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28 de Jun de 2022

Nacional

‘La historia como me la contó mi padre'

El médico y ministro consejero Temístocles Díaz adelanta ideas de un libro que escribe, en el que revela pasajes de la historia de Panamá que no se cuentan en las crónicas oficiales

‘La historia la escriben los vencedores', dicen a menudo de quienes no se rinden ante las crónicas ‘oficiales'.

Es es una postura que comparte Temístocles Díaz, médico especialista en neumología y trastornos del sueño, que proviene de una familia criolla históricamente ‘omnipresente'.

El doctor Díaz, de 57 años, creció entre apasionantes relatos de la historia nacional que no se correspondían necesariamente con las versiones que oía en el salón de clases.

En los primeros, contados principalmente por su padre, los héroes no eran Amador Guerrero, ni su esposa María Ossa, ni José Agustín Arango, ni otros próceres de la Junta Provisional de Gobierno, sino su bisabuelo Domingo Díaz de Obaldía y su aliado y amigo el general Esteban Huertas.

‘EL GOBIERNO DE ESTADOS UNIDOS RECONOCERÁ A LA NUEVA REPÚBLICA, PERO NOS FALTA USTED, QUE ES EL QUE PUEDE DECIDIR. ESPERAMOS SU RESPUESTA PARA QUE HAGAMOS LA INDEPENDENCIA DEL ISTMO",

AMADOR GUERRERO AL GENERAL ESTEBAN HUERTAS

Posteriormente, como estudioso de la historia panameña, el ministro consejero se ha llegado a convencer de que a su bisabuelo se le ha negado el lugar que le corresponde en la gesta separatista de 1903.

‘Creo que los líderes conservadores del movimiento tuvieron mucho mérito. Pero... pienso que ellos hicieron a un lado la figura de los liberales, especialmente de mi bisabuelo'.

Pudieron hacerlo, explica Díaz, porque controlaron el gobierno y la cosa pública durante los primeros años de la vida republicana. Más tarde, en 1912, al convertirse Belisario Porras en el primer presidente liberal, no tuvo interés en reclamar la acción de su gente.

‘Belisario Porras no participó en la separación porque no creía en ella y porque estaba exiliado', sostiene el doctor.

‘Temi', como se le conoce popularmente, tampoco acepta la llamada ‘leyenda negra', que sostiene que los poderes e intereses estadounidenses forzaron la república panameña.

‘Panamá fue la primera nación del nuevo mundo. Hay muchas pruebas de ello. Si lees el texto de ‘La Dama Boba' (escrita por Lope de Vega en el año 1613), encuentras que en uno de sus versos, uno de los personajes dice: ‘¿De dónde viene el caballero / Viene de Panamá / Trancelín en el sombrero / Viene de Panamá / Cadenita de oro al cuello / Viene de Panamá'.

El ministro consejero escribe actualmente en su tiempo libre (‘voy muy atrasado', dice) un libro que ha titulado preliminarmente ‘La historia como me la contó mi padre'.

Su tesis también sustenta que el éxito de la gesta de separación de Colombia tiene su clave en una serie de sucesos ocurridos en el siglo XIX, en los que (también) los personajes de su familia figuran como protagonistas.

LAS MEMORIAS DE HUERTAS

El rol jugado por el general Domingo Díaz en los hechos del 3 de noviembre queda de manifiesto, principalmente, en el libro de memorias del general Esteban Huertas, a cargo del Batallón Colombia, que resguardaba el control de Bogotá sobre el Departamento del Istmo.

El libro Memorias y bosquejo biográfico del general Esteban Huertas (vea copia digital en www.binal.ac.pa) ofrece una detallada versión de los hechos, como los viviera el militar colombiano, día a día y hora por hora.

Huertas, según su propio relato, acudió al Hotel Central, en el barrio de San Felipe, el domingo 1 de noviembre, a verse con el doctor Manuel Amador Guerrero. Allí, este, muy nervioso, le pidió que se uniera al movimiento insurgente.

‘El gobierno de Estados Unidos reconocerá a la nueva república, pero nos falta usted, general Huertas, que es el que puede decidir. Únase a nosotros'.

‘Piense en su porvenir, en el de su esposa, en el de su hijo, de sus amigos', insistió Amador, según Huertas.

Pero el general no confiaba demasiado en el doctor ni en su grupo, por lo que, sin darle una respuesta definitiva, acudió, esa misma noche, a su amigo Domingo Díaz.

‘Don Domingo era un hombre que me despertaba confianza, que era muy querido por el pueblo panameño, y que, a mi parecer, podía estar seguro de todo lo que él dijera y me ofreciera', comenta Huertas en sus memorias.

Casi al final de la ‘larga conferencia' que mantuvieron la misma noche del 1 de noviembre, el militar colombiano preguntó a Díaz si podía contar con el pueblo en caso de un movimiento revolucionario, a lo que este le respondió: ‘General Huertas, cuento con el pueblo y usted cuenta con mi vida y la de este pueblo... tenemos que hacer la independencia'.

‘El general Domingo Díaz no me habló de prebendas, ni del apoyo de extranjeros, me ofreció su propia vida y la del pueblo panameño. Y yo ví en él a mi mejor aliado', rememora el militar.

EL DÍA DE LA SEPARACIÓN

Antes del amanecer del 3 de noviembre, Huertas empezó a prepararse para los acontecimientos que tendrían lugar ese día.

Su primera acción fue enviar al general Díaz un mensaje en clave: ‘El enfermo se está poniendo grave. Acuérdese de que somos sus médicos y vaya alistando los medicinas, que yo voy preparando el botiquín'.

A esa hora, el general colombiano llamó a 16 soldados de su confianza y llenó 12 carretas de rifles, bayonetas, revólveres y cajas de municiones, para repartirlas en sitios estratégicos de la ciudad: La Loma de Perejil, Tívoli, la Loma de Gilberto, la Boca, San Lázaro y Pueblo Nuevo de Panamá.

A las 6 de la mañana, como era su costumbre, llegó al Cuartel Chiriquí (hoy Plaza de Francia), para encontrarse con la noticia que corría por la ciudad de boca en boca: En el puerto de Colón había desembarcado la noche anterior un batallón de 500 tiradores colombianos a cargo del general Juan B. Tovar, que se dirigía a la ciudad a sofocar la rebelión que se gestaba.

Como se sabría después, Tovar traía instrucciones secretas de reemplazar al gobernador del istmo, José Domingo De Obaldía, y al general Esteban Huertas -en quienes ya no se confiaba en Bogotá-.

El pánico cundió entre los conjurados, quienes, uno a uno, fueron abandonando a Amador. Este, en horas del mediodía, completamente desanimado, llegó al cuartel para declararle a Huertas que ‘todo estaba perdido'.

‘Entreguémosnos y salvemos a los demás', le dijo Amador, en referencia a sus amigos conservadores.

EL EJÉRCITO DE INDEPENDENCIA

‘Ese día, nos hubiéramos separado de Colombia de cualquier forma', sostiene apasionadamente el doctor Díaz.

‘La gente se olvida de que en esa fecha teníamos un ejército formado en la Guerra de los Mil días, el llamado ‘Ejército de la Independencia', mil hombres que seguían a mi bisabuelo, y que estaban dispuestos a ir a Colón a combatir al Batallón Tiradores', cuenta el doctor.

No tuvieron que hacerlo. En la ciudad atlántica, a través de hábiles maniobras, el superintendente del Ferrocarril Transístmico, J.R. Shaler, logró separar al general Tovar de su tropa.

Con la promesa de que el batallón lo seguiría más tarde, Shaler convenció a Tovar de tomar el primer tren camino de la ciudad pacífica con sus más cercanos seguidores.

El pequeño grupo llegaría a Panamá, para ser recibido por las principales figuras del gobierno istmeño: el general Huertas y el gobernador De Obaldía.

Durante varias horas, ambos funcionarios jugarían el doble juego de fingir a los generales colombianos que eran leales a la Gran Colombia, sabiendo que estos no lo creían.

Finalmente, a las 5:45 pm, después de varias horas de tensión, Huertas mandó a apresar a Tovar y a su grupo.

Mientras estos caminaban, indignados y con la cabeza inclinada hacia el piso hacia la cárcel, y San Felipe miraba desde los balcones, se escuchó un toque de corneta.

Los generales no habían llegado todavía a su celda cuando cientos de panameños provenientes de Santa Ana, en olas difíciles de contener, comenzaron a llenar las plazas de San Felipe, dirigidos por el general Domingo Díaz, su hermano Pedro, el Dr. Carlos A. Mendoza y otros líderes santaneros.

El pueblo avanzaba por las bocacalles hacia las plazas. En eso, relata Huertas, ‘el general Díaz se adelantó y llegando hasta mí me estrechó en un fuerte abrazo, diciéndome 'General Huertas, nos ha salvado. Le debemos la libertad' ', relatan las memorias de este.

‘Se lo debe a usted, a sus amigos y al pueblo que lo ha acompañado', le repuso el general colombiano a su homólogo panameño.

PREGUNTAS

¿Cómo había ganado el general Domingo Díaz su liderazgo sobre el pueblo de Santa Ana? ¿Por qué estaba tan confiado de que el pueblo lo respaldaría llegado el momento?

Allí es donde la gesta de separación de Colombia se entrelaza con otra serie de sucesos, casi desconocidos, que se dieron en el barrio de Santa Ana, años antes, sugiere el bisnieto de Domingo Díaz.

‘La historia viene de bien atrás; se remonta al siglo XIX, a los tiempos de mi antepasado Manuel María Díaz', cuenta el doctor, cuya versión de los hechos relataremos la próxima semana en esta misma página.