La Estrella de Panamá
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18 de Oct de 2019

Nacional

¿Qué aprender de la invasión?

Las operaciones de guerra irregular se ejercerían con armas de países distantes y con logística en varias coordenadas

El barrio de El Chorrillo fue la zona más bombardeada por los norteamericanos.

H ace 28 años, los de 30 andaban con Pampers y los de 40 salían del sexto grado. Seguro que algo oyeron de las bombas en El Chorrillo y que apresaron a Noriega donde un obispo. ¿Habrán oído hablar del ‘Iran-Contras Affair' y de los mercenarios nicaragüenses pagados con las ganancias de la coca colombiana? Ñagare.

¿Sabrán algo de un mega- campamento de coca instalado en pleno corazón del Darién por Pablo Escobar y un séquito suyo, de 6 generadores eléctricos y dos helipuertos, a pesar de la vigilancia diaria de los aviones militares del Comando Sur, tipo Electra, con scanner que divisaban una hormiga comiendo en la selva? Ñagare.

‘La invasión militar de USA en Panamá no tiene ninguna justificación; de ninguna índole'.

¿Sabrán que el propio George Bush padre, el que dio la orden de ‘cazar al bandido', patrocinó con la CIA y la DEA el ingreso de miles de toneladas de cocaína al territorio estadounidense? Menos. Eran secretos de confesión, y estos se guardan hasta la muerte. Ese oscuro y superprotegido entramado tenía licencia para matar y narcotraficar.

La Casa Blanca, a escondidas de su Congreso, necesitaba muchos dólares para pagar los mercenarios nicaragüenses, que debían derrocar con balas a los sandinistas; aún está muerto de la risa Daniel Ortega al día de hoy. Reagan cumplía con su maquillaje y discursos preparados; George W. Bush se encargaba de todos los servicios de Seguridad Nacional en un solo puño, insólito.

Las operaciones de guerra irregular se ejercerían con armas de países distantes y con logística en varias coordenadas; las de entrenamiento en Honduras y El Salvador. El general panameño y socio, coordinaba directo con Escobar y los de Cali otros negocios.

Los pilotos, algunos nacionales y de otras nacionalidades. Los oficiales de Migración y Aduanas tendrían antifaces cuando el santo y seña era ‘La Contra'. Un banco bien avispado, el BCCI, recibiría las maletas que entraban por Tocumen y daría los sleeps o constancias de los depósitos.

Nada de eso se estudia ni se estudiará jamás en nuestras aulas, ni en las universitarias. La historia tiene varios cachetes, y una buena parte la escriben unos señores que la replican de los periódicos o le adicionan leyendas urbanas. ¡Cómo las que acabo de leer en este mismo diario, de algún escribidor con ganas de que le paren bola! ¡Todo eso es parte de la vida misma de las naciones!

Se dice con cierta propiedad ‘que a los personajes o testigos de la historia hay que observarlos muy de cerca y juzgarlos muy de lejos'. Aquí es al revés: se les juzga muy de cerca y se les observa muy de lejos. No tenemos realmente registros históricos creíbles. Gran parte son leyendas urbanas. ¡Cuántas he tenido que oír que me aluden, y que ni siquiera son buenas novelas!

La invasión militar de USA en Panamá no tiene ninguna justificación; de ninguna índole. Noriega les mereció por meses repetidas visitas de un altísimo funcionario; él exhibió, como se ve claramente en el juicio de Miami, muchos certificados de buena conducta y altísima cooperación de la DEA y además la cálida bienvenida del director en Jefe de la CIA, William-Bill- Cassey.

¿Cómo que tan de repente se acabaron esos amores, y Bush padre tiene que mandar tantas divisiones para capturarlo, como en un nivel de tropas que tenían en Vietnam? Eso no se lo creen ni sus propios historiadores; y, en efecto, hay escritores gringos, como John Dinges -no novelistas- que desnudan abiertamente esas llagas de la propia Casa Blanca republicana.

El resto se destaparía en ‘En el Juicio del Siglo', como tituló el doctor Ricardo Lasso Guevara, enviado de nuestra Cancillería, la operación judicial en Florida, contra el militar recientemente fallecido. Solo que se acordó con los Fiscales y los excelentes defensores del entonces reo -como siempre- que era prohibido revelar ‘secretos de la Seguridad Nacional'. Que esperen 30 años, más los vivos de entonces, cuando se desclasifique todo.