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21 de Jan de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Las tres plagas

Pocas veces en nuestra historia se había despertado en Panamá tanta furia contra la familia y la vida. Nunca he comprendido por qué los ...

Pocas veces en nuestra historia se había despertado en Panamá tanta furia contra la familia y la vida. Nunca he comprendido por qué los que deben proteger a la familia, como santuario de vida, hacen lo contrario, convirtiéndose en una amenaza para los inocentes.

Ahora se lanzan contra nuestros hijos, con el proyecto de Ley No. 442 Sobre Educación Sexual y Reproductiva, que actualmente se discute en la Asamblea Nacional.

Estos ataques no son nuevos. En su época, el Papa Benedicto XV denunciaba tres plagas que destruyen la familia: “ El divorcio, que quebranta la estabilidad; el monopolio de la enseñanza, que elimina la autoridad de los padres; la búsqueda del placer, que con frecuencia se opone a la observancia de la ley natural ”.

El Papa Benedicto XVI también escribió sobre el tema: “ La familia ha sido y es escuela de la fe, palestra de valores humanos y cívicos, hogar en el que la vida humana nace y se acoge generosa y responsablemente. Sin embargo, en la actualidad sufre situaciones adversas provocadas por el secularismo y el relativismo ético, por los diversos flujos migratorios internos y externos, por la pobreza, por la inestabilidad social y por legislaciones civiles contrarias al matrimonio que, al favorecer los anticonceptivos y el aborto, amenazan el futuro de los pueblos ” (13 de mayo de 2007).

Esto es lo que ocurre cuando sacas a Dios de tu vida. Olvidas tus deberes con tus semejantes. Que estás en un puesto público, para servir, con honestidad y justicia. Por ello, te afanas en implementar leyes contrarias a la Ley de Dios, que atentan contra la vida y tu propia familia.

Yo solía ser de los que siempre guardaban silencio. “¿Para qué?”, me decía. Hasta que comprendí que tenemos un deber moral. Nadie puede callar ante este grave atentado.

Este proyecto de ley va a robar la “gracia de Dios” que habita en nuestros hijos. No se puede defender lo indefendible. Ni tolerar lo que va contra la moral. Una persona, entrevistada, atinadamente lo llamó: “salido del infierno”. A donde debe volver.

Nuestro apostolado debe ser anunciar, llevar esperanza, pero también denunciar.

Hay unas palabras del padre Mateo Crawley, un sacerdote peruano que nació 1875, y que cobran vigencia en nuestros días: “Muchos católicos creen que el apostolado es el monopolio de los sacerdotes, diciendo: «¿Qué puedo hacer yo?, ¡no es asunto mío!». Pero vosotros no podéis decir eso. No basta con que seáis católicos fervientes; para vosotros, el apostolado es un deber, no un lujo. Vuestro deber consiste en salvar las almas de los demás, y para conseguirlo debéis ser algo más que maestros. Debéis ayudar a Nuestro Señor a pescar almas para la eternidad. Los enemigos de Cristo se baten con energía y se sacrifican de muchas maneras para impedir que las almas vayan al Cielo. Los enemigos de nuestro Divino Rey ponen a menudo más empeño que sus amigos”.