Temas Especiales

17 de Ene de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Impacto ambiental del agua embotellada

¿Sabe cuánto paga usted por cada mil litros de agua potable del acueducto? En promedio por cada mil litros se paga poco más de un dólar....

¿Sabe cuánto paga usted por cada mil litros de agua potable del acueducto? En promedio por cada mil litros se paga poco más de un dólar. Y en promedio el agua embotellada se vende a casi 2 dólares el litro. — Una ganancia del 2000%. — Inclusive en los costos de producción de las embotelladoras la mayoría de las veces no se incluye el costo del agua, por ser insignificante. El principal costo es el del envase de plástico. Es uno de los negocios más rentables que existen en la actualidad.

Estas empresas son depredadoras del agua, buscando continuamente nuevas fuentes hídricas para cubrir sus insaciables necesidades de negocio, comprando continuamente derechos de agua a los agricultores, una vez que los agotan los abandonan, creando numerosos problemas ecológicos.

En Panamá, este negocio parece estar, ambientalmente, fuera de control y son numerosos los casos de comunidades rurales afectadas en sus recursos hídricos.

Según las investigadoras Emily Arnold y Janet Larsen, del Earth Policy Institute, una organización estadounidense dedicada a la promoción del desarrollo sostenible, el consumo de agua embotellada ha crecido incluso en lugares como Panamá, donde el agua del acueducto es de calidad, lo que está provocando de forma innecesaria el aumento de residuos y el gasto de grandes cantidades de recursos y energía.

La extracción industrial del agua de sus lugares de origen puede provocar graves desequilibrios medioambientales y económicos, especialmente en países en desarrollo con problemas de sequía. Posteriormente, el agua embotellada se tiene que transportar a sus lugares de consumo, en ocasiones a miles de kilómetros.

En este sentido, cada vez son más los consumidores que prefieren aguas envasadas procedentes de otros países, supuestamente más “puras” o cuando menos “exóticas”, como el agua de Fidji. El aumento del tráfico de esta mercancía no hace sino incrementar la contaminación producida por el uso de combustibles fósiles.

Por su parte, el envasado del agua utiliza también combustibles no renovables. La mayoría de las botellas están hechas de Polietileno tereftalato (PET), un plástico derivado del petróleo. Cada año se utilizan en todo el planeta unos 2,7 millones de toneladas de plástico para embotellar agua.

Asimismo, este tipo de plásticos acaba con el paso del tiempo desprendiendo determinadas sustancias, como el antimonio o el bisfenol A, perjudiciales para la salud, de ahí que se recomienda evitar rellenarlas o guardarlas de manera prolongada.

Una botella de este plástico abandonada en un entorno natural puede tardar hasta 1,000 años en biodegradarse.

Ya en algunos países, los gobiernos han prohibido al sector público la compra de agua embotellada, y otros han iniciado campañas para promover el consumo de agua del grifo.

Paralelamente, otros han iniciado campañas de reciclaje de los envases plásticos.

Es hora de que se acabe este escandaloso negocio y que tenga una regulación mucho más exigente que la actual en el apartado económico, sanitario y medioambiental.

Podemos entender que el negocio privado genere beneficio, pero que éste no alcance el nivel de escándalo actual.

-El autor es asesor ambiental.eesquivelrios@gmail.com

***