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02 de Mar de 2021

Redacción Digital La Estrella

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Puntos sobre las íes...

Las Fiestas patrias nos sorprenden en plena guerra electoral, con más tiros y bombas que en la Guerra de Coto. Aún ignoramos si Philippe...

Las Fiestas patrias nos sorprenden en plena guerra electoral, con más tiros y bombas que en la Guerra de Coto. Aún ignoramos si Philippe Jean Bunau-Varilla nos engañó o si le ayudamos a que nos engañara. La República fue más formal que otra cosa, porque, ¿qué Nación podíamos ser, y menos Estado, con gringos mandando adentro?

Los fraudes no fueron a partir de 1984 o de 1989, ¡por favor! Por 1910 una elección de concejales en la capital se demoró casi un año en escrutarse. Don Belisario, serio, formal, inteligente, aún con sus gustos bogotanos, buscó gobernar bien. Después siguió don Rodolfo Chiari, que pronto fundó ingenios, desde los cuales también se cocían presidentes.

Los liberales siguieron con sus monopolios de poder, sólo que divididos en pedazos, hasta que el Dr. Arias se metió por los palos, matando policías en 1931, con Acción Comunal. ¡Santito no era el caudillo, ni tampoco democrático! Hasta que los militares cansados de tumbar presidentes para cosecha de otros, hicieron su propio gobierno.

Parecía un golpe más. Lo que varió es que Omar Torrijos no fue de los que gobernando cuatro años, salían millonarios ni ponían licorerías o supermercados. Gobernó 13 años y ni siquiera el excelente G-2 de La Prensa, Guillermo Sánchez Borbón, logró rastrearle ni un medio milloncito en bancos. Cualquier otro gobernante por pactar algún negocito con los gringos habría conseguido varios millones. Omar nos dejó Canal, soberanía, territorio completo, dignidad y salió sin plata y hoy por hoy es la figura panameña más respetada en el mundo, así sangre la avenida 12 de octubre.

Hoy día las guerras serán contra Balbina Herrera Araúz, en segundo término contra Martín Torrijos, pero realmente el objetivo principal es Omar y su Torrijismo. ¡Cómo duelen esos 670,000 perredés, y que nadie llore, como dice Domplín!

Si hablamos del caso de Daniel Delgado Diamante y la muerte del cabo Andrés García, no digamos una sola historia, contemos todo.

Para ser magistrado, como Donatilo Ballesteros lo fue entonces, había que ser amiguito de militares altos. Es decir, si como quieren hacer ver, el fiscal Auxiliar Fassano era amanuense de la bota militar, Donatilo también lo fue. Pero, así no era, hubo gente seria, igual que diablitos. Como serio y decente fue Ramón Palacios Parrilla, presidente de la Corte; y Alejandro Ferrer, ministro de Gobierno. Y los embajadores Jorge Illueca y Aquilino Boyd. Y tantos más. Diablos también hubo. Tratar de establecer que todo era malo, es irreal, porque si sumamos todos los juristas y de otras profesiones que trabajaron con los militares, allí estaba medio Panamá. El problema de creer en libros de historias, es que todos cojean de alguna pata, todos se muestran con tendencias “históricas”, según los aires que le soplaban a los historiadores. Con qué candidez, que raya en la mentira, se quiere decir ahora que sólo los militares pecaban.

El silencio de los “inocentes”, el que ningún magistrado, fiscal superior, asesor legal, ninguno, hubiese denunciado una violación de derechos humanos, y menos renunciado de su cargo a la menor violación de los mismos, es lo que acumuló tantos problemas, en lo cual el pecado de Omar fue que por ser jefe de Gobierno no pudo atender directamente a varios pollos que se le salieron del gallinero.