La Estrella de Panamá
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12 de Nov de 2019

Nacional

Pandillas locales con centro de operación en Costa Rica

Los nexos con grupos criminales han ‘perfeccionado' a los pandilleros que dominan rutas para el trasiego de la droga internacionalmente

En Panamá, las pandillas dejaron de funcionar como pequeños grupos dedicados a la venta de drogas y al robo. El alcance de su poder ahora es similar al de los grupos organizados que provienen de Colombia y México. Estos grupos locales ya traspasaron las fronteras.

Sus cabecillas han mutado. No portan el ‘loock' que los perfilaba como delincuentes con el cuello rodeado de cadenas de oro, camiseta por fuera, y zapatillas. Ahora han optado por el buen vestir, lo que despista su accionar delictivo. Dejaron atrás los barrios populares y se mudaron a residenciales de renombre, frecuentan sitios costosos y exhiben alto poder adquisitivo, del que ostentan pagando con gruesos fajos de billetes.

El Anuario de Seguridad Regional en América Latina y el Caribe 2015, elaborado por la Fundación Friedrich Ebert Stiftung, tomó una radiografía, muy detallada, de los grupos criminales organizados en Panamá, segmento que recapitula con datos del 2014.

El documento pone en el tapete la necesidad de adoptar en nuestro país una política criminológica gubernamental integral como una vía para subsanar el problema de la pandillas, el narcotráfico y el crimen. Propone el debate de la despenalización de las drogas blandas tomando como norte la experiencia de otros países.

Del 2000 al 2010 las estadísticas de homicidio en Panamá se duplicaron, alcanzando cifras récord, siendo el año 2009 el pico más alto en la historia, con una tasa de 22,4 por 100 mil habitantes. El 63% de los homicidios se concentró en jóvenes entre 15 y 29 años, siendo el principal homicida el pandillerismo. En el periodo de 2010 al 2014 el número presentó un descenso pero no así en el número de pandillas.

EL PODER DE LAS PANDILLAS

Un informe de la Organización de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) describe que el modus operandi de las pandillas en el istmo se asemeja a una ‘oficina de cobro'. Es una nueva estructura que se adhirió a las redes del crimen organizado para mover droga, armas, dinero, y personas. La experiencia en otros países como México, según el Anuario, indica que ha habido dos modelos de oficinas de cobro; una funciona como intermediarios entre las pandillas locales y los grupos organizados internacionales.

Por lo general se trata de personas influyentes que tienen la capacidad de pagar coimas para permitir la entrada de contenedores cargados de droga a través de puertos. Informes de inteligencia, indican que este modelo están siendo reemplazado, y son los mismos cabecillas de las pandillas los que hacen las veces de oficina de cobro y utilizan a sus células, que operan en todo el país, para brindar los servicios de todo tipo de crímenes y son capaces de transportar grandes cantidades de droga.

Según el documento, la capacidad de mutación y cambio de los grupos encargados de traficar droga es tan veloz, que toma por sorpresa a los encargados de seguridad que definen sus operaciones cuando ya han transcurrido meses del nuevo accionar, en este sentido las autoridades trabajan revoluciones detrás del crimen, que aprovecha la ventaja y los recursos para sus objetivos con mayor puntualidad.

INTERNACIONALIZACIÓN

La Unidad Antipandillas de la Policía Nacional detectó que la dos pandillas más grandes del país, Bagdad y Kalor Kalor, tienen su centro de operaciones en Costar Rica lo que no descarta sus contactos con las FARC, maras del triángulo norte y los carteles mexicanos como el de Sinaloa, Caballeros Templarios y el Golfo.

Las pandillas han cambiado sus actividades, ya no son vendedores al menudeo, ahora controlan rutas de tráfico a lo largo del país para asegurarse que la mercancía arribe a su destino, los carteles mexicanos.

Existe gran preocupación de las autoridades panameñas por el ingreso de las maras a territorio nacional. Los análisis del Sistema de Integración de Estadísticas Criminales indican que pandillas locales ya tienen un centro de operación en Costa Rica, siendo esto una bomba de tiempo para la seguridad de ambos países.

Se estima que entre las fronteras de Panamá y Costa Rica hay 356 puntos ciegos por donde trafican drogas, contrabando, trata de personas y el trasiego de autos robados.

Costa Rica enfrenta nuevos problemas de criminalidad producto de la llegada de miembros poderosos del crimen organizado, y el país se ha convertido en el epicentro del almacenamiento de drogas que se trasiegan por Panamá provenientes de Colombia, Ecuador y Perú.

Los narcotraficantes usan las aguas de Puerto Limón en el lado panameño aprovechando la escasa presencia policial y la reducida población en la zona.

En el istmo, los dos grupos de mayor poder buscan el control territorial que facilite el tráfico de drogas y otros ilícitos siendo los jóvenes más expuestos al riesgo de ingresar mediante alianzas. Las pandillas han llegado a un acuerdo para organizar el negocio ilícito, no entran en conflicto, se dividen zonas y hasta trabajan en conjunto en algunas operaciones.

Otra modalidad que destaca en el crimen de las pandillas, por su mutación, es el hurto pecuario. La economía de Nicaragua, por ejemplo, ha registrado cerca de 16% en impuestos debido al contrabando de ganado. Informes de Insigth Crime indican que los grupos organizados del crimen utilizan a estos animales para el transporte de drogas junto a los carteles mexicanos. La cocaína se introduce en condones por el recto de los animales con el objeto de realizar tráfico internacional. También utilizan las frutas y vegetales, en los que disfrazan el tráfico.

ALIANZA CON LOS CARTELES

La evolución cuantitativa de las pandillas ha ido en asenso. En 2005 se contaban 88, tres años después ascendió a 154, en 2012 se registraron 201 y el año pasado (2015) se contaron 205. Sin embargo, los grupos, según investigaciones del SIEC, han disminuido debido a la fusión de pequeños grupos con pandillas más grandes y mejor estructuradas.

Las principales pandillas controlan las rutas de trasiego de drogas, y los grupos estructurados les pagan cién dólares diarios por cada kilo que cuidan a estos carteles. De ahí la poca importancia que le dan sus integrantes a los programas de reinserción social y empleo ofrecidos por el gobierno nacional (datos recabados hasta el 2014) al considerar los salarios como muy bajos en comparación con lo que son capaces de hacer al día. Aunado a esto, el jefe de pandilla debe autorizar el ingreso de sus integrantes a los programas gubernamentales, y por lo general, la bendición la obtienen miembros de pandillas pequeñas.

Por otra parte, el crimen organizado se ha metido de lleno a reclutar mujeres para que se dediquen a robos, sicariato, extorsión, transporte de drogas. Estadísticas revelan un incremento del 28% de mujeres que ingresan al Centro Femenino por delitos contra la salud pública.

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PANAMA-COLOMBIA

Temen recrudecimiento de la violencia

Las características geográficas de la zona de Guna Yala y Darién facilitan el tráfico de armas y drogas hacia el resto del territorio nacional.

Las investigaciones policiales apuntan a que existe un contubernio entre la población indígena y los narcotraficantes, según el Anuario de Seguridad Regional en América Latina y el Caribe elaborado por la Fundación alemana Friedrich Ebert.

El documento expone que las zonas que se rigen bajo las leyes comarcales dificultan el trabajo de las autoridades locales, pues en ocasiones sus habitantes se resisten a entregar las embarcaciones en las que se encontraron drogas, parte de las evidencias del delito.

Aunado a esto hay un reto nuevo al que las autoridades tendrán que hacer frente. Las desmovilización de los frentes de las Autodefensas de Colombia trajo como consecuencia el surgimiento de las bandas criminales emergentes, conocidas como Bacrim, sin lucha o ideología, sino para dedicarse al narcotráfico y otras actividades delictivas. La liberación de más de 500 elementos, entre ellos comandantes, que culminaron su pena de prisión en el 2015 y vuelven a su lugar de origen (Chocó, frontera con Panamá) traerá un giro en la actividad delictiva en Colombia.

Se preve el incremento en la violencia que afectará la región e incidirá en la frontera con Panamá. Este análisis vaticina el rearme de nuevos grupos criminales y recrudecimiento de las luchas entre las bandas existentes por el control de zonas de cultivo, producción y rutas de tráfico de drogas, especialmente en el norte de Urabá, muy cerca de la frontera con Panamá, donde opera una de las Bacrim más poderosas. Esta situación podría causar que las bandas criminales emergentes dedicadas al narcotráfico, traspasen frontera para establecer centros de operación en Panamá, principalmente en el Darién, lo que traerá como consecuencia un incremento en la violencia en lado panameño y el desplazamiento de los pueblos indígenas.

Panamá también enfrenta problemas con la minería ilegal que se presenta en el Río Balsa, Darién, y Coclé del Norte, en el Atlántico. Esta actividad ilegal opera de la misma forma que el narcotráfico, son bandas criminales integradas por colombianos que traspasan la frontera y contactan panameños dedicados a actividades ilegales. Estos grupos, además de amenazar la seguridad en la zona, dañan la ecología. Las autoridades creen que los colombianos, probablemente narcotraficantes, asesoran o financian esta actividad en el istmo para lavar los activos que obtienen de la droga, tratando de convertirlo en oro.