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09 de Apr de 2020

Nacional

Jack Pershing, el general que conquistó Europa, pero no Taboga

‘Panamá tiene cinco días para desalojar la isla de Taboga', ordenaban las autoridades de la Zona del Canal al gobierno de Belisario Porras

Han pasado 95 años y hoy poco se recuerda la que fue una de las primeras luchas reivindicativas del pueblo panameño por su soberanía territorial y una de las más grandes marchas vistas hasta ese momento en la entonces pequeña ciudad de Panamá.

El llamado ‘Incidente Pershing', recogido por el historiador panameño Jesús Ramón Jiménez Chamizo en su tesis de grado ‘La respuesta popular ante la petición de tierras en Taboga', ocurrió en 1920, apenas seis años después de la inauguración protocolar del Canal y cuando todavía no empezaban a circular de forma corrida los buques comerciales.

Los panameños se sentían orgullosos de la magna obra de ingeniería, pero resentían la presencia norteamericana, sus constantes interferencias en la política criolla y abusos de poder.

La joven república de 15 años había ya sufrido varias humillaciones de parte de las autoridades de la Zona del Canal. En 1916, el gobierno, amenazado por los norteamericanos, había tenido que desarmar a la Policía Nacional y entregar los rifles de largo alcance a las autoridades de la Zona.

En 1918, el ejército norteamericano ocupó Chiriquí y allí se mantuvo dos años, cometiendo todo tipo de desmanes.

ANTECEDENTES

Los sucesos que terminaron por convertirse en el llamado ‘Incidente Pershing' se iniciaron el 14 de noviembre de 1918, cuando llegó a manos del presidente Belisario Porras una inesperada carta del gobernador de la Zona del Canal, Chester Harding.

En virtud del Artículo II del Tratado Hay Buneau Varilla, decía la carta, se le comunicaba que Panamá tenía cinco días para desalojar la isla de Taboga. Los gastos corrían por cuenta del gobierno de Estados Unidos.

El presidente Porras estaba acostumbrado a las imposiciones de las autoridades de la Zona del Canal, pero en esta ocasión le pareció que la petición era exagerada.

Porras entendía los lazos emocionales que tenían muchos panameños, especialmente los residentes de la ciudad capital, con la llamada Isla de las Flores, cuya cercanía, hermosas playas, sano clima y vista insuperable, la hacían uno de los sitios de recreo más populares entre las clases medias del país.

Pero no solo era eso lo que le perturbaba de la petición: el interés de EE.UU. era convertir la isla en una base militar, llena de soldados y armas o en un sitio de reposo para los soldados heridos en la I Guerra Mundial. Pedían 4/5 partes de la isla.

El 17 de noviembre, el presidente devolvía la misiva al gobernador Harding, explicándole que el desalojo significaba la pérdida de hogar y tierras de cultivo para los residentes de los poblados de Taboga y Restinga.

En su lugar, ofrecía las islas de Taboguilla, Urabá o Cerro de Chame. Pero los norteamericanos insistieron: solo querían Taboga; 469 de las 571 hectáreas de la isla.

Porras decidió darle largas al asunto.

UN EMBAJADOR ESPECIAL

Viendo que el tema no se terminaba de definir, Washington decidió enviar a un representante. El elegido fue el general Jack Pershing, que con su título de General de los Ejércitos, creado especialmente para él, ostentaba el rango más alto del ejército estadounidense.

Ante la opinión pública, el gobierno de Ernesto T. Lefebre (quien reemplazaba a Porras en la Presidencia, previo retiro de este para lanzar su reelección), se preparaba orgulloso para el recibimiento del distinguido visitante, que, se dijo, venía a conocer el Canal de Panamá.

Desde finales de abril y los primeros días del mes de mayo, La Estrella de Panamá daba seguimiento a los movimientos de Pershing. ‘Pershing va a misa'. ‘Pershing entrega medallas'. ‘Pershing muy ocupado', decían los titulares.

Sin embargo, a ‘sotto voce', se preparaba la insurrección. El detonante fue un editorial publicado el 28 de abril por este centenario diario, en el que daba a conocer la verdadera razón de la visita del general: preparar el traspaso de los terrenos de Taboga.

LA MANIFESTACIÓN

El 1 de mayo, la ciudad de Panamá amaneció inundada de carteles que invitaban a una manifestación popular en el Parque de Santa Ana.

La demostración tendría lugar al día siguiente, domingo 2 de mayo, coincidiendo con un baile que ofrecía el presidente de la República en honor a Pershing, en el Club Unión.

El domingo, en horas de la tarde, el pueblo organizado empezó a congregarse en las inmediaciones del parque de Santa Ana. De allí partieron unas 2 mil personas para recorrer la Avenida Central portando antorchas, algo nunca antes visto en la joven República de Panamá.

Hacia las diez de la noche, llegaba la marcha a la Calle 1ª de San Felipe, frente al edificio del Club Unión, donde los manifestantes solicitaron a gritos la aparición del presidente Ernesto T. Lefevre.

El representante del pueblo, Manuel Garrido, leyó una proclama que hablaba del abuso norteamericano y la petición popular de que la Presidencia estuviera a la altura de las circunstancias. El pueblo está alerta y dispuesto a los mayores sacrificios, advirtió Garrido.

El baile se interrumpió y el presidente, por fin, apareció. Desde el balcón se dirigió a la muchedumbre, dando la razón al pueblo reunido.

Lefevre prometió que haría lo posible por negociar el mínimo de terrenos para Estados Unidos. Pero esta promesa no resultó suficiente y la respuesta inmediata se pronunció a coro: ‘Ni una pulgada de Taboga'. ‘Ni una pulgada de Taboga'.

Los ánimos estaban ya caldeados cuando apareció la comitiva que transportaba al general Pershing a la fiesta. De forma espontánea, el pueblo se armó de piedras procedentes de una construcción cercana y empezó a lanzarlas a los autos.

La comitiva dio marcha atrás y se llevó al general al hotel Tívoli, donde se hospedaba.

Poco después, el presidente Lefevre también se retiraba, entre los vivas de la multitud.

El pueblo, enardecido por lo que consideraba un triunfo, trató de forzar la entrada al club, pero fue reprimido por la policía, bajo las órdenes del alcalde Archibaldo Boyd.

Al día siguiente, la ciudad celebraba: el héroe de guerra norteamericano, que acababa de someter a generales y ejércitos en Europa, triunfante en la I Guerra Mundial, había sido vencido por una multitud panameña armada de piedras y convicción patriótica.

El 6 de mayo, el presidente Lefevre visitaba la isla de Taboga con una delegación de panameños y autoridades de la Zona del Canal, con el deseo de escuchar la voz de los taboganos, que mantuvieron la presión para reclamar su territorio .

De tal forma se manifestó la decisión panameña de no ceder Taboga, que el 22 de mayo, la secretaría de Guerra de Estados Unidos enviaba un comunicado al gobernador interino de la Zona del Canal, JJ Morrow, dando instrucciones de que la adquisición de terrenos en la isla de Taboga, por el momento, debía limitarse a dos puestos de observación autorizados, casillas del terminal de cable y un cuarto de distribución.

Y así concluyó lo que ha pasado a la historia como ‘El Incidente Pershing'. La Estrella de Panamá lo contó en su día y ahora lo recuerda.

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Manuel Garrido,

‘ No queremos que se entregue una sola pulgada de Taboga al gobierno de Estados Unidos. Esperamos que el presidente Ernesto T. Lefevre esté a la altura',

REPRESENTANTE DEL PUEBLO REUNIDO