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26 de Feb de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Subsidiariedad y educación sexual

Mayoritariamente estamos de acuerdo en que la causa principal de las epidemias de enfermedades sexuales radica en la poca o mala educaci...

Mayoritariamente estamos de acuerdo en que la causa principal de las epidemias de enfermedades sexuales radica en la poca o mala educación sexual que los jóvenes reciben; pero definir cuál es la educación apropiada es algo que depende de la educación religiosa y científica de cada persona.

La Iglesia Católica sostiene que las relaciones sexuales deben estar circunscritas al matrimonio y que la educación sexual deben impartirla los progenitores, lo que sería en forma escalonada, conforme crecen los hijos.

Los centros de Control y Prevención de Enfermedades del gobierno federal de los EE.UU. advierten que “la forma más segura de evitar enfermedades transmitidas sexualmente [particularmente SIDA, herpes y hepatitis B], es la abstinencia, o una relación monógama mutua a largo plazo” (www.cdc.gov/condomeffectiveness/latex.htm); que es prácticamente lo mismo que enseña la Iglesia Católica.

Resulta que las pruebas a que han sido sometidos los preservativos masculinos de latex, que son los más populares, muestran que, cuando son utilizados siguiendo todas las instrucciones del fabricante, incluyendo que se hayan guardado en un lugar fresco y seco, su porcentaje de falla, para prevenir embarazos, es de 2%; pero sube a 15% cuando son utilizados en forma típica (Revista Consumer Reports de febrero de 2005).

Considerando que el diámetro del virus VIH (0.5 micrómetros) es seis veces menor que el diámetro promedio del espermatozoide masculino (3.0 micrómetros), la probabilidad de contagio viral, cuando se utiliza el preservativo en forma típica, lógicamente tiene que ser mayor que 15%, algo que equivale a jugar a la Ruleta Rusa.

Consecuentemente, la propagación del uso de preservativos probablemente desacelerará, pero no detendrá la diseminación de enfermedades como el SIDA; y, de multiplicarse la promiscuidad, probablemente también aumente el número de abortos. Esto último sería muy lamentable, porque los 32 abortos diarios practicados en Panamá (Panamá América del 5 de noviembre de 2008) ya son equivalentes a los 3,000 abortos diarios practicados en los EE.UU., donde la población es aproximadamente cien veces mayor.

Ahora bien, desde que apareció la encíclica Quadragésimo Anno (1931), la Iglesia Católica muy atinadamente defiende lo que denomina el “Principio de Subsidiariedad”, que señala: “No se puede quitar a los individuos y darle a la comunidad lo que ellos pueden realizar con su propio esfuerzo e industria; así tampoco es justo... quitar a las comunidades menores e inferiores lo que ellas puedan hacer y proporcionar y dárselo a una sociedad mayor y más elevada [entiéndase al “Estado”], pues toda acción de la sociedad... debe prestar ayuda a los miembros del cuerpo social, pero no destruirlos y absorberlos”.

Comprensiblemente, la Iglesia Católica desaprueba que un gobierno de turno trate de imponerle legalmente a cualquier familia o comunidad una educación sexual que un reducido grupo de funcionarios públicos considere “apropiada”. Una valiosa ayuda que el gobierno debiera prestar sería controlar la transmisión de programas televisivos con contenidos exclusivos para adultos (incluyendo muchas telenovelas), que sólo debieran ser transmitidos a partir de muy altas horas de la noche o durante la madrugada, porque en la actualidad, con consecuencias evidentemente calamitosas, esos programas constituyen la principal escuela de educación sexual de nuestros jóvenes.

-El autor es ingeniero jubilado.carlos.e.rangel.martin@gmail.com