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23 de Ene de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Un día nuevo para la alianza de las Américas

El mes que viene, el presidente Obama viajará a Trinidad y Tobago para reunirse con sus colegas de todo del Hemisferio en la Cumbre de l...

El mes que viene, el presidente Obama viajará a Trinidad y Tobago para reunirse con sus colegas de todo del Hemisferio en la Cumbre de las Américas. En previsión de esa reunión histórica, me he trasladado a América Central y del Sur para consultar con los dirigentes latinoamericanos reunidos en Costa Rica y Chile acerca de la Cumbre y de los obstáculos a que se enfrentan los pueblos de las Américas.

Estas reuniones representan un primer paso importante hacia un nuevo día en las relaciones y en la formación de alianzas entre los países y los pueblos del Hemisferio.

El presidente y yo sabemos que nuestros países sólo podrán superar los obstáculos que nos confrontan mediante la colaboración. Hoy día, somos más que unas naciones independientes que están casualmente en el mismo lado del planeta. En el mundo estrechamente entrelazado de hoy, todos somos vecinos y sentimos muchas inquietudes comunes.

La actual crisis económica mundial nos ha afectado a casi todos, en cada país, cada comunidad, cada familia. Los ciudadanos de todo el mundo buscan soluciones y esperanzas, y se vuelven hacia sus dirigentes para que se las proporcionen. Tenemos el deber, como socios en el mundo, de atender a sus voces, de fraguar juntos una solución común a dificultades también comunes.

Nuestro Gobierno ha dado varios pasos para que esto ocurra. El Congreso ha aprobado la Ley para la Reinversión en los Estados Unidos y para su Recuperación, que se dirige a fomentar la generación de empleos y fijar un rumbo hacia el crecimiento para la generación próxima. El presidente ha sometido un presupuesto que está hecho para fundamentar la economía del futuro y en el cual se destinan sumas importantes para la inversión en la salud, la educación y la energía. Colaboramos al mismo tiempo con nuestros socios en el G—20, que se reúnen la semana que viene en Londres, en la preparación de un plan coordinado que asegure la recuperación y reinicie el crecimiento, y que reforme el sistema internacional de control y supervisión de forma que asegure que semejantes crisis no vuelvan a ocurrir.

Es especialmente importante para las Américas que la economía de los Estados Unidos prenda de nuevo y que nos aseguremos de que las instituciones financieras internacionales estén al servicio de los intereses del pueblo. Nuestros vínculos económicos significan que el vigor de la economía estadounidense favorece a todas las Américas y puede servir de motor en todo el Hemisferio para el crecimiento económico de abajo hacia arriba y para la igualdad.

La economía no es el único aspecto que nos obliga a cooperar. También nos enfrentamos al doble riesgo a nuestra seguridad, porque peligran a la vez nuestros países y los que los habitan. Nuestros países sufren el flagelo de la violencia de las pandillas y del tráfico ilícito de armas y estupefacientes.

En los Estados Unidos nos incumbe hacer más por reducir la demanda de drogas ilícitas y reprimir el flujo hacia el sur de armas y de dinero a granel. Encomiamos la lucha valerosa de México contra los carteles violentos de la droga y los esfuerzos de Colombia contra los estupefacientes, pero también sabemos que esa lucha y esos esfuerzos tendrán la consecuencia de que los traficantes se vean obligados a trasladarse a Centroamérica. Nos basaremos en la Iniciativa de Mérida (comenzada el año pasado bajo la presidencia de Bush) para ayudar a México y a las naciones de Centroamérica en un esfuerzo conjunto para oponerse frontalmente a esa amenaza. El comercio de los estupefacientes es una lacra que todos sufrimos, cuya solución definitiva tendrá que ingeniarse en común.

Conforme a la Carta Democrática Interamericana, también debemos concentrarnos en levantar y fomentar unas democracias sólidas, guiadas en todo lo que hagan por un sentido profundo de la justicia, la igualdad social y el respeto incondicional por los derechos humanos y el imperio de la ley. La democracia no consiste sólo en elecciones; consiste también en una administración pujante y transparente y en una sociedad civil próspera. Y no sólo en eso: la democracia asimismo obliga a tratar de eliminar, lo más eficazmente posible, las lacras de la pobreza, la desigualdad y la exclusión social.

Nos damos cuenta de que los Estados Unidos siguen batallando por cumplir con su objetivo constitucional de formar “una unión más perfecta” y que ha habido ocasiones en que no hemos estado a la altura de nuestros propios ideales. Pero cada día juramos hacer honor a los valores que inspiran nuestra democracia y conducir por el ejemplo. Por esa razón, en el tercer día de su mandato, el presidente ordenó la clausura del centro de detención de la bahía de Guantánamo.

Por último, a todos nos confronta la amenaza para el planeta que representa el cambio climático; por lo tanto, compartimos la necesidad de encontrar fuentes de energía limpia para combatir esta amenaza y alejarla. Tanto el presidente como yo estamos comprometidos completamente a encauzar la preparación de un plan urgente y coordinado contra el cambio climático. Debemos aprovechar, en colaboración, el potencial de la energía verde de manera que proteja el planeta para las generaciones venideras y promueva el crecimiento económico para las generaciones de hoy.

Al confrontar estas amenazas y la crisis económica más grave que ha habido en muchas generaciones, los países de las Américas deben mirar hacia el futuro. Y tenemos que colaborar como socios para dar a nuestros ciudadanos la esperanza de que el futuro nos ofrecerá días más risueños.

-El autor es vicepresidente de los Estados Unidos de América.