Según Díaz-Canel, las conversaciones han sido coordinadas con las principales instancias del Partido, el Gobierno y el Estado cubano
En Panamá se vive actualmente una etapa donde la desconfianza hacia los partidos políticos, las instituciones, sus líderes y hasta los propios ciudadanos marca la pauta dentro del pensamiento social. Esto se refleja en un estado de ánimo colectivo que se ha ido consolidando y que hoy se manifiesta en casi cualquier conversación cotidiana.
En la mesa familiar, en la fila del supermercado, en un taxi o en una reunión entre amigos, la duda parece ser el punto de partida de cualquier opinión sobre lo público. Antes de analizar una denuncia, una propuesta o valorar una iniciativa, aparece primero la sospecha. La pregunta no es qué se está haciendo, sino qué se está buscando realmente.
Los ciudadanos ya no creen fácilmente en las motivaciones de nadie. Si un actor político impulsa una iniciativa, muchos inmediatamente se preguntan qué interés oculto puede haber detrás. Si una organización promueve una causa social, surge la duda sobre quién se beneficia. Incluso cuando se trata de decisiones que, en apariencia, podrían responder al interés colectivo, la reacción inicial suele ser la misma, desconfianza. Pero esta postura no responde a conductas innatas, sino a reacciones aprendidas por la experiencia. Con el paso del tiempo se ha ido debilitando la idea de que alguien pueda actuar movido por el sentimiento patrio o por el genuino bienestar del país. En el imaginario ciudadano esa posibilidad parece cada vez más lejana. La sospecha se ha convertido en una especie de reflejo automático, casi una defensa aprendida frente a años de decepciones y promesas incumplidas.
Este fenómeno no se limita solamente a los políticos y los partidos. También alcanza a las instituciones. La inconformidad de los ciudadanos con el desempeño institucional ha erosionado la credibilidad de estructuras que, en teoría, deberían representar estabilidad, orden y confianza.
En la encuesta Vea Panamá de enero de 2026 le preguntamos a los entrevistados, según su percepción: ¿Cuál de las siguientes instituciones u organizaciones considera que tiene mayor credibilidad en Panamá? La respuesta mayoritaria fue “ninguna”, con un 45 %. A esta cifra se suma un 11 % que respondió “no sabe / no responde”, lo que en conjunto totaliza 56 % de los entrevistados que no identifican para ellos una institución con credibilidad clara en el país.
Entre las instituciones mejor evaluadas aparece el Canal de Panamá, con un 7 %, seguido por los bomberos, con 6 %, y el Sinaproc, también con 6 %.
Estos resultados demuestran que ya no se trata únicamente de evaluar si un gobierno lo hace bien o mal, sino de una duda más amplia sobre la capacidad y credibilidad que poseen las Instituciones del Estado que dentro del sistema político deben tener la capacidad para responder a las necesidades del país.
Panamá se enfrenta hoy a ese dilema, entre el escepticismo acumulado y la necesidad de volver a creer que lo público puede servir al interés común.
La confianza no es un recurso perdido, es una construcción que puede levantarse nuevamente cuando las palabras se acompañan de hechos. Tal vez, el verdadero desafío de nuestro tiempo no sea solo gobernar mejor sino devolverles a los ciudadanos una razón para volver a creer en la Patria y sus Instituciones.