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24 de Jul de 2021

Política

¿Peligra narrativa del cambio?

Uno de los más complejos desafíos de una candidatura presidencial es encontrar una narrativa política que le permita articular una idea,...

Uno de los más complejos desafíos de una candidatura presidencial es encontrar una narrativa política que le permita articular una idea, o conjunto de ideas, que presenten al electorado de manera coherente y sencilla aquello que el candidato ofrece como su propuesta. Barak Obama encontró la suya en la propuesta de “Cambio”. Cambio ante su partido, primero, y ante los republicanos, después. McCain, por el contrario, nunca pudo dar con su narrativa: quiso ser “Héroe de guerra”, “País Primero”, “Líder” y “Osado inconformista”. El resultado ya lo conocemos bien.

En Panamá, luego de mucho bregar Ricardo Martinelli encontró su narrativa: “El verdadero cambio”. Cambio en relación con el PRD y con el Partido Arnulfista (PA). Y, más importante, cambio en contra de “más de lo mismo, 40 años de política tradicional y de malos gobiernos”. A medida que pasaban los meses las encuestas demostraban que el mensaje estaba siendo comprendido por el electorado. Eso que antes solo fue un tiro de salva contra las fuerzas políticas tradicionales (Papa Egoro, por ejemplo) se convirtió en una realidad encarnada en la figura de Martinelli. Una realidad que, todo indica, va a ser sometida a prueba a partir del anuncio la semana pasada de su alianza por el Partido Arnulfista.

Porque la campaña de Martinelli había dejado claro que el era cualquier cosa menos “más de lo mismo”. Ahora el desafío será transitar hasta las elecciones estirando lo más que puedan esa narrativa que lo tiene hoy punteando las presidenciales, incluso a sabiendas de que parte de su candidatura es la antítesis de lo que dice que es. Claro que el PRD no le va a hacer el camino fácil. Y tomemos en cuenta que Balbina Herrera es mejor al ataque que a la defensa (lo vimos en las primarias perredistas).

El PRD también sabe que quien va arriba en las encuestas solo se puede caer.

Varela, por su parte, no logró consolidar su narrativa de ruptura con la Administración Moscoso y por ello es posible que le sume algo de ese lastre a la candidatura de Martinelli. Con todo, su persona me parece bastante solida. Lo que le pesa es el partido.

Es posible que la decisión de Martinelli haya tenido mucho que ver con un mito que circula con fuerza entre los operadores políticos panameños: solo el PRD y el PA, por membrecía, estructura y organización, son capaces de ganar las elecciones en Panamá.

Es decir, Martinelli, por más que las encuestas lo digan, no lleva chance de ganar porque su candidatura carece de eso que le sobra a sus rivales.

Se trata de un razonamiento válido, pero solo en la teoría. Desconoce la habilidad del votante para tomar la decisión que le venga en gana una vez que esta solo frente a la urna. Por más transporte, suéter, gorra y demás que reciba camino al centro de votaciones, al final es el votante enfrentado a su decisión. Y allí, en ese momento, muchas cosas pasan por su cabeza.

Esa lógica que prima la estructura también olvida algo: sirve de poco contar con toda la organización del mundo el día de las elecciones si la candidatura llega con una narrativa dispersa, sin fuerza y sin momentum. Nadie vota a perdedor, dice la historia. Recordemos, sino, la bien aceitada y eficientemente organizada campaña por el Si en el referendo promovido por Pérez Balladares. Si el mito fuera cierto, ¿por qué no ganó Martin Torrijos las elecciones de 1999 con toda la maquinaria estatal y del PRD de su lado? O ¿porque a José Miguel Alemán, con el aparato gubernamental y arnulfista en plenitud de recursos y membresía detrás suyo, alcanzó solo el 16% de los votos en el 2004?

Está claro que un partido organizado y bien coordinado respalda muchísimo al candidato (el opositor Torrijos 2004, por ejemplo). Pero esa ayuda se da más que nada durante la campaña. Penetrando en las comunidades, agrupando los jóvenes, consolidando las candidaturas locales, haciendo las llamadas, etcétera. Y claro, llevando la gente a votar y custodiando el proceso.

Pero hasta allí. La sola creencia de que los electores van como borregos al matadero desconoce que hoy la gente me mueve más de acuerdo con temas que sobre afiliaciones partidistas.

Aunque le disguste a alguno, la gente hoy responde mucho más a Margarita Henríquez e Irving Saladino que a Omar Torrijos y Arnulfo Arias.