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06 de May de 2021

Antonio Saldañaopinion@laestrella.com.pa

Opinión

¿Xenofobia o neocolonialismo?

Para nadie es un secreto que la independencia de Panamá de Colombia (1903) es objeto de leyendas y mitos antihistóricos

Con el falso argumento del panameño de hoy, conservador y xenofóbico (odio al extranjero), se pretende tergiversar la historia republicana y además despojarnos de nuestra identidad nacional.

Veamos algunos ejemplos recientes. Para nadie es un secreto que la independencia de Panamá de Colombia (1903) es objeto de leyendas y mitos antihistóricos. Uno de ellos es de origen colombiano, tan arraigado por esos lares que hasta el laureado escritor premio nobel, Gabriel García Márquez, en 'Vivir para contarla', escribió que la República de Panamá es el resultado de un "desmembramiento de Colombia" y que 'el Canal de Panamá -en el año 2002, fecha en que publicó su autobiografia novelada- era de los Estados Unidos'. Todo esto en circunstancias en que la mayoría de las personas del mundo entero, saben que para ese momento ya se habían concertado los nuevos tratados del Canal (1977) y el último soldado estadounidense en territorio panameño había arriado la bandera de las barras y las estrellas, al mediodía del 31 de diciembre de 1999.

No es de extrañar pues, que otra ¿ilustre? colombiana, conductora de un programa de opinión en un canal de televisión propiedad de un reconocido miembro de la "bancocracia" istmeña, presentara como panelista a un sociólogo (no historiador) para decirnos que lo acaecido el 3 de noviembre de 1903 no fue la independencia de la República, sino la "separación" tutelada por el imperialismo yanqui. (Descubrió que el agua de lluvia es un compuesto de H2O).

Mediante dicho eufemismo sostuvo la peregrina afirmación que del intervencionismo estadounidense se derivó la "negociación" del Tratado del Canal Hay-Bunau Varilla y en consecuencia la "separación" mediatizada del Estado panameño, es decir, no formamos parte del concierto de naciones libres e independientes y, además, sosteniendo temerariamente, que aun somos una provincia de Nueva Granada o, prácticamente, una colonia norteamericana.

Sin embargo, es ampliamente reconocido por los historiadores panameños e independientes de Estados Unidos, así como por los actores de la sucesión de 1903 que ésta es la síntesis de la confluencia de varios factores políticos, entre estos, la "terquedad histórica" del pueblo panameño -autonomismo e independencia- liderada por la burguesía comercial transitista; el abandono del Istmo por la andina metropolis bogotana y; por supuesto, el expansionismo del "Norte revuelto y brutal". Elementos políticos que se constituyeron en detonantes de la Independencia del Istmo.

Contrariar la historia con mitos y leyendas, y con "infantilismos de izquierda"; sería como señalar que la revolución cubana no es socialista porque está "mediatizada" con la presencia colonial de la base militar yanqui en Guatánamo.

Otro ejemplo, auspiciado y propalado por los mismos actores antinacionales. Se dice que rechazar la presencia de profesionales extranjeros (profesiones liberales solo para panameños) es xenofobia. Mediante este artilugio la burguesía financiera y burocrática nacional (empleadores y élite gobernante) y politicastros de la peor ralea, pretenden traer profesionales precarizados -como ya está ocurriendo con la mano de obra extranjera no calificada que compite de manera desleal con los panameños- y pagar salarios de hambre inaceptables en nuestro país.

Por último y a través del mismo hilo conductor de las fuerzas antinacionales -siempre presentes y dominantes en nuestro desarrollo nacional- a raíz de la reciente contienda electoral en los Estados Unidos se nos pretende vender la fementida idea de la existencia de un Tío Sam bueno (Joe -kiss girls-Biden) y un Tio Sam malo ( Donald -Crazy- Trump).

Nada más alejado de la realidad, porque independiente de que sea un presidente republicano o un mandatario demócrata el que ocupe la Casa Blanca, los Estados Unidos de América es -desde hace más de 100 años- una potencia imperialista que en su agenda geopolítica de neocolonialismo (predominio económico, político o diplomático de potencias imperialistas o de empresas transnacionales) no registra amigos sino intereses. ¡Así de sencilla es la cosa!

El autor es abogado y analista político.