Según Díaz-Canel, las conversaciones han sido coordinadas con las principales instancias del Partido, el Gobierno y el Estado cubano
- 15/03/2026 00:00
En materia de alimentos, los consumidores sentimos desconfianza
Existe una cantidad cada vez mayor de personas en todo el espectro político, desde activistas del Movimiento de Alimentación Saludable hasta hombres de negocio y amas de casa, que expresan su preocupación por el impacto en la salud de los alimentos ultraprocesados, esos productos listos para consumir, envasados y envueltos en plástico, que abarrotan las estanterías de los supermercados.
Incluso, personas que discrepan en casi todo, coinciden en un problema común: las autoridades y los políticos han permitido que las empresas alimentarias utilicen ingredientes sin una revisión de seguridad completa e inunden el mercado con alimentos ultraprocesados que ahora representan el 50 % de nuestras calorías y el 60 % de la dieta de nuestros hijos.
Durante los últimos años, los consumidores hemos estado expuestos a algo que nuestra biología no estaba diseñada para tolerar: alimentos ultraprocesados, ricos en energía, muy agradables al paladar y de rápida absorción, que han alterado nuestro metabolismo y han provocado el mayor aumento de enfermedades crónicas de nuestra historia. Diabetes tipo 2, prediabetes, hipertensión, lípidos anormales, hígado graso, infartos, accidentes cerebrovasculares e insuficiencia cardíaca.
En términos de salud pública, esto es una crisis que se compara únicamente con la del tabaco, únicamente que a una mayor escala. Entendamos que no todos fuman, pero por lo que vemos la mayoría de personas consumen alimentos ultraprocesados.
En Panamá, el 70 % de la población adulta tiene obesidad o sobrepeso, y no es porque se hayan vuelto perezosos, ociosos o porque de repente hayan desarrollado un apetito desmesurado. Es porque consumen alimentos bajos en nutrientes y altos en calorías, y eso está destruyendo nuestra salud. Durante años hemos venido documentando que los alimentos ultraprocesados nos están envenenando. Y eso se debe en gran medida a que los consumidores desconocen las consecuencias para la salud de lo que comen. Pero también a la falta de supervisión y ausencia de regulación que ha sido aprovechada por la industria, al punto que hoy día se le añade más de 7 mil ingredientes sintéticos a nuestro suministro de alimentos.
La pregunta entonces es cómo sabemos si lo que comemos es seguro. La verdad es que, ningún consumidor puede saber si un producto es seguro si está ultraprocesado. De allí que nuestras autoridades, incluyendo el Minsa, Dinacavv, Acodeco y muchas otras, deben ir más allá de lo establecido en el actual proyecto de ley de etiquetado de advertencia nutricional y revocar el estatus de cientos de productos ultraprocesados que contienen ingredientes tóxicos, dañinos, carcinógenos y no seguros para el consumo humano. Productos ultraprocesados que se absorben tan rápido en nuestro sistema que causan estragos metabólicos, afectan los circuitos de recompensa cerebrales y provocan que comamos en exceso. Productos que nos privan de cualquier sensación de saciedad y con calorías vacías que terminan en el hígado causando enfermedades cardiometabólicas. Productos cuya etiqueta de ingredientes ni siquiera se pueden pronunciar.
¿Es eso comida? Por supuesto que no. Y como consumidores nos sentimos desconfiados cuando se trata de alimentos ultraprocesados. En diciembre pasado, el fiscal de la ciudad de San Francisco, David Chiu, presentó una demanda histórica contra una decena de fabricantes de alimentos ultraprocesados, alegando que, al igual que las tabacaleras, diseñaron y comercializaron a sabiendas productos adictivos y peligrosos, ocultando los riesgos y provocando una crisis de salud pública.
La Asociación de Marcas de Consumo, uno de los mayores grupos comerciales que representa a la industria alimentaria en los Estados Unidos, se negó a responder sobre la demanda, aunque siempre han afirmado que no existe una “definición científica consensuada de alimentos ultraprocesados” y que “las empresas se adhieren a los rigurosos estándares de seguridad basados en la evidencia y a la política nutricional establecida por la FDA para ofrecer productos seguros, asequibles y convenientes de los que los consumidores dependen a diario”.
Como consultor de la industria que durante décadas ha advertido sobre los alimentos baratos procesados en fábricas, reitero que la industria se ha salido con la suya y no reconoce su responsabilidad con los alimentos ultraprocesados. Incluyo además a los gobiernos y legisladores, porque en vez de apoyar a mejorar la producción de frutas y vegetales para que sean más asequibles, han creado normas y leyes que han ayudado a estos consorcios industriales a añadir las calorías menos saludables a la dieta.
Hoy, 15 de marzo, fecha que se celebra el día mundial del consumidor, debemos sentirnos bien porque cada vez nos acercamos más a nuestros objetivos. A pesar que las corporaciones se empecinan en hacer de las suyas, no tenemos dudas que eventualmente triunfará la razón y saldrá a relucir la verdad. ¡Y se hará justicia! Y muchos nos alegraremos cuando estos ejecutivos de las grandes corporaciones alimentarias comparezcan ante los tribunales, tengan que levantar la mano y ser interrogados como lo fue la industria tabacalera. De verdad, me gustaría que comprendieran las consecuencias de lo que están haciendo y que hicieran algo al respecto. Antes de que sean señalados y juzgados por afectar la salud de millones de consumidores.