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31 de May de 2020

Política

El discurso un año después

PANAMÁ. Cuando se está en medio de un campaña electoral, los candidatos buscan cualquier forma de captar la atención de los votantes, ya...

PANAMÁ. Cuando se está en medio de un campaña electoral, los candidatos buscan cualquier forma de captar la atención de los votantes, ya sea atacando el lado más vulnerable de sus contrincantes o prometiendo cielo y tierra a los electores. Pero tan pronto les es colocada la banda presidencial, la situación pasa a ser totalmente distinta a como la imaginaron mientras eran candidatos y se dan cuenta que muchas de las promesas y compromisos que adquirieron siendo candidatos, son sino imposibles, muy difíciles de llevar a la realidad.

Nuestro gobernante no está exento a esta situación. Ricardo Martinelli, el candidato, ese que caminó 5 años en los zapatos del pueblo hizo muchas promesas de campaña. Su predilección era atacar al presidente de turno Martín Torrijos y criticar sus viajes, la inseguridad, la corrupción. Lo irónico es que varios meses después Martinelli parece ir repitiendo los mismos pecados de quienes lo antecedieron, y lo que un día criticó, ahora incluso lo alaba.

DEL DICHO AL HECHO

Enumerando cada uno de los pecados, llamando así a los giros de 180° que Martinelli ha tenido que darle a algunas de sus decisiones como presidente; se podría colocar de primera en la lista, las inminentes reformas al Código de Trabajo.

A principios de 2009 Martinelli en su campaña se comprometió a no reformar el Código de Trabajo. Poco más de un año después, el propio presidente confirmó que habrán modificaciones a la legislación laboral, de la cual opina lleva muchos años igual. ‘ Esa ley es de 1972, cuando ni siquiera había televisión… no podemos pensar que las cosas siempre van a ser igual’, fueron las palabras de Martinelli en una entrevista televisiva para justificar las reformas laborales.

Los obreros del Suntracs le exigieron a Martinelli que mantuviera su promesa de no reformar el Código y se declararon en pie de guerra ante cualquier cambio que se quiera introducir al Código de Trabajo.

Pero el cambio de parecer respecto al Código de Trabajo, es el último de los pecados del presidente.

En campaña, Ricardo Martinelli usó como bandera los constantes viajes de Torrijos. Cada vez que el mandatario PRD salía de viaje, Martinelli arremetía contra él, acusándolo de dejar el país en piloto automático. Varias millas después, Martinelli vio que viajar era bueno, y en poco tiempo cambió su discurso, incluso reconoció su error al cuestionar a Torrijos asegurando que los viajes significaban más inversión para el país.

Y así como vio que los viajes eran buenos, descubrió que el avión presidencial no lo era. Cuando Torrijos anunció la necesidad de adquirir una nueva aeronave presidencial, Martinelli lanzó dardos en su contra. Para él no había tal necesidad de comprar un nuevo avión. Pero aparentemente cuando Martinelli vio la nave, le pareció obsoleta, entonces decidió que era momento de comprar una nueva. Las críticas no se hicieron esperar y el presidente se defendió alegando que la nueva aeronave sería no sólo para él y su Gabinete, sino también para ayudar con el traslado de enfermos. Hasta ahora el Legacy 600 lleva 16 viajes del presidente y 2 traslados de enfermos.

Los funcionarios públicos fueron otro ejemplo de que una cosa es prometer en campaña y otra enfrentarse al mundo real. El candidato Martinelli dijo a los funcionarios públicos que podían sentirse tranquilos por que respetaría su estabilidad laboral consignada en la carrera administrativa. Sin embargo sólo días después de tomar posesión el nuevo gobierno se inició la reforma a la Ley de Carrera Administrativa, provocando la salida de más de 30 mil funcionarios públicos. Las razones que se adujeron, fueron la existencia de botellas en el gobierno, que lesionaban las finanzas del Estado.

La lista de pecados de este gobierno es amplia. Las reformas fiscales que aumentaron el ITBMS de 5% a 7%, las constantes peticiones de respeto a la institucionalidad, los roces con los miembros de la sociedad civil, la poca ejecución en el sector agropecuario son sólo algunos de los temas en que el presidente ha cambiado de opinión más de una vez, no obstante el presidente parece inmune. Al menos un 70% de la población prefiere centrarse en las buenas obras de su gobierno, algo que pasa con casi todos los presidentes.

‘El electorado prefiere centrarse en las cosas buenas, ya no cree en promesas, están conscientes que el discurso de campaña y el de presidente son totalmente diferentes’, sostiene el analista político Renato Pereira.

El también abogado agrega que la población evalúa el trabajo de los gobernantes no en base a lo que prometió sino respecto a cómo está trabajando.

Y en su trabajo, Martinelli ha sabido jugar muy bien sus cartas, llevando a cabo una serie de obras millonarias en beneficio de las comunidades, lo que le ha asegurado mantener elevados niveles de popularidad.

Pero hasta ahora en cuanto a las obras, lo que se tiene en concreto, son promesas de megaproyectos viales, sociales y de infraestructura, que aún no han empezado a materializarse.