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04 de Mar de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Las mamás de Tarzán

Históricamente nos hemos vanagloriado de ser “Puente del mundo y corazón del universo”. Opino que esta auto definición conlleva un aspec...

Históricamente nos hemos vanagloriado de ser “Puente del mundo y corazón del universo”. Opino que esta auto definición conlleva un aspecto psíquico y socio cultural que ha determinado negativamente sobre nuestra visión como nación. Es cierto que nuestra posición geográfica ha sido base principal de nuestro desarrollo. De Panamá salieron las grandes expediciones que conquistaron Sur América; nuestro ferrocarril fundamentó el desarrollo del oeste americano; sin el Canal el comercio mundial se hubiera paralizado. No obstante, esta realidad ¿qué efecto tiene sobre nuestra población auto definirse como centro transitorio, parada de autobús o aeropuerto donde los pasajeros llegan y se van? ¿Será posible que esta definición de nuestra patria repercuta negativamente, creando una modalidad introspectiva que impida vernos como un pueblo intelectual, creativo, y económico?

Años atrás Forbes Burnham, entonces presidente de Guyana, respondiendo a una pregunta concerniente al turismo dijo, “No quiero ser presidente de una nación de sirvientes y demás personal doméstico”. Su intención no fue menospreciar a esta clase trabajadora, sino recalcar que el turismo generalmente crea un solo tipo de empleo — el de servir las necesidades personales del turista. La mentalidad sociocultural que puede emanar de esta relación es que todo un pueblo puede interiorizar la falsa noción de que aquellos que les deja una propinita son amos y señores de sus vidas... seres omnipotentes. No hay duda de que el turismo contribuye a los cofres nacionales, pero si la tesis de Burnham es válida — la cual comparto — preguntémonos, ¿A qué precio?

Para mí Panamá es más que un sitio de tránsito, un lugar en el cual los turista llegan para disfrutar de nuestras riquezas naturales, dejando atrás migajas sobre nuestras mesas e imprimiendo en la mente de nuestros niños que ellos — los turistas, son las mamás de Tarzán Además, teniendo dinero, se adueñan de nuestras tierras, playas, aldeas, y lugares que el Creador nos legara. ¡No soy anti turista, ni xenófobo! El turismo tiene su lugar, pero si deseamos continuar siendo dueños de nuestro país tenemos que controlarlo.

Promovemos el turismo como una de nuestras principales columnas económicas. Esperamos que los turistas lleguen, gasten y se vayan. Este proceso se considera una inversión beneficiosa a nuestra economía que no proviene de nuestros cofres. ¡Esta aserción es innegable! Pero el nivel y la clase de empleo, que, gracias a esas inversiones se genera no ha alterado significativamente la situación actual. Es posible argumentar que solo las elites empresarial y política se benefician.

Pensar que podremos alterar y redistribuir los recursos nacionales desde arriba me recuerda a George H. W. Bush, quien como candidato presidencial, lo llamó Economía Voodoo.

El enfoque nuestro tiene que cambiar. Podemos ser un país más productivo; para esto, es menester que no seamos solo servidores y consumidores, sino, a igual modo, concentrarnos en un desarrollo diversificado y no depender de limosnas extranjeras. Nuestros problemas son complejísimos y no susceptibles a soluciones fáciles. Necesitamos estadistas, visionarios , que ofrezcan soluciones concretas y pragmáticas, quienes prioricen los intereses de toda la Nación y no personas que surgen gracias a la política del bochinche.

*Docente y escritor panameño, residente en Nueva York.cerussman@yahoo.com