04 de Dic de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Columnistas

En torno a los debates

Todo un debate ha generado el que un anunciado debate para el martes 10 de febrero no contará con la presencia de dos de los tres candid...

Todo un debate ha generado el que un anunciado debate para el martes 10 de febrero no contará con la presencia de dos de los tres candidatos presidenciales.

Ricardo Martinelli ha dicho que él presentará su Plan de Gobierno el miércoles 11 (al día siguiente); mientras, Guillermo Endara dijo que si no van los tres él no asiste.

Balbina Herrera ha sido la única que ha manifestado su voluntad de estar presente en dicha convocatoria, prácticamente sin condiciones, dispuesta y decidida a enfrentar, particularmente al abanderado del CD, en la confrontación de todos y cada uno de los temas de interés nacional.

Esta discusión de si debe haber debate o no, tiene dos respuestas distintas, según se utilicen dos ópticas completamente diferentes.

Todo aquel que sepa algo de estrategias de campañas políticas sabe que si un candidato marca de primero en las encuestas y si ese primer lugar lleva mucha distancia de ventaja con respecto a quien va de segundo, se le recomienda al líder no asistir al debate para no beneficiar al contendor.

Por otro lado, todas aquellas personas que tienen una visión responsable de lo que debe ser una de las decisiones más importantes en un Estado democrático, que además posee un sistema presidencialista, reclamarán el debate presidencial como una pieza clave para su proceso de análisis al tomar su decisión como electores.

Ahora bien, lo que ocurre en nuestro país es tan atípico con respecto a otros, que es menester puntualizar algunas realidades muy panameñas.

Si los debates presidenciales van a ser como los realizados durante las internas del PRD y del Partido Panameñista, entonces hay que decir que aquellos fueron programas de preguntas y respuestas, jamás hubo debate alguno.

Estamos entendiendo por debate la definición que ofrece el Diccionario de la Real Academia Española en su XXII edición 1. m. controversia (discusión). 2. m. Contienda, lucha, combate.

Por otro lado, está el hecho cierto de que la campaña presidencial de 2009 se ha polarizado entre un candidato que ha logrado captar la atención con el concepto del cambio, versus una candidata que representa al actual partido en el poder.

Esas dos ideas hacen que el electorado esté centrado en ellas y no en las propuestas que cada uno tenga. Propuestas que, además, dudo mucho que tengan diferencias de fondo, tal vez, sí, de forma.

¿Acaso hemos escuchado o leído diferencias profundas en materia de educación, salud, transporte público, seguridad pública, economía nacional que podría implicar más o menos impuestos en las propuestas de los candidatos que han logrado polarizar la campaña? Creo que no.

Es más, ni siquiera se sabe si alguna de las opciones está dispuesta a proponer cambios en las instituciones del Estado, tales como: eliminar el sistema de circuitos electorales, proponer la segunda vuelta si nadie obtiene el 51% de los votos y hasta si se atreverían a convocar una Asamblea Constituyente.

En conclusión: los debates son necesarios para los candidatos, como una fórmula para subir o bajar en las intenciones de voto; para los medios de comunicación social, para generar audiencias; y para los electores, por si fuera necesario explicar diferencias de fondo y de forma, cuando se tienen.

- El autor es analista político. ecabrera@wpanama.com