- 30/01/2026 17:26
Diversas profesiones en que se formaron destacados autores panameños
Difícilmente puede soñarse siquiera con vivir en Panamá por cuenta de la escritura de obras literarias, por más éxito de venta que eventualmente puedan tener algunos libros. Además, es preciso entender que una cosa son las ventas que puede tener una obra de índole meramente comercial, y otra muy distinta que un texto realmente artístico en su contenido y en su forma triunfe en el periodo inicial de ventas locales, mucho menos más adelante si no se le sabe mercader. Y, lamentablemente es un hecho harto conocido que, en general, los escritores nacionales no somos duchos en ese aspecto elemental de la ecuación (como si los libros, mágicamente, se fueran a vender solos, sin mayor publicidad ni mucho menos esfuerzo personal alguno).
Sin embargo, no deja de llamarme la atención el hecho de que no pocos buenos escritores panameños ejercen o han ejercido en sus inicios, o toda la vida, una determinada profesión muy ajena al mundo de las letras. En otras palabras, estudiaron para aplicar los conocimientos adquiridos en su carrera universitaria como un modus vivendi acorde con sus habilidades, sus gustos y su visión personal de las necesidades de la sociedad y de sí mismos, lo cual por supuesto es admirable, tomando en cuenta lo buenos que han llegado a ser después algunos de ellos como talentosos escritores –o al mismo tiempo desde el principio–. Y esto siempre ha sido así.
Pienso sobre todo en el caso de médicos, abogados, ingenieros, sociólogos, periodistas, biólogos y otras exigentes profesiones, como también sucedía en otros tiempos, países y circunstancias. Visto así, Panamá no tenía por qué ser la excepción. Todo lo contrario: se trata de una situación lógica que se confirma a diario con no pocos de nuestros más talentosos escritores, siendo algunos de ellos ganadores de importantes premios literarios.
En el presente panameño, excelentes narradores como Dimitrios Gianareas, Basilio Dobras, Osvaldo Reyes y Aida Judith González Castrellón, entre otros –unos más conocidos que otros en el ámbito literario nacional–, son médicos de profesión. En otras épocas, también lo fueron Augusto Fábrega (1940-?); José Guillermo Ros-Zanet (1930-2018): Mauro Zúñiga (1943-2023); Rosa María Britton (1936-2019); Rafael Pernett y Morales (1949-2005) y Osvaldo Veláquez (oftalmólogo; 1920-2004).
Entre los abogados-escritores ya fallecidos recordemos, entre otros a: Renato Ozores (1910-2001) y a Ramón Fonseca Mora (1952-2024). Y de los actuales a: Juan David Morgan; Olga de Obaldía; Giovanna Benedetti; Zary Alleyne; Carlos Gasnell; Klenya Morales de Bárcenas; Eyra Harbar; Porfirio Salazar; Lissete Lanuza Sáenz; Ramón Francisco Jurado; Annabel Miguelena y Nicolle Alzamora Candanedo.
Y, cómo olvidar a los periodistas: Pantaleón Henríquez Bernal (1915-2002); Guillermo Sánchez Borbón (Tristán Solarte:1924-2019); Herasto Reyes (1952-2005); Mario Augusto Rodríguez (1907-2009); Rey Barría (1951-2019); José Franco (1936-2022) y Andrés Villa (1950-2023), así como al sociólogo-periodista Raúl Leis (1047-2011)...Y entre los más actuales: Griselda López; Beatriz Valdés Escóffery; Eduardo Soto, Hermes Sucre Serrano y Errol Caballero.
Abundan, por otra parte, los ingenieros en diversas especialidades: Ramón Varela Morales; Félix Armando Quirós Tejeira, Eduardo Jaspe Lescure; Javier Riba Peñalba; Carlos Oriel Wynter Melo; Rolando Armuelles; Roberto Pérez-Franco y José Luis Rodríguez Pittí, así como Gerardo Bosquez Iglesias (ingeniero náutico), entre otros.
Habría que agregar a otros profesionales, tales como Gonzalo Menéndez González (geo-químico); Francisco Berguido (bioquímico); Pablo Menacho y Jairo Llauradó (diseñadores gráficos); Alfredo Figueroa Navarro y Luis Pulido Ritter (sociólogos); David Róbinson (biólogo); Javier Stanziola (economista); Gilza Córdoba (administradora de empresas); entre los que habría que añadir a Melanie Taylor y a Mar Alzamora-Rivera (músico-terapeutas); Ernesto Endara (estudios náuticos y periodismo), Marco Ponce Adroher (meteorólogo), así como a Ella Urriola (filósofa, historiadora y pintora).
También cabe recordar a Pedro Luis Prados (1941-2021), filósofo e historiador; y a varios otros que, llevados por su amor a la literatura, han estudiado desde el principio diversos aspectos de la carrera de Letras. Pienso en los ya fallecidos Gloria Guardia (1940-2019) y Ariel Barría Alvarado (1959-2021); pero también en Moisés Pascual (profesor de Español de Secundaria), Justo Arroyo (doctorado en Letras); Erasto Espino Barahona y yo mismo que también estudiamos diversas facetas de la carrera de Letras en el extranjero).
Acaso sea pertinente reflexionar sobre cómo determinadas carreras estudiadas y ciertas experiencias personales muy particulares a veces inducen a escribir a quienes no necesariamente estaban conscientes de poseer un talento innato. Sin embargo, al momento de sentir una muy particular e irreprimible necesidad de expresarse mediante cuentos, poemas o novelas, por ejemplo, la personalidad y los conocimientos acumulados se vuelven una sola emoción creadora que cohabita alimentando al espíritu creativo.
Así funciona el cúmulo de conocimientos, vivencias e intuiciones en el momento previo a una inevitable creatividad manifiesta. De ahí que me haya parecido oportuno rescatar los nombres arriba citados, a fin de darles el lugar que merecen en la historia de las mejores letras panameñas.
Volver a repasar algunos de sus principales libros es una vieja deuda que tenemos con no pocos de estos colegas.