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06 de Jun de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

El síndrome del entrevistador

Sufro pena ajena cuando en una entrevista oigo y/o veo involucrados que parecen realizar un papelón ridículo donde no sale lo mejor del ...

Sufro pena ajena cuando en una entrevista oigo y/o veo involucrados que parecen realizar un papelón ridículo donde no sale lo mejor del entrevistado, ni del entrevistador... y menos de los espectadores.

Ejemplo, una señora recién llorada, con restos mucosos en su cara y tal vez gimiendo aún, porque a su esposo taxista lo mataron balaceado y se queda sola con cinco hijos, todavía pequeños; quien la entrevista comienza por preguntarle: “¿Qué siente por haber perdido a su esposo de esta cruel manera y quedarse sola con sus cinco hijos?”.

Y yo me pregunto? —al estilo de J. C. Tapia— ¿es que quien entrevista no tiene una idea de lo que se puede sentir en una situación tan terrible, como para pretender que escuchará algo diferente a lo que podría sentir un ser humano golpeado por una tragedia tan aplastante?, ¿será que pretende que la señora rompa en llanto en vivo y a todo color amarillo para mejorar el “ratings”?, o ¿será que su talento como comunicadora no le da para algo mejor? Otro ejemplo ? termina una de esas famosas tómbolas donde las ganancias promocionadas se multiplican muy por encima del costo del premio y un señor —mejor si es de aspecto humilde— fue el ganador del carro, la casa o lo que sea. Quien entrevista comienza obsesionadamente siempre con: “¿Qué se siente haberse ganado este premio?”, como si existiera la probabilidad de que el señor monte en cólera y le responda: “el carro yo lo quería amarillo, no este horrible color”; o si fuera una casa? “esta casa me queda muy lejos del trabajo y sólo tiene 3 recámaras? me siento muy disgustado”.

El “¿Qué se siente por??” —¿Ké C 100 T X, en lenguaje chat— se ha convertido en una epidemia que ridiculiza al que pregunta y al que tiene que contestar cosas tan obvias. Y esto más que pena ajena produce lástima propia, porque nos lastima que personas cultas y muchas extranjeras nos califiquen a todos por tan grande falta de tacto.

¿Acaso hay alguien que pueda sentir algo diferente a lo que Saladino sintió al conseguir la primera y única medalla de Oro olímpica para su país? Las diferencias serían muy pocas, a pesar de que la bendita medalla no le cayó del cielo ni fue obtenida por su buena suerte, se la ganó a pulso haciendo algo que la mayoría de nosotros no hace, fue disciplinado, entrenó y se esforzó por ser el mejor. Ahora todos somos partícipes de su gloria.

Hay una máxima que dice: “El triunfo tiene muchos padres..., la derrota es huérfana”.

¿Saben cuándo sí deberían usar el “¿Qué se siente por??”, con los directores, organizadores y demás aprovechados y estafadores del deporte, para preguntarles? “¿Qué se siente ser un obstáculo para el desarrollo del deporte en Panamá y se les haya escapado un campeón del que no se pudieron aprovechar?”.