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30 de May de 2020

Redacción Digital La Estrella

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Otra vez en Siracusa

En el año 367 antes de Cristo muere Dionisio I en Siracusa (actual Sicilia). Lo sucede su hijo primogénito Dionisio II. Dión, cuñado de ...

En el año 367 antes de Cristo muere Dionisio I en Siracusa (actual Sicilia). Lo sucede su hijo primogénito Dionisio II. Dión, cuñado de Dionisio I y gran admirador de los socráticos, convence a Platón para que actúe como tutor de Dionisio II en el arte del buen gobernar. Esta fue la segunda vez que Platón viaja a Siracusa.

En su primer viaje trató de influenciar al tirano Dionisio I, resultando su labor infructuosa. Dionisio I lo desterró y Platón embarcó en una nave espartana que hizo escala en la isla de Aegina, en ese entonces en guerra con Atenas. Platón es hecho esclavo y luego rescatado por Anniceris, quien le otorgó su libertad.

Dión estaba seguro de que Dionisio II estaba interesado en la filosofía y en la justicia y quién mejor que Platón para instruir al nuevo gobernante a materializar el sueño de una ciudad ejemplar. Este sería el segundo viaje de Platón a Siracusa.

Para Platón la idea de instruir a Dionisio II era materializar el sueño de convertir a los reyes en filósofos o a los filósofos en reyes.

No pudo Platón con el joven gobernante, que solo estaba dispuesto a utilizar el poder para controlar a sus súbditos a la fuerza. Su interés se limitaba a adquirir conocimientos, pero sin la disciplina necesaria para asimilar conceptos trascendentales. No pasó mucho tiempo cuando Dionisio empezó a temer de Platón y a Dión, logrando desterrar a ambos de la ciudad.

Siete u ocho años después, Dión, en el destierro, tiene noticias del retorno de Dionisio II a la filosofía y vuelve a solicitarle a Platón que regrese a Siracusa para instruir al gobernante.

Platón no estaba seguro de que Dionisio II podía adquirir los conocimientos para el buen gobierno, pero su ambición de convertir a reyes en filósofos lo motivó a regresar a Siracusa.

En esta ocasión, Platón encuentra a un Dionisio más arrogante y con pocos deseos de transformación. Descontento y desilusionado regresa a Atenas a dirigir la Academia hasta el fin de sus días.