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14 de Aug de 2020

Nacional

Canal de Panamá, entre éxitos y desafíos

Durante dos décadas, los panameños han logrado administrar la vía con eficiencia y rentabilidad. Concluyeron el Canal ampliado. Los aportes de la empresa al país superan los $15 mil millones

El 31 de diciembre de 1999 se escribió una nueva página en la historia de Panamá. James “Jimmy” Carter, expresidente de Estados Unidos y uno de los firmantes de los tratados del Canal de 1977, rubricó la nota de transferencia de la vía interoceánica y se la entregó a la entonces presidenta de Panamá, Mireya Moscoso. En ese momento le susurró al oído: “Ahora es de ustedes”. Moscoso le respondió frente al micrófono, con euforia: “¡Gracias. Al fin es nuestro!”.

Los panameños que presenciaban el acto, llenos de fervor patriótico, entonaron el Himno Nacional para recibir el Canal. Ese día, la bandera panameña ondeó sola por primera vez en el edificio de la administración canalera, donde desde inicios del siglo XX se izaba la bandera estadounidense.

La emoción ocasionó una acción entre los asistentes: “Hubo una reacción espontánea de cientos de panameños que subieron hasta donde estaba el asta de la bandera. La foto se convirtió en el momento más emblemático de la transición del Canal. ”, contó Álvaro Moreno, presidente de la Asociación de Prácticos del Canal de Panamá y secretario general de la Unión de Prácticos del Canal de Panamá. ¡Panamá había alcanzado la soberanía nacional!

“La administración en manos panameñas ha significado la realización del sueño de todo istmeño de ver una sola bandera ondear en lo que conocimos como la Zona del Canal. Que la vía interoceánica sea panameña acrecienta ese sentimiento de responsabilidad, pues velamos porque sea cada día más seguro y más eficiente”, concluye Moreno.

Entonces, el principal desafío era demostrarle al mundo que los panameños podían administrar el Canal igual o mejor que los 'gringos'.

Tras dos décadas de gestión panameña, la vía interoceánica continúa manteniendo su liderazgo, es lucrativa, y ha superado nuevos retos. El país concluyó y puso en marcha el canal ampliado, que ha producido oportunidades de crecimiento y desarrollo. En estos 20 años, el Canal ha aportado $15,032 millones a las arcas estatales que han contribuido a activar la economía panameña. Mientras que en 85 años de administración estadounidenses, Panamá solo recibió $1,878 millones.

Las estadísticas revelan un creciente incremento de los aportes canaleros. En el 2000, la empresa estatal entregó $167 millones. Y una década después, sus aportes alcanzaban los $815 millones anuales. Este año se registró una contribución histórica de $1,786.41 millones.

Uso de los aportes

A pesar de que se trata de millonarios aportes, estos dineros se depositan en la cuenta del Tesoro Nacional sin un destino específico.

El economista Juan Jované cuestiona qué parte de ese dinero se usó para financiar las planillas de la Asamblea Nacional de Panamá. Y recomienda modificar la ley para que se dirija a renglones específicos, como educación, salud, seguridad y soberanía alimentaria, por ejemplo. De esta forma asegurar que se empleen en áreas de prioridad de la población y evitar que sean utilizados para financiar el clientelismo, concluyó Jované.

“El Canal de Panamá ha cumplido con el mandato que se le encomendó de operar de manera segura, continua, eficiente y rentable. Los resultados operativos y financieros lo reflejan, con aportes directos al Tesoro Nacional”, aseguró la Autoridad del Canal de Panamá. Sin embargo, para que el Canal de Panamá continúe siendo eficiente y rentable debe enfrentar desafíos. El principal reto es resolver la disponibilidad del agua para los próximos cincuenta años.

Panamá, como muchos otros países, sufre el impacto del cambio climático y existe el riesgo de una reducción de la disponibilidad de agua. En 2016, la empresa estatal dejó de percibir ingresos adicionales por $40 millones como consecuencia de una reducción en los calados de las embarcaciones. Los cambios drásticos que está experimentando el clima produjeron una escasez de lluvias ese año.

Los retos

El agua representa el elemento crítico y sensitivo de la empresa canalera. De ella dependen las operaciones de la vía, pieza estelar de toda la industria logística del país. Y del agua que se reserva para su funcionamiento también dependen más de 2 millones de personas que viven en la zona metropolitana de ciudad de Panamá. De la disponibilidad del recurso se subordina la posibilidad de una nueva ampliación que permita la modernización y adaptación de las operaciones para enfrentar futuras demandas. El Canal depende de las aguas que se reservan en los lagos Gatún y Alajuela.

Hay, en esencia, 106 años usando agua del lago Gatún (1913), y otros 84 años usando agua del lago de Alajuela (1935). “ Y ya hemos llegado a su máxima presión”, recordó Jorge Quijano, exadministrador del Canal de Panamá.

El desafío de proveer una fuente alterna de agua para atender la demanda es una tarea que ocupa a tiempo completo a la Autoridad del Canal de Panamá. En estos momentos avanzan en estudios de factibilidad sobre reservorios de agua.

Otra de las opciones que se contempla es la construcción de una planta para desalinizar el agua de mar, aunque es una estrategia costosa, pero que puede representar la sostenibilidad a largo plazo de las operaciones de la vía interoceánica.

Todo parece indicar que la empresa y su fuerza laboral están listas para enfrentar los retos y continuar siendo más que una portentosa y exitosa obra de ingeniería, que mueve 33 buques diarios y generan casi $3 mil millones anuales, orgullo de un país, que intenta manejarlo alejado de la política y la corrupción que contaminan las instituciones.

El reto del tercer juego de esclusas de la vía interoceánica

ingeniería

Ampliar el Canal de Panamá no era una tarea fácil. Nadie creía que los panameños lo lograrían. “Nosotros no éramos Estados Unidos, que podía hacer una obra de $5 mil o $6 mil millones sin ningún tipo de problema. Tuvimos que ir a levantar dinero allá afuera, con el único aval de la buena voluntad y el buen trabajo que habíamos hecho” desde el año 2000, explicó Jorge Quijano, exadministrador de la vía acuática a la Agencia de Noticias EFE.

La ampliación era un proyecto muy complejo, agregó. Ni siquiera los estadounidenses la llevaron a cabo durante su periodo. Y aunque en 1939 lo intentaron, abortaron la misión. La II Guerra Mundial los hizo retroceder. Ellos siguieron estudios para un canal a nivel de 1966 a 1969, pero no continuaron porque estaban en medio de la negociación de los tratados para la reversión de la vía a Panamá. Finalmente, Panamá lo logró. Y hoy celebra el exitoso desempeño.

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