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17 de Nov de 2019

Nacional

Goethals, el hombre que inspiró la fe para mover montañas

Tras la renuncia del ingeniero John Stevens, muchos calificaron el Canal de Panamá como un ‘sueño imposible'. Pero su sucesor, George Washington Goethals lo inauguraría en 1914

Una fotografía oficial del coronel George Washington Goethals, en un collage con recortes de prensa del año 1914.

El 15 de agosto de 1914, después de 10 años de trabajos, por fin se acallaban los rumores que insistían en que el Canal de Panamá nunca sería concluido.

A pesar de las enormes dificultades encontradas y de la infinidad de cambios de diseño, ese día se abría la vía acuática al comercio mundial, dos años antes del programa establecido y a un costo de $23 millones menos de lo presupuestado. Más sorprendente aun, sin el menor escándalo ni sospecha de malos manejos.

El pueblo de Estados Unidos se enorgullecía de la obra de ingeniería, una de las más importantes de todos los tiempos, que fortalecía sus aspiraciones como potencia mundial e imponía la superioridad del estilo norteamericano sobre el del Viejo Continente, representado por los franceses.

George Washington Goethals, el ingeniero a cargo de las obras, se convertía en un héroe nacional. Las ciudades de Brooklyn y Nueva York lo reclamaban como uno de los suyos. El gobierno del presidente Theodoro Roosevelt, que había empeñado su prestigio en el proyecto, lo proclamaba ‘producto de la democracia' estadounidense -dada su condición de hijo de inmigrantes de primera generación, educado en las escuelas públicas del país.

NOMBRAMIENTO

Tras la sorpresiva dimisión del ingeniero John Stevens, en febrero de 1907, el presidente había considerado a Goethals como el hombre ideal para el puesto.

No solo era su experiencia en la construcción de esclusas, fortificaciones, puentes y túneles -aunque nunca a la escala del Canal-, o su capacidad organizativa y de mando, o su clara inteligencia. Era, sobre todo, su condición de militar, que le impedía renunciar a su puesto como habían hecho sus dos antecesores.

Y así lo entendió Goethals, quien al dirigirse al Congreso de Estados Unidos para aceptar el puesto indicó: ‘Me considero el comandante del ejército de Panamá. Los enemigos que vamos a combatir son el Corte Culebra, las esclusas y represas'.

RECIBIMIENTO

A pesar de su éxitos anteriores, Goethals no fue bien recidido en Panamá. A los trabajadores no les agradaba la idea de entrar en un régimen militar. Además, la mayoría de ellos se sentía a gusto con Stevens.

Este espíritu de hostilidad se mostró en la primera reunión con los trabajadores en Corozal, a pocos de su llegada, en marzo de 1907.

Mientras que Goethals era presentado, fue abucheado. En cambio, al hacerse referencia a Stevens, los hombres hacían vivas.

El nuevo ingeniero en jefe se mostró sereno y al momento en que le correspondió dirigirse a los presentes, dijo tranquilamente: ‘Quiero que quede esto bien claro desde el día de hoy. Yo no estoy aquí para ceremonias ni vítores, sino para hacer un canal. Ningún hombre aquí será juzgado por los saludos que dé o que reciba, sino por su trabajo'.

A Goethals, conocido en su momento como ‘el zar de Panamá', no le tomaría mucho tiempo imponerse sobre esa fuerza laboral de 40 mil hombres venidos de todas partes del mundo.

En realidad, había sido investido con más poderes que sus antecesores y manejaba todos los aspectos de producción en la Zona del Canal, desde las decisiones de ingeniería, hasta la administración de la policía y del servicio de correos.

Durante su primer año en el puesto, Goethals logró resultados sorprendentes. En 1908, se removieron 37 millones de yardas cúbicas de tierra del Corte Culebra, la mitad de lo que habían removido los franceses en 17 años.

ESTILO

Al llegar a Panamá en 1907, Goethals era un hombre alto, energético, de 48 años de edad, ya canoso. Era reservado, pero su espíritu de confianza era contagioso.

Uno de los tantos periodistas estadounidenses que visitó el istmo durante la construcción, relató en una ocasión lo que había visto al acompañarlo en su gira de inspección diaria a las obras.

‘¿Qué tal todo?', había preguntado Goethals a unos trabajadores.

‘Bien', respondió uno de ellos. ‘Ayer ocurrió un deslizamiento y perdimos la excavadora y el trabajo de un mes. Pero fuera de eso, todo bien'.

GEORGE W. GOETHALS

Llegó a Panamá el 7 de marzo de 1907

En 1914, el Congreso de Estados Unidos otorgó a Goethals el rango de general.

Al concluir los trabajos del Canal, el presidente Woodrow Wilson lo nombró como primer gobernador civil de la Zona del Canal de Panamá.

Renunció a este puesto en 1916 y regresó a EE.UU.

AUTOCRACIA BENEVOLENTE

En una de los cientos encuentros con la prensa sostenidos tras la inauguración del Canal, un periodista le preguntó cuál había sido el problema más duro que experimentara durante la obra.

‘Sin duda, el problema humano siempre fue el más difícil', respondió.

‘Toma 40 mil hombres de todas partes del mundo, ponlos en un país tropical, a muchas millas de distancia de sus hogares y de las estructuras e instituciones que les han impartido algún tipo de disciplina, y el elemento humano se convierte en un problema serio', decía a menudo.

Afortunadamente, había adquirido una clara visión de cómo manejar este problema: ‘He aprendido por experiencia en el ejército y la construcción que las personas dan lo mejor de sí cuando tienen por delante un reto y confían en su líder'.

Para Goethals, así como para Stevens, la motivación de los trabajadores era la clave de la eficiencia y del compromiso. Para alcanzar este objetivo, implementaron una política laboral amplia y generosa que incluía viviendas cómodas, agua, combustible y atención médica gratuita.

Estos beneficios costaban $14 al mes por cada trabajador soltero y $40 por cada familia, pero la política acogida fue la de ofrecer facilidades para el traslado de esposas e hijos para los trabajadores extranjeros.

‘No creo que hombres solos se conviertan en completos salvajes después de un tiempo, pero no hay duda de que la compañía de buenas mujeres contribuye a la estabilidad y a las buenas costumbres', decía Goethals.

Otra de las medidas que implementó la administración del canal fue la publicación de un periódico informativo, The Canal Record. A diferencia del Canal Bulletilin , emitido por los franceses, que proclamaba éxitos inexistentes y mentiras descaradas, el periódico de Goethals servía como un verdadero reporte del estado de las obras.

La publicación de estadísticas de trabajo segregadas fomentaba las rivalidades entre los diferentes grupos étnicos y funcionales y hacía que los trabajadores se esforzaran por mejorar los resultados cada semana.

RUTINA

La rutina de Goethals comenzaba a las seis de la mañana, haciendo un recorrido por las obras. En las tardes, se reunía, en el Edificio de Administración, con los jefes. Después de cenar, entre 6 y 7 de la tarde, continuaba trabajando hasta la media noche.

Los domingos, su casa estaba abierta a cualquier persona que quisiera exponerle quejas o solicitudes.

En un reportaje, el corresponsal de prensa Roy L. McCardell contaba haber sido testigo de la visita de las esposas de dos de los trabajadores.

La primera reclamaba que a su familia se le hubiera asignado una casa en Culebra, cuando a la familia de un colega de su marido se le había asignado una en Ancón.

Posteriormente, le correspondió el turno a la esposa de un especialista en dragado, quien había ido a pedirle que restituyera a su marido, despedido por un tercer altercado con la policía tras una borrachera.

‘Le juro por mis hijos que Tom nunca va a volver a beber. Dele otra oportunidad', rogaba la mujer, que había intentado inútilmente la misma gestión ante niveles de mando inferiores.

‘Le juro, coronel, que Tom tiene el mejor carácter del mundo cuando no ha bebido. Además, es el mejor trabajador de dragado que usted pueda encontrar'.

Según McCardell, Goethals le ofreció una última oportunidad.

En muchas ocasiones, la política de respeto a los trabajadores llevó a medidas poco comprendidas. Por ejemplo, en agosto de 1911, Goethals emitió la circular número 406, que prohibía ‘el lenguaje profano y abusivo de parte de la autoridad al dirigirse a los subordinados'.

Cuando la prensa estadounidense conoció la medida, se burló de esta, catalogándola de una ‘típica de escuela dominical'.

A esto, uno de los jefes de las obras replicó: ‘No se trata de moral, sino de eficiencia. Los trabajadores funcionan mejor cuando se les da un trato respetuoso'.

REFLEXIÓN

En una conferencia ofrecida en Panamá, en marzo de 1915, el ingeniero Goethals resumió el sentimiento que abrigaba hacia sus colaboradores: ‘Estamos reunidos esta noche, no ante la esperanza de concluir un proyecto, sino ante un logro realizado. Los dos océanos han sido unidos. Los derrumbes de los últimos días han detenido la navegación por unos cuantos días, pero a su momento, la tierra será removida. Los problemas que hemos tenido significan poco comparado con los beneficios que esta obra ofrecerá al mundo. Su conclusión se debe a la inteligencia y valentía de los hombres aquí reunidos, que han servido lealmente y bien. Ningún comandante del mundo ha tenido nunca una fuerza más fiel que la que me ha acompañado en la construcción del Canal de Panamá'.