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19 de Jan de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Por qué la alianza

La política ha sido distorsionada por las influencias mercantiles, al extremo que resulta un riego de desprestigio participar en ella. E...

La política ha sido distorsionada por las influencias mercantiles, al extremo que resulta un riego de desprestigio participar en ella. En vez de superar la cultura política ciudadana con propuestas razonadas y éticas, se continúa con la publicidad engañosa de mercadeo, los enormes costos de campaña que son génesis de la corrupción.

Los despilfarros del gobierno, disminuyen los servicios públicos. Los de los ricos, encarecen el costo de la vida. La alianza de oposición se crea para evitar otra dictadura, de la cual ya hay anuncios con antiguos militares y leyes militarizantes. El país no puede continuar en esta orgía de millones para la corrupción y enriquecimiento ilícito, se continúa con estrategias neoliberales fracasadas y un entreguismo de “pro mundi beneficio”, en medio de la ineficacia, el hambre y la inseguridad que vive el pueblo.

La pésima distribución de la riqueza es una vergüenza para los sectores económicos del frente comercial local e internacional que, lejos de su responsabilidad social — empresarial, participan de actos de corrupción. La prioridad es de los consumidores. La unidad de gobierno acordada no puede ser para repartir puestos, candidaturas, espacios o áreas de influencia. El ceder posiciones en la alianza, pese a ser el más grande partido, tiene que estar en el marco de una programación comprometida firmemente con la lealtad a nuestra ideología. La participación panameñista, cuya mayoría se reflejará en las urnas, tiene que ser la representación popular en la administración y decisión gubernamental, por el bienestar de los trabajadores, campesinos e indígenas, base de nuestra membresía.

El desarrollo social y el nacionalismo son la esencia de nuestros principios. De allí que puntos fundamentales inclaudicables de esas propuestas deben contemplar una revolución educativa de valores práctica, para la felicidad y no solo para hacer dinero en inglés. Esto es básico para la seguridad, la paz, la tolerancia y la salud. No es la mano dura, sino la mano limpia en una mente sana.

El apoyo a nuestros productores tecnológica y crediticiamente, así como con protección ante los abusos de los intermediarios. Los productos de primera necesidad y medicamentos tienen que ser regulados o congelados, no pueden dejarse al libertinaje. No permitir privatizaciones de las áreas sociales y rescatar las ya entregadas. La justicia tiene que tener también su revolución sumaria, erradicando las manipulaciones y las trampas políticas en sus estructuras. La Ley Electoral debe erradicar las presiones del dinero en las campañas. La administración pública tiene que despolitizarse, funcionar por meritocracia y con más participación ciudadana. Esto exige una Constituyente original que modernice el Estado.

El endeudamiento nacido en la dictadura es un lastre que tenemos que renegociar con autoestima y orgullo nacional. Los tratados del Canal tienen que ser revisados, para eliminar intervenciones; así como los procedimientos de cobro de peajes, que coartan nuestra soberanía económica y no nos permiten lograr los recursos que se deben obtener, siguiendo con el subsidio a las empresas navieras y endeudándonos con la ampliación, para seguir beneficiando al “mundi”.

Entonces, la unidad tiene que darse en un programa popular realizable con la auditoría y seguimiento del pueblo y gremios organizados y no de otros intereses mercantiles. Con leyes, procedimientos, presupuestos y fechas fijas para concretar su ejecución y lograr un Panamá mejor.

-El autor es médico y ex ministro de Estado.grollap@cableonda.net