La Estrella de Panamá
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16 de Oct de 2019

Nacional

Las navidades de un preso

...No puedo evitar recordar la Noche Buena de 1968. La pasé preso en la Cárcel Modelo. Pasajes terribles asaltan mi memoria y en virtud de esas circunstancias grises valorizo intensamente el significado humano del 24 y 25 de diciembre. Los militares golpistas de 1968 me recluyeron en la Cárcel Modelo la noche del 13 de diciembre. Se me mantuvo incomunicado hasta el 24 de diciembre.

La Navidad es una fiesta familiar por excelencia. Los sentimientos religiosos y los mecanismos de la publicidad condicionan el espíritu solidario tan propio de estos días. Un impulso íntimo nos lleva a estar cerca de los nuestros, a compartir el vino, las mieles y los buenos propósitos. Desde lejos llegan los ausentes y el nacimiento del hijo de Dios es celebrado en todos los hogares. En estas fechas deseamos que nada perturbe la paz social y que al niño pobre y al niño rico le sonría la vida como nunca.

En lo personal, en algún momento de cada 24 de diciembre, desde el año de 1968, cierro los ojos y vuelvo a vivir todo lo vivido, lo que me causó felicidad y lo que me trajo sinsabores. Hago presentes las decepciones infantiles por el regalo pedido que no llegó y los dolores padecidos, uno por designios de Dios, como las pérdidas de los hermanos en los días pascuales; otros, por disposiciones humanas, como el permanecer bajo arresto sin causa legal.

En las horas que vienen trascurriendo no puedo evitar recordar la Noche Buena de 1968. La pasé preso en la Cárcel Modelo. Pasajes terribles asaltan mi memoria y en virtud de esas circunstancias grises valorizo intensamente el significado humano del 24 y 25 de diciembre. Los militares golpistas de 1968 me recluyeron en la Cárcel Modelo la noche del 13 de diciembre. Se me mantuvo incomunicado hasta el 24 de diciembre.

‘¿AL SUMIRSE LA CÁRCEL EN EL SILENCIO, ENSAYÉ UN SOLILOQUIO SOBRE LA PAZ. ¿TENDRÍAN LA PAZ LOS CARCELEROS? ¿ESTARÍAN EN ESOS MOMENTOS EN PAZ A PESAR DE TENER EN SUS MANOS LAS LLAVES QUE APRISIONABAN A CENTENARES DE INOCENTES?'.

Ese día conversé con mi esposa y mis hijos. Si no los hubiera visto, la noche del 24 de diciembre no la hubiera soportado en paz. El haberlos visto me produjo una tranquilidad interior infinita. Incomunicado como estaba no tenía noticias de la razón de mi encarcelamiento. Mi buena fe, mi conciencia de hombre limpio de culpas, me indicaban que mis carceleros podrían tener la misma buena fe y para las navidades obtendría la libertad. Cuando vi por la ventana de mi celda las primeras luces navideñas en las casas vecinas, me estremecía al pensar que podría pasar esa fecha entre barrotes. Las luces fueron poco a poco apoderándose del entorno de la cárcel. Cada luz nueva encendía mi intranquilidad y ya en la víspera de Noche Buena todas las luces apagaron mis esperanzas de recuperar la libertad. En ese momento ya solo quería estar con los míos aunque fuera un minuto para decirles que levantaran el corazón y que en casa brindaran con alegría por la paz espiritual, por el amor y por la libertad; que ese debía ser el brindis perpetuo en la Noche Buena. El minuto, como dije, llegó. Le entregué a mi esposa e hijos mis palabras; ellos me entregaron sus lágrimas y sus promesas. Regresé a mi celda y la resignación venció todas las expectativas. ¿Cómo pudo ser posible semejante imposible?

FICHA

Un vencedor en el campo de los ideales de libertad.

Nombre completo: Carlos Iván Zúñiga Guardia.

Nacimiento: 1 de enero de 1926 Penonomé, Coclé.

Fallecimiento: 14 de noviembre de 2008, ciudad de Panamá.

Ocupación: Abogado, periodista, docente y político.

Creencias religiosas: Católico

Viuda: Sydia Candanendo de Zúñiga

Resumen de su carrera: En 1947 inició su vida política como un líder estudiantil que rechazó el Acuerdo de bases Filós-Hines. Ocupó los cargos de ministro, diputado, presidente del Partido Acción Popular en 1981 y dirigente de la Cruzada Civilista Nacional. Fue reconocido por sus múltiples defensas penales y por su excelente oratoria. De 1991 a 1994 fue rector de la Universidad de Panamá. Ha recibido la Orden de Manuel Amador Guerrero, la Justo Arosemena y la Orden del Sol de Perú.

A partir de las siete de la noche, la Cárcel Modelo vivió momentos increíbles. De pronto surgieron voces tímidas cantando villancicos tradicionales. Sin pausa alguna, el coro abrumó de pronto el espacio, los presos cantaban y si algunos seres ahogan sus penas en los recursos paganos, en la Modelo se ahogaban, paradójicamente, con el canto tierno propio de una noche tierna como la Noche Buena. En los momentos en que todos cantábamos, con un director de coro invisible, meditaba sobre los misterios del alma. Ella no tiene una sola estación en su andar glorioso o en su doloroso vía crucis. Las estaciones del alma son múltiples y encontramos estaciones para el bálsamo, para la alegría o para el sudario.

En la Canción de la Vida Profunda de Barba Jacob, nos enfrentamos a todos los enigmas de la vida y de la muerte y también encontramos todas las explicaciones del comportamiento humano. En aquellos momentos de comunicación espiritual no tuve un solo pensamiento de condena para mis carceleros porque no había sitio para ellos en mi mundo tan lleno de efluvios divinos. ¿Cómo puedo explicar que en la Noche Buena, lejos de mi madre, de mi esposa, de mis hijos y de todos los seres de mi sangre, una gran paz se apoderaba de mí y entonaba con todos los presos de la cárcel, cada cual en su celda, aquellas canciones que habitualmente llenan de regocijo el corazón?

Al sumirse la cárcel en el silencio, ensayé un soliloquio sobre la paz. ¿Tendrían la paz los carceleros? ¿Estarían en esos momentos en paz a pesar de tener en sus manos las llaves que aprisionaban a centenares de inocentes? Es que en los totalitarios sólo existe una paz simulada, aparente, artificial. No tienen la paz humana que emerge del espíritu. La paz auténtica solo se da en los hombres de buena voluntad, cuya mayor riqueza, decía Goethe, es tener el alma lo suficientemente grande como para no desear riquezas. En tanto, la paz del preso político es poderosa, se atornilla en la buena conciencia, es invisible, es espiritual. La del dictador es cosmética y es falsa. No reside en el corazón, ni en el alma, ni en el cerebro. Descansa y vive en el bolsillo. Hay que recordar el momento final del dictador mexicano Porfirio Díaz, quien al dejar el poder dijo: ‘Me llevo la paz en el bolsillo'. Frase emblemática de una casta de fieras cuya garantía de vida y supervivencia está en lo material y en los pactos. Ayer Porfirio Díaz, hoy los Montesinos insaciables. Todos estos tiranos de América en sus respectivas cuevas históricas aullaron alguna vez: me llevo la paz en el bolsillo.

En la Navidad de 1968, canté en la cárcel villancicos llenos de ternura y brindé, en comunicación espiritual con los míos, por la paz espiritual, por el amor y por la libertad. Hoy pido a todos mis lectores que a la hora del brindis de la Noche Buena levantemos la copa por la paz espiritual, por el amor y por libertad. Es el brindis perpetuo en estas noches navideñas.