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28 de Nov de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Un cabo amarrado y otro suelto

El cabo amarrado es el escogimiento del presidente del Partido Panameñista, Juan Carlos Varela, como candidato oposicionista para vicepr...

El cabo amarrado es el escogimiento del presidente del Partido Panameñista, Juan Carlos Varela, como candidato oposicionista para vicepresidente de la República, porque si hubiera sido uno de los politicastros tradicionales que eternamente abogan por el cambio, pero que casi exclusivamente sirven a sus intereses personales y que sólo se acercan a los panameños marginados al momento de las elecciones, entonces hubiera sido preferible no hacerse ilusión alguna.

Varela nos parece ser una persona honesta y que, al aceptar la Vicepresidencia de la República, aparentemente, prefiere el bienestar del país al suyo propio.

Esto es sumamente importante, porque los mejores economistas señalan que Panamá ya empieza a sentir los rigores de la crisis económica mundial y porque, si no elegimos buenos gobernantes, aumentarán el desempleo, la pobreza y la delincuencia en nuestro país.

El cabo suelto es parte del “Plan de Gobierno” de Ricardo Martinelli y Juan Carlos Varela, específicamente la propuesta de reducir el costo de la electricidad construyendo más hidroeléctricas, algo que no tendrá ninguna efectividad mientras la electricidad producida por las hidroeléctricas la sigan cobrando igual que la electricidad producida por las plantas termoeléctricas.

A finales de 2008, tuvo gran difusión una propaganda de Cambio Democrático en la que Martinelli en persona más o menos proclamaba que el agua era un valioso recurso del país, que las compañías hidroeléctricas nos vendían la energía eléctrica que producían como si utilizaran petróleo en vez de agua para generarla, y que él iba a acabar con esa estafa.

Por otra parte, el lado siempre oscuro de las hidroeléctricas consiste en que destruyen la flora y la fauna, e inundan tierras generalmente fértiles, perjudicando a indígenas, a campesinos y a la seguridad alimentaria de la Nación; todos considerados cada vez más importantes, únicos e irreemplazables.

Debido a estas comprobadas desventajas, algunos países, como Inglaterra, están trabajando para que en 2020 la mayor parte de su energía eléctrica sea producida por generadores movidos por el viento.

Sería lamentable que Ricardo Martinelli haya cambiado de propósito cuando, más que un traumático cambio de estructuras sociales, lo que necesitamos es un “cambio hacia la seriedad gubernamental”.

Especialmente, debido a que se le están acabando las oportunidades a nuestra democracia para consolidarse y evitar que caigamos en manos de un (a) demagogo (a) al estilo de Hugo Chávez.

Es posible que algunos asesores convencieran a Martinelli de que, contrario al resto del mundo, a las compañías hidroeléctricas panameñas les resulta imposible vender la energía que producen más barata que la producida por las plantas termoeléctricas; o de que el gobierno nacional no puede obligarlas legalmente a reducir el costo fraudulentamente concebido de dicha energía.

Una atenuante es que las compañías de electricidad en Panamá han ideado una complicadísima “elaboración de tarifas”, incluso aceptada por algunos ingenieros que les dan el beneficio de la duda por unos “cálculos” que sólo ellas entienden.

Ojalá que Ricardo Martinelli y Juan Carlos Varela mejoren inmediatamente su propuesta, si es que verdaderamente planean que Panamá empiece a “caminar” hacia su pleno desarrollo, en beneficio de todos los sectores que conforman esta Nación.

-El autor es ingeniero jubilado.carlos.e.rangel@ieee.org