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16 de May de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Un diciembre inolvidable

Varios diciembres son inolvidables por lo caóticos. Uno de estos diciembres fue el del año 1979.

Varios diciembres son inolvidables por lo caóticos. Uno de estos diciembres fue el del año 1979.

En ese diciembre, el régimen militar presidido por Omar Torrijos (el “buenesito”), permitió que el genocida ex “sha” de Irán, Mohamed Reza Pahlevi, llegara a Panamá en medio de la repulsa popular.

Noriega (el malo) era el jefe del G-2 (brutalidad militar).

El régimen de Omar Torrijos había montado todo un aparato de represión muy fuerte, debido la situación generada por una amplia huelga de educadores durante los meses de septiembre y octubre.

Toda esta situación se fue complicando para las libertades del pueblo panameño, cuando el Gobierno norteamericano encabezado por el presidente James Carter decidió imponerle a Panamá el recibir al depuesto “sha” de Irán, a quien en ninguna parte del mundo se le querían recibir.

Desde el momento en que se conoció la decisión, los sectores estudiantiles, principalmente, decidieron protestar. A estas protestas se unieron otros sectores y personalidades, a pesar de la gran represión y censura que imperaba.

El 15 de diciembre de ese año el régimen decidió recibir al ex “sha” y el día 18 el Prof. Alberto Quiroz Guardia, quien asistió a una protesta organizada por la Asociación Federada del Instituto Nacional, fue secuestrado por el G-2.

El Dr. Miguel Antonio Bernal se dirigió a Radio Hogar, donde hizo un llamado al pueblo panameño para una marcha de protesta, si Quiroz no aparecía.

Eran las 11 de la mañana. A la una de la tarde Quiroz fue liberado. Según se supo, la intención del G-2 era lanzarlo desde el Cerro Ancón y decir que se había suicidado.

Al recuperar su libertad, el Prof. Quiroz, Milciades Ortiz y Bernal convocaron para el día 19 una marcha de protesta contra la presencia del “sha” de Irán, a partir de la iglesia Don Bosco, a las 3:00 p.m.

El día 19 al aproximarse la hora anunciada, el pueblo en general se fue congregando frente a la iglesia Don Bosco con pancartas y mantas.

De repente, se aparecieron los oficiales de la Guardia Nacional, Julián Melo y Roberto Armijo, inquiriendo por los organizadores de la marcha.

El Dr. Miguel A. Bernal dialogó con los oficiales y éstos le comunicaron que la marcha no podía salir “por órdenes superiores”.

Al disponerse a salir la marcha, llegó el jefe de los motorizados, Tomás Herrón, quien le propinó una trompada a Bernal y comenzó a gritar: “¡Aquí está Bernal!”.

Como cucarachas, salieron montones de civiles (G-2) y con los uniformados comenzaron a golpear al Dr. Miguel Antonio Bernal.

Tres personas: Víctor Navas King, Elvia Lefevre y otra señora hasta hoy desconocida, trataron de auxiliarlo. Luego, introdujeron al Dr. Bernal a un patrulla con Navas, Lefevre y el Dr. Carlos Morales.

Un oficial del G-2, Fritz Gibson Parrish, apodado “Sangre”, nuevamente golpeó a Bernal, y lo llevaron a la Cárcel Modelo, donde fue objeto de nuevos vejámenes y dejado semi inconsciente.

Posteriormente, por órdenes de un médico, Bernal fue conducido al Hospital Santo Tomás, donde médicos valientes y consecuentes con el juramento hipocrático le dispensaron la atención requerida y no permitieron que se lo llevaran —como pretendían— al pabellón militar.

-El autor es educador. pastornatural@gmail.com