26 de Sep de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Mensajero y mensaje

En el marco de la comunicación entre partes, conviene tener en cuenta quién constituye el proveedor de la información y también quién se...

En el marco de la comunicación entre partes, conviene tener en cuenta quién constituye el proveedor de la información y también quién se convierte en el receptor. De igual manera, es fundamentalmente importante lo que se transmite, por cuanto que su contenido, producirá efectos adversos o bien positivos, dependiendo a quién se dirija el mensaje.

En el caso que nos ocupa, y que actualmente ha cobrado una extraordinaria notoriedad, pareciera que lo que importa es el mensajero, David Murcia, y en segundo lugar el destinatario, es decir la comunidad, y luego el recado.

Se ha pretendido descalificarlo sobre la base de su condición de prisionero, como si se tratara de que la verdad es privativa de los libertos, y que la mentira es condición consustancial del delincuente. Es necesario meditar —como se sugería alguien— sobre aquello de que era posible que en el mundo de los locos existieran muchos cuerdos y en el de los cuerdos se encontraran muchos locos.

Lo importante de todo, por lo que merece toda la atención, es que las manifestaciones del prisionero han sido dirigidas a la clase política, y de manera algo especial, a personeros del oficialismo. Si al final de cuentas, las pesquisas realizadas por las instancias pertinentes muestran que no había veracidad en sus señalamientos, el daño a los políticos panameños es innegable, e igualmente ocurriría si se demuestra que la relación era efectiva y, peor aún, si se dio sobre la base de una participación económica para recibir la consiguiente correspondencia en razón del negocio efectuado.

Desafortunadamente sectores interesados han pretendido ponderar las caracterizaciones psíquicas del mensajero, como una vía para la descalificación, sin detenerse con la aconsejada serenidad a valorar su mensaje. Han preferido optar en el estrecho análisis a ver la persona y su supuesta intención y no el contenido. Es que el prisionero pareciera querer poner en evidencia las escabrosidades del poder, los intereses sectarios y politiqueros, y los clandestinos manejos que pudieran hacerse en la soledad que muchas veces es cómplice de lo que ocurre.

Y frente a todo lo que hoy tiene en zozobra a la sociedad, porque se trata de los hombres y mujeres que deberán dirigir la Cosa Pública, también sectores bien definidos, han pretendido dirigir sus censuras a la prensa panameña, y han llegado sin desparpajos a responsabilizarla del manejo que han definido como sensacionalista y novelesco, en un afán de minimizar, desviar y ocultar lo que se ha convertido en uno de los casos repugnante que ha tocado las entrañas de la llamada “casta política”. Los temores, han llegado hasta proponer que no se diga más nada, y que la prensa se silencie. Bien decía Cursio Malaparte, que sin libertad de expresión, cualquiera puede gobernar una nación.

El país decente sigue con atención lo que se presente sobre este caso, independientemente de quién o quiénes produzcan la información.

-El autor es docente universitario.jorge0913@pa.inter.net