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29 de Nov de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

‘El bien común’

El concepto de bien común es muy empleado hoy en día, pero no es fácil encontrar una definición precisa del mismo. La mayor parte de los...

El concepto de bien común es muy empleado hoy en día, pero no es fácil encontrar una definición precisa del mismo. La mayor parte de los autores se limita a dar una descripción y se refiere únicamente al bien común de la sociedad civil.

Creemos que es útil comenzar por aclarar los términos mismos y dar una noción aplicable a todos los bienes comunes. “Común” significa que pertenece a varios. Se opone a lo privado que pertenece a uno solo. Cabe señalar que lo común no es lo que pertenece a un todo, independientemente de sus partes; sino lo que pertenece a todos, en cuanto son partes de un todo.

No basta que algo sea calificado como bueno por muchos para que sea un bien común. Porque el carácter de común ha de afectar a la bondad misma, es decir, un bien común tiene que ser algo cuya bondad sea común y no privada.

En otras palabras, es un bien fuera del alcance del singular, del individuo, de la persona, en tanto que mero singular, individuo, persona. La misma bondad se presenta como común, porque no se circunscribe al singular, sino a la comunidad de singulares.

Las relaciones entre las personas y los bienes comunes son elementos constitutivos de toda sociedad. Una sociedad es una comunidad, pero no cualquier conglomerado, sino que está conformada por individuos en pos del bien común, que consiste, a su vez, en el agregado de muchos y distintos bienes comunes.

En las sociedades primitivas, tribales, es muchas veces imposible diferenciar entre los bienes privados y los comunes o colectivos.

En nuestras sociedades, si bien tal diferenciación es más perceptible, quizás no sea siempre posible hacerla.

En este sentido, podemos hacer referencia a la metáfora de la mano invisible de Adan Smith, según la cual al buscar cada persona su propio bien individual contribuye al dinamismo económico, de manera que la economía funciona mediante un orden natural, como si estuviera regida por una mano invisible. Es decir, las relaciones individuales para procurar bienestar personal mediante trabajo honrado y eficiente benefician a todos por el movimiento económico que generan (bien común), al tiempo que imprimen cierta estructura a la oferta y demanda en los mercados (otro bien común).

Así, podemos comprender que toda persona, lo quiera o no, está diseñada para servir al logro de bienes comunes a la vez que se ocupa de obtener sus bienes privados. El ser humano, en cuanto persona, está orientado a un fin; pero ese fin no es exclusivamente privado, no está circunscrito a la persona en cuanto tal, sino que es también común; está intrínsecamente vinculado a la comunidad en la cual el hombre y la mujer se hallan insertos.

Tanto en el aire que respiramos y el agua que bebemos, como en el disfrute de los parques naturales, los ríos, los bosques y las montañas, así como de las calles y los recintos públicos, incluyendo también la eficaz administración del Estado, la educación y la salud públicas, encontramos que los bienes públicos son parte fundamental de nuestras vidas, por lo que su administración correcta y responsable redunda en beneficio de ese todo al que llamamos patria, del que nos debe siempre llenar de orgullo formar parte.

-El autor es pedagogo, escritor y diplomático.socratessiete@gmail.com