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12 de Aug de 2020

Nacional

Jorge Rubén Rosas, la partida de un gran hombre

Amigos y familiares recuerdan al político, abogado y hombre de negocios que representó las virtudes más nobles como ciudadano y ser humano.

Jorge Rubén Rosas, la partida de un gran hombre
Jorge Rubén Rosas, la partida de un gran hombre

En una época de deterioro de los valores morales y de limitados referentes para la juventud, es preciso destacar el legado de personas como Jorge Rubén Rosas, comentó esta semana a La Estrella de Panamá el jurista y diplomático Eloy Alfaro de Alba, al solicitársele sus apreciaciones sobre el deceso de este político y abogado, ocurrido este miércoles 28, a los 94 años de edad.

‘Con él se rompió el molde', asegura Alfaro.

Y es que Rosas fue una de esas figuras legendarias, que brilló como ejemplo de todas aquellas virtudes que quisiéramos rescatar para los ciudadanos de este país: persona de enorme afán de superación, abogado autodidacta, político, padre de familia y ciudadano ejemplar, un caballero que actuó con inteligencia, decencia y visión en las múltiples facetas de la vida que le correspondió desempeñar.

Fue un ‘rara avis' en la política criolla, señala su colega, el diputado Luis Navas, quien en las décadas de 1940 y 1950 caminó junto a él la ciudad en manifestaciones juveniles y más adelante lo trataría cotidianamente en la Asamblea Nacional (1984-1989) donde ambos se desempeñaban como legisladores (hoy diputados).

QUIÉN ERA JORGE ROSAS

Rosas nació en 1923, en el distrito de Tolé, uno de los sectores más empobrecidos del país, en una familia de once hermanos.

En 1941, a los 18 años, con pocos recursos y sin más preparación que la recibida en la escuela pública interiorana, se trasladó a la capital, donde obtuvo una posición en la Zona del Canal bajo el esquema de ‘silver roll'. Mientras trabajaba de día, primero allí y posteriormente en la Compañía Suavel de Helados y Leche, de Pedro Ameglio, se fue preparando hasta adquirir, en 1953, la idoneidad como abogado, por la Corte Suprema de Justicia, en virtud de la ley 58 de 1946.

Entonces se unió a su hermano Olmedo, para formar la firma Rosas y Rosas, en la que se especializó en derecho laboral y aeronáutico.

PROFESIONAL Y POLÍTICO EXITOSO

Como ‘profesional fue muy exitoso: ayudó a fundar varias empresas como el Banco Exterior, Aseguradora Mundial, Iberia, Banvivienda y otras más, en cuyas juntas directivas participó durante años, además de ser gerente de Air Panamá hasta que esta fue adquirida por el gobierno', comenta la arquitecta Mariela Sagel, su sobrina.

Desde muy joven se sintió atraído por la política; en un principio, por la doctrina panameñista, que abogaba por el rescate de la cultura y valores más auténticos y profundos del país. Posteriormente, gestionaría la fundación de dos partidos políticos, el Movimiento Liberal Nacional (Molina, 1957) y el Movimiento Liberal Republicano Nacional (Molirena, 1982).

Durante más de 60 años de vida profesional, estuvo en el epicentro de los acontecimientos políticos y económicos del país. Fue electo diputado en seis ocasiones (1960, 1964, 1968, 1984 y 1989), y presidió el Órgano Legislativo en dos ocasiones.

En 1989 se desempeñó como ministro de Trabajo, al ser nombrado por el presidente Guillermo Endara. ‘Durante su gestión como ministro no se dio ninguna huelga laboral', recuerda su copartidario, el médico Temístocles Díaz.

TESTIMONIOS DE AMIGOS

‘Lo conocí después de las elecciones de 1968, unos meses antes del golpe de estado', recuerda el también abogado y escritor Juan David Morgan.

Rosas había sido electo diputado por la provincia de Chiriquí, pero una resolución lo despojó de su curul. ‘El acudió a nuestra oficina (en la que trabajaba junto a su padre y hermano), en busca de asistencia jurídica para presentar acciones legales. Si no el único, fue uno de los pocos que se atrevió a luchar contra un régimen que se perfilaba como despótico', relata Morgan.

Años más tarde, se volvieron a encontrar como directivos de la línea Air Panama: ‘En varias ocasiones tuvimos que viajar juntos a Madrid a negociar con Iberia. Entre nosotros surgió una amistad que siempre valoré mucho', continúa el abogado, socio de Morgan y Morgan.

‘De Jorge Rubén aprendí muchas cosas, principalmente el arte de negociar, del cual era un experto. Él sabía lo importante que resultaban la paciencia, la perseverancia y las buenas maneras. Cuando creía tener la razón, era muy difícil decirle que no; con mesura, pero también con energía, insistía una y otra vez sobre sus puntos de vista hasta que conseguía, sino todo lo que esperaba, por lo menos lo suficiente para sentirse satisfecho con haber cumplido la misión'.

Para su sobrina Mariela Sagel, las raíces de esa personalidad estable, ecuánime, respetuosa de las personas e ideologías, pero decidida a luchar por lo que creía correcto, se encuentran en los valores inculcados en su hogar, regido por un padre sumamente inteligente y una madre maestra, dedicada a su hogar.

‘Mi abuelo era una persona muy estricta. En su familia, se les inculcó tanto a él como a sus 10 hermanos la importancia de la superación y de la solidaridad. A medida que iban finalizando sus estudios en Tolé, ellos se fueron trasladando a la ciudad, sabiendo que gozarían allá de la atención y apoyo de sus hermanos mayores', prosigue Sagel, quien recuerda con especial cariño a su tío Jorge, no solo como su padrino, sino porque fue quien acogió a su madre en la ciudad y la ayudó a pagar sus estudios.

‘Dos de estos 11 hermanos llegaron a ser ministros de estado. Otro fue procurador de la República', comenta Sagel.

UNA GRAN PÉRDIDA

‘El país ha perdido a un gran abogado, a un gran político y a un gran hermano', dice, a su vez, el expresidente Aristides Royo, quien reconoce como ‘una de sus grandes cualidades su capacidad de mantenerse ecuánime: nadie le vio alterarse, ni proferir un insulto, pues era un ejemplo de caballerosidad'.

‘En política pertenecíamos a partidos opuestos y él adversaba el régimen torrijista, en el que yo participé, pero cuando llegó el momento de firmar los tratados del Canal, en Washington, en septiembre de 1977, puso a disposición del general Torrijos y los negociadores del tratado un avión de la línea Air Panama, que dirigía, para que pudiéramos llegar allá bajo una nave de bandera panameña', recuerda Royo. ‘Fue un ofrecimiento generoso y patriótico', dice el expresidente.

Con respecto de los mismos tratados, Eloy Alfaro recuerda que Rosas jugó un papel estelar durante los debates para el tratado en la Asamblea Nacional, preocupado, en particular, porque los trabajadores del canal no resultaran afectados por la transferencia de administración.

LA ASAMBLEA

Desde la Asamblea, su contribución fue inconmensurable, sobre todo por su comprensión profunda de los temas políticos, socioeconómicos, culturales y jurídicos, comentan dos de sus colegas diputados, Luis Navas y Harley Mitchell.

‘El fue uno de los que reconoció desde temprano la importancia del 9 de enero y pidió que fuera reconocida como día de duelo nacional', recuerda Navas.

También, como diputado en 1960, gestionó dejar sin efecto la inhabilitación política de por vida que le había conferido la Asamblea Nacional al expresidente Arnulfo Arias Madrid, en 1951.

A pesar de estar para entonces a un nuevo partido, Rosas concibió e impulsó esta acción por considerarlo ‘una reparación justiciera en beneficio de alguien importante en la vida pública del país'. Dos años después, Arias inscribiría su partido panameñista, bajo cuya bandera participaría en la vida política durante los años siguientes.

El ex magistrado y ex diputado Harley James Mitchell lo recuerda como una figura de referencia en la Asamblea, por sus conocimientos de la dinámica legislativa, su capacidad para conocer la realidad nacional y formular proyectos de ley de forma oportuna.

Lo mismo sugiere su colega Luis Navas: ‘En los debates podíamos coincidir o discrepar, pero él siempre sostuvo la postura de buscar acuerdos para aprobar las mejores leyes para el país'.

‘En la Asamblea se vive un ambiente de gran pasión, que en ocasiones, obnubila el juicio y se puede llegar al irrespeto; allí se profieren ofensas que no son fáciles de olvidar. El estaba por encima de eso, se concentraba en su función de legislador, porque la asamblea tuviese su mejor imagen, porque la gente contribuyera'.

UNA VIDA BUENA

Jorge Rubén Rosas vivió y se fue como hombre exitoso y querido por quienes lo rodearon.

‘Tuvo una buena vida… era una persona sana. Hace 40 años le quitaron un riñón canceroso, pero este más nunca le molestó. Hasta el año pasado, a los 93 años, estaba sano, y viajaba mucho, lo que le apasionaba', recuerda Sagel.

‘Hace apenas un par de años me tocó el privilegio de participar con él en un panel sobre temas relacionados con los sucesos del 9 de enero, y resultó evidente su lucidez y su memoria privilegiada', rememora Eloy Alfaro.

Esta semana, la Asamblea Nacional le prepara un homenaje póstumo, al que han sido invitados su esposa Mitzila, sus hijos Jorge Alberto, Carlos Rubén y Temístocles, y su hija Mitzila, con sus respectivos cónyuges y nietos.

Para Aristides Royo, el mejor homenaje que se le puede hacer a su memoria es dar a conocer su magnífico aporte, el libro ‘Huellas de mi andar', en cuyas 480 páginas ‘deja una amplia estela de lo que fue precisamente su quehacer como político, revolucionario, empresario, académico y ser humano'.