiquiatra Herrera que, cuando se realizan los operativos para sacar a los indigentes de las calles, tras ser evaluados por un equipo médico, a una parte ‘los derivan al Instituto Nacional de Salud Mental (INSAM) para que sean evaluados por un psiquiatra y los otros son llevados a estas instituciones (Remar) que son espacios cerrados donde se les da comida y asilo’.

Herrera comenta que aquellos que son llevados al INSAM son evaluados. ‘Es todo un proceso el que se lleva a cabo. Algunos han decidido quedarse en la institución para recuperarse. Otros, por el contrario, han dicho: ‘yo no quiero entrar a ningún programa’, ya que es voluntario. Hay casos en los que hay doble diagnóstico. Por ejemplo, hay consumo de drogas y otro diagnóstico adicional. Casos así se hospitalizan hasta estabilizar su condición, y se les interviene para ver si quieren entrar al programa’.

El sociólogo Murray considera que no solo las alcaldías deberían encargarse de este tema. En realidad, comenta, ‘como problema de protección social, le debería corresponder (a diversas autoridades), de manera conjunta, a través de una coordinación interinstitucional, atender a esta población. Mides, alcaldías, Ministerio de Salud, y Policía Nacional deberían atender a esta población, porque se conjugan una variedad de situaciones y condiciones propias de este grupo’.

La doctora Herrera comenta que con el tiempo, el trato al indigente y los métodos con los que se les rescata de las calles han ido mejorando. La psiquiatra recuerda que ‘cuando Mayín Correa era alcaldesa, se recogía a los indigentes y los montaban en dos buses, para que los hospitalizáramos. Pero eso viola todos los derechos humanos. (El proceso correcto es) ‘Se recoge al indigente, lo traen y lo evaluamos’. En esa época, los traían sin bañarse, nada. Aquí había que hacer todo. No querían ni que los tocáramos ni nada. Después, en la alcaldía de Juan Carlos Navarro, se estableció un decreto en el que se determina cómo debía tratarse a los indigentes. Ese decreto está hoy vigente, no se ha derogado’, explica la psiquiatra.

¿LA INDIGENCIA ES UN TEMA IGNORADO?

‘Como sociedad, no solamente en el tema de la indigencia, miramos hacia otro lado. Este tema hay que abordarlo como autoridades, como medios de comunicación, como familia’, opina Juana Herrera.

La directora del INSAM, además, señala la falta de unidad familiar y de valores y, como ejemplo, menciona a la comunidad china en Panamá: ‘No he visto nunca a un indigente de origen asiático, no sé si habrá, pero no he visto nunca. Tiene que ver mucho con la cultura que tiene esa comunidad. Ellos hacen todo el esfuerzo para respaldar a su familiar, para ayudarlo en cualquier situación. Hay que preguntarse qué pasa con los panameños, ¿qué nos está pasando?’.

Murray, en cambio, resalta la falta de compromiso de las autoridades, quienes, desde su perspectiva ‘no le brindan la atención adecuada a este problema social. Estas personas, por lo general, son estigmatizadas, rechazadas y a veces hasta olvidadas, son atendidas, en situaciones y momentos que su condición afea, entorpece, evidencia o denote una mala imagen para el país’.